Es difícil describir lo que uno siente después de ver Sin mover los labios, la segunda película del director colombiano Carlos Osuna, co-escrita y producida por Juan Mauricio Ruiz.  Es como si a uno le dieran un puño en la cara y a uno le gustara.

Carlos Osuna la describe como “una  película de climas y sensaciones más que de certezas”. Es cierto: cada plano y cada escena, a pesar de estar retratando situaciones completamente cotidianas (comer, ver televisión) le dan un aura fantasmática a Sin mover los labios.

 “Siento que es una película cruda y violenta y agresiva”,  dice Carlos Osuna.

Es cierto, eso también: es precisamente la violencia  el elemento alrededor del cual se estructura toda la acción.  No solo se trata de la violencia que un sujeto puede infligir en otro, sino de la violencia como elemento sistémico y estructurante en nuestras maneras de existir como individuos. Para decirlo de otra manera, lo que hace Sin mover los labios es hacer visible ese tejido invisible. Todo esto lo hace a través de la profunda y oscura introspección de su protagonista: que también se llama Carlos.

Sin mover los labios

Carlos debe tener 40 años o más, pero por su corporalidad y sus gestos pareciera que tuviera muchos años más. Casi tantos como su madre con la que vive y con la que realiza una serie de rituales cotidianos que suceden alrededor de la comida.   Quizá sea la relación con su madre el elemento fundamental que lo constituye como individuo: es obvio que Carlos la odia, esto lo entendemos por su constante silencio y por sus gestos. Es más, Carlos casi nunca habla, casi siempre está haciendo el mismo gesto neutro, como si fuera otro espectador de lo que él mismo está viviendo. Por eso cada vez que dice algo tiene una gran potencia simbólica. Pareciera que su voz no fuera ese medio etéreo para expresar la profundidad de su subjetividad, sino que dentro de ella hubiera un núcleo traumático: pareciera como si su voz fuera ajena a él.

Curiosamente Carlos es ventrílocuo y por su profesión tiene que hablar y hablar.  Y es a través de las voces de los personajes que interpreta, que se va construyendo  su caracterización como personaje. Por ejemplo, uno de sus personajes es Pulgas, un perro de peluche que parece una rata y que todo el tiempo está hablando de sexo, cosificando a las mujeres.  En últimas, Carlos es un misógino que odia a su madre,  que parece odiar a todas las mujeres y que muy posiblemente se odia a sí mismo. Recientemente Ricardo Silva Romero comparó a Carlos con Travis Bickle, el protagonista de Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, pero yo pienso que se equivoca: el espectador se puede identificar hasta cierto punto con Bickle a pesar de ser un outsider, porque en últimas lo que busca es algún tipo de redención moral. Carlos al contrario está en un camino en espiral hacia la destrucción de sí mismo y de todo lo que lo rodea. Nadie se puede identificar con Carlos de Sin mover los labios.

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A pesar de esto, Carlos no odia porque sí, no es medio psicópata arbitrariamente. Sus formas de interactuar con el mundo están mediadas por una madre castrante y violenta a su manera. En una secuencia de la película, su madre, interpretada por Consuelo Luzardo, le recuerda cómo cuando era solo un niño, en alguna especie de programa de televisión barato, iba a realizar por primera vez su acto de ventriloquia, y le recuerda cómo se había quedado sin palabras y había tenido que ir corriendo a sus brazos. Lo que se cocina entre madre e hijo es una oscura dependencia, que se expresa en otra acción: cuando la madre sabe que su hijo va a llegar del trabajo ella se acuesta en el piso y se hace la muerta. Da la impresión de que no es la primera vez que la madre hace esto porque Carlos no cambia el gesto, va a la cocina y se prepara un sánduche, luego pasa por encima de ella y se sienta en el sofá a comer mientras ve televisión. Cuando la madre se da cuenta de que no llamó la atención de su hijo con su mentira se sienta al lado de él a llorar. Carlos, sin dejar de ver televisión, solamente dice: “se acabó el jamón”. El contraste entre madre e hijo se acentúa en sus  actuaciones: Giancarlo Chiappe (Carlos) está cerca del cero y Consuelo Luzardo (su madre) es melodramática.

Los demás personajes terminan por completar un cuadro deprimente: una novia que odia a Carlos, que Carlos odia y que también parece odiarse a sí misma; un único amigo, dueño de un bar triste frecuentado por personas tristes donde Carlos hace sus tristes presentaciones de ventriloquia; una prostituta gorda a la que frecuenta de vez en cuando, la única con la que parece tener algún tipo de vinculo afectivo, entre otros.

Carlos y su familia

Carlos y su familia

“Yo analizo los valores culturales de la sociedad, datos como que seamos uno de los países más violentos pero al mismo tiempo uno de los más religiosos, esas contradicciones tan violentas son las que producen esas monstruosidades culturales”.

Carlos Osuna

Aunque uno como espectador difícilmente se puede identificar con el protagonista y aunque todo esté rodeado de una atmósfera densa hay algo que resulta muy familiar. Esto es, una serie de rasgos idiosincráticos ineludibles para cualquier bogotano, como por ejemplo ver una telenovela mientras se come. En varias secuencias de la película vemos a los personajes viendo una telenovela en específico, en otras incluso los personajes dejan de decir lo que están diciendo o de hacer lo que están haciendo para ver la telenovela.

Ver personas mirando una pantalla mientras uno mira la pantalla crea un efecto de distanciamiento: por un momento se hace manifiesto lo que sucede con nuestros cuerpos cuando estamos sujetos a la experiencia de estar  mirando, es como si se anularan por un instante.

Quizá de ahí se desprenda uno de los motivos fundamentales de la película: cómo nuestra interacción con la pantalla moldea nuestras mentes acorde a un sistema de valores específico.

Carlos, su novia y su madre, en blanco y negro ven la telenovela a color en un viejo televisor. La telenovela se trata de lo que se tratan muchas telenovelas: una mujer pobre se enamora de un hombre rico, la familia del millonario se opone. Quienes interpretan los papeles son actores colombianos que uno ha visto actuar en telenovelas toda su vida, como Talú Quintero o Tiberio Cruz (participó en Protagonistas de Novela).

“Sobre la telenovela lo único que yo escribí fueron seis frases. Primer capítulo donde la campesina llega a la casa. Segundo capítulo donde se encuentran en la noche y coquetean pero los descubre el jardinero. Fueron cosas super simples. Yo no soy una persona que haya visto muchas telenovelas honestamente, pero tengo el chip de la telenovela adentro y creo que lo que producimos nos resume como sociedad. Entonces cuando nos acercamos a los actores yo quería que fuera gente del medio de la telenovela para que fuera estéticamente coherente. Hay un registro que ellos saben hacer, que si se imposta sale una payasada”, dice Osuna.

Es muy fuerte el contraste que hay entre lo que se ve en la telenovela y en la vida de Carlos, el registro melodramático contrasta con la vida profundamente monótona del protagonista de la película. Más interesante aún, la aparentemente sencilla trama de la telenovela empieza a entrelazarse con la complicada trama de la película. De un momento a otro empieza a haber correspondencias entre una pantalla y otra.

La religión cristiana y la iglesia es otro motivo a través del cual se construye la interioridad de Carlos y del resto de los protagonistas.

“Yo analizo los valores culturales de la sociedad, datos como que seamos uno de los países más violentos, pero al mismo tiempo uno de los más religiosos, esas contradicciones tan violentas son las que producen esas monstruosidades culturales”, dice Osuna.

Con respecto a esto en la película hay una búsqueda constante de la relación que tienen algunas historias bíblicas con la violencia. La primera escena es por ejemplo dos hermanos campesinos peleándose a machete, una suerte de Caín y Abel. En otra escena los personajes escuchan un sermón de un cura donde se registran varias muertes violentas entre  familiares.

Álvaro Bayona, que interpreta al dueño del bar, que es el único amigo de Carlos, dijo que Sin mover los labios era una película nocturna y callejera: así es. Carlos se la pasa en el bar de su amigo donde hace su show triste y vulgar, ahí se encuentra con su amante, la prostituta gorda, y ahí huele perico compulsivamente. Ese es el espacio de la transgresión y el vicio.

Carlos, Sin mover los labios

Carlos y sus amigos

“Sin mover los labios es una película que es política en la medida en la que habla del individuo y su construcción en una especie de locura colectiva, la película plantea todo el tiempo el juego entre el deber ser y las cosas como son, y qué es lo que surge cuando se confrontan esas dos cosas. Mi intención era hacer una película que todo el tiempo se estuviera destruyendo a sí misma, obedeciendo un poco la lógica del personaje, que todos los climas se fueran diluyendo, que la solemnidad que fuera apareciendo se pisoteara”, dice Osuna.

Y eso es justamente lo que uno vive cuando ve el filme, igual que Carlos nosotros no tenemos ninguna certeza de lo que está sucediendo mientras sucede. Hacia el final, Sin mover los labios desafía las narrativas convencionales, el protagonista sufre una transformación inesperada, el clima de la película se vuelve cada vez más etéreo y teatral. Es como asistir a la versión degenerada del final de una película de Federico Fellini.

La transformación final

Por ese motivo yo creo que es una película universal, es tan despreciable como atractiva porque nos recuerda que cada uno es absolutamente patético a su manera.

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Editado por María Posada Mylott

Sin mover los labios: una monstruosidad cultural
Más que una película es una agresión a la que todos deberíamos someternos.
Puntos fuertes
  • Todas las actuaciones son impecables.
  • Es una pieza única en el cine colombiano.
  • Es un diagnóstico ácido de la sociedad en la que vivimos.
Puntos débiles
  • Es una película incómoda, no apta para cualquiera.
  • Es una película cínica que no le gustaría al procurador.
  • Hace que uno se sienta patético y sienta que la vida no tiene valor.
95%Más películas así por favor.
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