La primera jornada del Sónar tuvo un nombre que destacó por encima de todos, el venezolano Arca, que ofreció uno de los shows mas impactantes que he visto en mi vida. 

Dear Angelica, por Oculus Studio 

Comenzamos el Sónar con uno de mis platos fuertes personales, la realidad virtual. Año tras año el Sonar nos trae algunos de los proyectos VR mas interesantes del curso actual, y sin duda, este Dear Angelica era el que mas ansiaba devorar. Tuve que madrugar, eso si, para evitarme colas de todo tipo y poder disfrutar de este corto de animación de 14 minutos sin demasiadas esperas, pero una vez que me puse las oculus, y me enchufaron el contenido directamente en mi cerebro, a mi ya me daba igual todo.

Que la realidad virtual ha llegado para quedarse es un hecho. Es fascinante como esta tecnología, desconocida para el gran publico, esta perfeccionándose poco a poco hasta conseguir joyas como esta. Dear Angelica es una historia en la que realmente poco nos importa lo que pase. Y suena cruel ignorar directamente el argumento, pero es que uno se queda embobado viendo como esa animación cel shading, similar a la de videojuegos como Okami (2006), empieza a construirse y dibujarse ante tus ojos. Tu te giras, pero la historia nunca para. Podrías ver el cortometraje tres veces y probablemente te perderías parte de su contenido, matices. Lo interesante de la realidad virtual es que se pierde el componente dogmático del director. Aquí nadie te dice que tienes que mirar ni a donde enfocar. No existen los primeros planos ni los travellings como tal, sino que tu, como espectador, decides si te acercas a mirar o prefieres darle la espalda a lo que estas viendo para ver otra perspectiva de la propia historia. Esto, creo, supone una revolución en el mundo del cine -y probablemente del entretenimiento en general- pues exige un compromiso moral muy directo con el espectador. En Dear Angelica, ese componente moral es anecdótico, pues no es más que un cuento de pura fantasía que pretende entrar por el ojo, un puro deleite para los sentidos. Pero no nos llevemos a engaño. Esta tecnología, bien usada, y con todos los nuevos marcos de trabajo y desarrollo que propone, puede ser la gran revolución que el cine necesita para conectar con las nuevas generaciones.

Alteration, por Okio Studio

Siguiendo con el VR, aquí si que vemos algo distinto. Alteration nos narra la historia de Alejandro, un chico que se ofrece voluntario para un experimento en el que analizarán sus sueños .Las cosas se pondrán complicadas, extrañas y perturbadoras para él cuando Elsa, una forma de inteligencia artificial, se introduzca en ellos con el único fin de digitalizar y desmaterializar su subconsciente para alimentarse de él. CASI NADA.

Alteration no busca los fuegos artificiales de Dear Angela, sino que juega a otra cosa. La inmersión en este cortometraje es total, y el mal rollo que provoca en ciertos momentos, es sencillamente único. Porque todos podemos llevarnos un susto viendo una película, pero ese susto viene precedido por un corte de montaje. Es decir, que por mucho que consigamos meternos dentro de una película, y se produzca la famosa “suspensión de la incredulidad” por parte del espectador, el germen de ese miedo siempre será algo tan artificial como un corte de una sala de montaje. ¿Pero que me dirías, si tu estas viendo tranquilamente la película, en 360 grados, te giras y de repente ves algo que no deberías ver? Pues os lo diré, que pegué un grito que aun me están oyendo en el Sónar +D.

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Y de nuevo, aquí si se plantean cuestiones morales y sobre todo, fundamentos técnicos muy importantes de cara al futuro. Porque de nuevo, podemos estar acostumbrados a ver efectos especiales o cosas extrañas en películas, pero al fin y al cabo, el cine es en 2d, y eso lo diferencia de la “realidad”. Pero un cine 3D de verdad (no con gafas de 3d) como nos ofrece la realidad virtual, hace que la similitud con nuestra realidad sea total, y por lo tanto, el hecho de ver cosas que no podríamos ver en la vida real, sea mucho mas impactante que lo que acostumbramos a ver en el cine. De nuevo, esta tecnología podría llevarnos a una época donde las cosas que veíamos normales en la gran pantalla, como los asesinatos, vuelvan a impactarnos de verdad. O puede que sea todo lo contrario, y esta tecnología solo provoque la satisfacción morbosa por lo gore y pornográfico. Pero lo bueno de todo esto, es que será el espectador el que lo decidirá.

“phosphere”, de Daito Manabe (Sonar Planta) 

Daito Manabe es uno de esos señores que tiene que estar en el Sonar si o si. Es uno de los artistas digitales más importantes y reputados a nivel mundial, y era de esperar que su “phosphore” fuese presentado en el SONAR PLANTA, durante los tres días del festival. Nosotros nos acercamos el primero, y la verdad, que nos dejo muy fríos, aunque el espectáculo técnicamente es delirante. Espejos sincronizados, maquinas de humos, haces de luz y 24 proyectores de vídeo intercomunicados que creaban un espacio tridimensional único, en el que tres bailarinas (Mikiko, Saya y Eriasa) bailaban, y cada movimiento suyo, repercutía en el movimiento de la luz que les rodeadaba. Todo estaba interconectado por un complejo sistema de calculo óptico, en el que lo digital se relacionaba con lo real, para crear un vinculo entre la sala y el ordenador. Como ya he dicho, como actuación de danza no fue algo espectacular, y probablemente es de esos espectáculos en los que es más interesante conocer el proceso de como se ha llevado a cabo que la performance en si, pero desde luego, era algo que había que ver en este Sonar 2017.

Toxe

Me había acercado para ver a Princess Nokia pero no estaba actuando a la hora que tocaba, así que me fui dando una vuelta por el recinto, buscando por donde vibraba el suelo para ver donde instalarme. Y vaya sorpresa. No sabia nada de Tove Agelii, la chica de apenas veinte año que estaba a los platos, pero lo que estaba escuchando me gustaba y mucho. Esto es lo bueno del Sónar, poder picotear de actuaciones que no estaban en tu ruta y descubrir artistas de los que jamas habías oído hablar. La sueca metía una tralla con la que yo no podía comulgar más, y fue mi desvirgamiento en el noble arte de empezar a mover los pies a las 17:00 de la tarde. Esta chica no tenia problema en mezcla death metal distorsionado con lo mejor de Pc Music, o intercalar Slipknot con la zapatilla más pura de gente como Front 242  o incluso Britney Spears.  Ya la tienen fichada los de Staycore, y no me extraña, porque Toxe representa sin problemas lo mejor de este siglo, la mezcla desvergonzada y directa de géneros, que para un festival como este, es todo lo que podemos pedir.

Princess Nokia

Resulta que habían retrasado su concierto, así que menuda sorpresa cuando salí de Toxe encontrármela en el escenario. Destiny Frasqueri  dio un concierto corto pero intenso, reivindicando sus raíces latinoamericanas y africanas, en el que acabó lanzándose al publico,  como podréis ver en el vídeo que os dejo aquí abajo. Personalmente me pareció un concierto un poco frió, y es que aunque la chica tiene tablas, daba la impresión que en un escenario cerrado o mas pequeño habría lucido más. El escenario Village tiene su encanto, pero me resultó realmente complicado disfrutar un concierto allí por su concepción de verbena en la que la gente oye a los artistas, pero realmente no los escucha. Aunque eso no elimina la cantidad de temazos que tiene en su corta carrera, y es de las artistas que más futuro le proyectamos de aquí a unos años en el mercado internacional.

Father ft Danger Incorporated

Se nos fue a la mierda Earl Sweatshirt. Un poco hartos de que en cada festival que vamos a ir, el rapero de turno pegue la espantada y cancele con pocos días de antelación – en este caso, el mismo día del festival- , pero nos acercamos a ver a su sustituto.  Parecía un cambio de cromos natural, pero cuando salieron al escenario dos tipos con menos carisma que cualquier presidente europeo, me di cuenta de que el cambio no estaba a la altura. Si sois de esas personas apasionadas de las seis cuerdas, y odiáis cualquier artista que sale a tocar con todo pre-grabado, este no es vuestro concierto. El espectáculo que dieron Father y cía fue exactamente eso que se imagina alguien que odia el hip hop. Ni los beats eran buenos, ni los tíos tenían carisma, ni había una comunión con con el publico, ni nada de nada. Nadie sabia muy bien que estaba pasando, y daba la impresión que los propios Danger tampoco, así que dije, se acabó. Estaba harto de la enésima imitación de los beats de Dj Snake, y en un festival de estos, perder el tiempo viendo algo que no te gusta es absurdo, así que a los 15 minutos me fui a ver otra cosa.

Yung Beef

Ese otro era Yung Beef, probablemente el nombre con mayúsculas de la escena trap española. Menuda sorpresa cuando aún quedando diez minutos, eso ya está hasta arriba de gente, algo raro en un festival en el que nadie suele pillar sitio para ver a nadie. Cuando Fernando salio al escenario, el publico estaba caliente, deseoso del primer gran concierto de esta edición, pero la verdad es que fue todo menos eso. Junto con sus dos colegas habituales, y una gogó con la que flirteaba en varios temas, el granadino dio un concierto frió, abusando del autotune y tirando de demasiado playback, como podéis comprobar aquí. 

Yo personalmente no aguanté más de 15 minutos, pese a que en su día disfruté muchísimo del A.D.R.O.M.I.C.F.M.S., pero esto, a parte de tomadura de pelo, me pareció un concierto soso y bastante aburrido, todo lo contrario de lo que me esperaría de Yung Beef. Así que aprovechando que tenia un hueco de una hora hasta la siguiente actuación, fui a picotear por el recinto. Vi un poquito de DAWN y muy bien, fui a la zona de prensa donde nos trataron como reyes – refrescos, café y agua gratuita- o me pasé por la zona de realidad virtual y sonar+d a seguir probando cositas. Como ya he dicho alguna vez, el Sónar no es un festival “clásico”, y la gracia es que un concierto tiene la misma relevancia que un workshop o disfrutar de un espectáculo de luces 360º. El tiempo pasó rápido, y ya solo quedaba un concierto, pero VAYA CONCIERTO.

Arca & Jesse Kanda 

Si pudiésemos ver el Sónar como un festival al uso, se podría decir que Arca era el cabeza de cartel de la primera jornada. El venezolano afincado en Brooklyn ha parido – literalmente – uno de los mejores discos de todo 2017, un álbum en el que por fin se atreve a cantar con su angelical y mortal voz encima de unas melodías que parecen sacada de la mejor de las tragedias griegas. Porque el  disco de Arca es eso, la unión perfecta de conceptos musicales clásicos rebautizados con beats propios del futuro. Cuando Alejandro se subió al escenario, se palpaba una solemnidad que pocas veces uno siente en un concierto. Generalmente puedes ver a tu banda favorita tocar como Dios y disfrutar, pero hablamos de un espectáculo “terrenal”. Lo que Arca nos hacia sentir era estar ante algo extrasensorial, algo de fuera de este mundo, como si un ángel salido del infierno, medio desnudo y con un látigo en la mano,  nos hablase sobre el dolor, sobre sus entrañas y sobre su pasado muerto, pero aún doliente. 

Y no había escenario mejor para ello como el Sonar Hall, compuesto por moqueta y cortinas rojas, color sangre, que por si no lo habíais deducido, es el tema principal de su trabajo. La sangre en su sentido más puro, ese que se percibe en temas como Piel o anoche, que en directo se deslizan por una voz que impresiona tanto como conmueve. Y no seria justo olvidar al gran Jesse Kanda -colaborador natural de Bjork- que se trajo unos visuales potentisimos, que nos metían de lleno dentro del cuerpo humano, donde nuestro dolor externo se traducía en la putrefacción interna de nuestros órganos. El concierto avanzaba, y Alejandro bailaba con temas como Saunter, en los que los bajos retumbaban de una forma que era física y literalmente hiriente. El publico estaba entregado, obnubilado y sorprendido ante un concierto pocas veces visto, que combinaba todo lo que un gran show de este siglo debe tener, espectáculo, visuales, sonido apabullante y sobre todo, calidad musical. Arca y Kanda lo hicieron. Nos regalaron un show trabajadisimo que conjugaba cada pequeño elemento haciendo importante el todo. 

Incluso tuvo su momento incomodo, cuando a punto de acabar el concierto, Arca pidió que todos los menores desalojasen la sala. Nadie sabia que quería decir, pero cuando proyectaron un vídeo en el que un hombre era violando brutalmente por un puño, las caras del publico eran literalmente un cuadro de Picasso. Había quien lo entendía, relacionándolo como el punto final a su capitulo de auto-tortura sangrienta e interna. Otros pensaban que eso ya era pasarse. Algunos miraban para otro lado y otros sonreían. Pero Arca lo estaba haciendo. Estaba metiéndose en nuestra cabeza y taladrándonos un recuerdo que a nadie se le borrará nunca. Y eso es algo, que para alguien que lleva mas de 300 conciertos en 5 años es bastante difícil.

THE END MAGAZINE