La segunda jornada del Sónar 2017 estuvo marcada por el dominio de los sonidos estadounidenses. Clams Casino, y Anderson .Paak, justificaron por si mismos el festival. 

Por razones ajenas a la organización, tuve problemas para acudir al recinto todo lo temprano que me habría gustado poder hacerlo, pero eso no empañó un día que ya empezó con una actuación descomunal.

Evian Christ

Llevo años y años yendo a festivales de música y conciertos en directo, pero nunca me había pasado lo que me ocurrió en este show. Por todos es sabido que bandas como Swans o My Bloody Valentine tocan a un volumen atronador, y no son pocos los que aconsejan ir a sus conciertos con tapones para los oídos, pero yo, nunca los he necesitado. Pues bien, en Evian Christ no solo me habrían venido de lujo para taponar unos bajos descomunales, sino que me hicieron falta incluso las gafas de sol para bloquear unos visuales que me hacían llorar. El juego de luces del inglés era tan agresivo, que incluso algunos tuvieron que darle la espalda al escenario, porque para colmo, el bueno de Joshua nos disparaba con maquinas de humo a la cara. Esto, lejos de ser negativo, es algo que considero puramente descriptivo de como fue su show, una SALVAJADA.

Que el Sonar Hall ya se ha convertido en mi escenario favorito por cosas como estas, o lo que vivimos ayer en Arca, es algo que cualquiera que nos lea ya se habrá dado cuenta. El sonido y el entorno es único y muy especial, y la selección de artistas para actuar en él, aun mejor. ¿Pero realmente, como fue el concierto de Evian Christ en lo musical? Pues os lo diré con una palabra, extraordinario.

Parecía que estábamos ante un jovencisimo Aphex Twin que retorcía la realidad a su antojo, que manipulaba al espectador cognitivamente y que disparaba  unos tracks tan descomunales como Salt Carousel y Fuck idol, o incluso se atrevía a mezclas imposibles, como un mix que incluía al grupo ruso T.A.T.U, con temas de su nuevo y esperado primer largo, al que aun no hemos podido echarle el guante en estudio, pero por lo visto en directo, le consolida como uno de esos artistas que se va a comer el mundo en el terreno de la electrónica.

Anderson .Paak & The Free Nationals

Uno de los platos fuertes de este Sónar era la actuación de la nueva estrella de la música negra americana, Anderson.Paak, que  traía consigo a un ejercito musical de primer nivel, The Free Nationals. El angelino pisaba por primera vez España para presentar Malibú, ese álbum que le ha ganado su nominación al grammy y que es un muestra directa de como esta nueva generación de artistas afroamericanos, intenta conectar con las raíces más profundas de la música de los 50s, pero  intentando aportar algo nuevo y re-ubicando esos sonidos en el presente.

Y el público estaba caliente, esperando a un mesías tan humilde, que cuando salio al escenario, su sonrisa de incredulidad al ver a un gran publico ante él, solo fue rota por un chillido para abrir el concierto con Come Down, el tema estrella de su segundo trabajo. La comunión con el publico era perfecta, que bailaba y coreaba los temas como si estuviese Prince ahí arriba, y .Paak se movía por el escenario como si llevase veinte años haciéndolo. El concierto se dividió en dos partes muy diferenciadas, la que tiraba por el baile y en la que .Paak llevaba la batuta con el micro, y la segunda y más compleja, en la que se sentaba a la batería y tiraba por unas lineas mas cercanas a la improvisación del jazz y el virtuosismo del resto de la banda.Personalmente, creo que ambas partes no son excluyentes, pero creo que .Paak brilla más como estrella pop que como virtuoso de la batería, pese a que sus dotes con el bombo y el platillo, sean impresionantes. Pero el público esperaba una fiesta, y eso es lo que nos estaba dando, una fiesta que apenas llegó a la hora pero en la que ni el calor frenó al publico de bailar como desgraciados y bajarse al suelo en los penúltimos temas del show. Al final .Paak sonreia, incrédulo, sin ser consciente, de que efectivamente, ya es una estrella.

Clams Casino

Probablemente era mi cabeza de cartel personal. Este tipo, que es junto con Burial, Salem o Death Grips, uno de los mayores exponentes de lo que podríamos llamar “el sonido del siglo XXI”, es paradógicamente un desconocido. Apenas había gente para verle, y conseguir situarse en primera fila era algo que podías hacer sin problemas incluso a mitad del concierto. Ahi fue donde nos ubicamos, donde veía que había algún que otro fan absoluto del americano, y es que para algunos, Clams Casino es como la biblia musical.

El año pasado lanzó al mercado su primer largo (32 levels) una maravilla en la que colabora con varios de los artistas mas relevantes del panorama norteamericano actual, pero a mi lo que me tiene embriagado de este señor son sus mixtapes. Instrumentals 1,2,3 y Rainforest (ep) son de esos discos que llevo años quemando si o si, y fue todo un placer poder descubrirlos en directo, con una potencia y una calidad de sonido difícilmente igualable en cualquier otra situación.  No tuvo problema en empezar el concierto con temas en los que colabora Vince Staples, como “Norf Norf “o “All Nite”, pero rápidamente vinieron las joyas de mi post-adolescencia, Wassap, Witness, Bass, una versión mucho mas rápido de All I need y para finalizar, el tema con mayúsculas, I’m God.

Lee aqui : Sonar 2017, Arca, el angel salido del infierno

Como ya he comentado, fue un concierto muy minoritario, en el que tuve la suerte de poner unirme a un grupo de no mas de cinco personas en primera fila, que vivíamos esto como si de verdad Jesucristo hubiese vuelto a manifestarse entre nosotros. Acabe abrazado a gente que no conozco, coreando canciones con personas de las que no conozco su nombre, y bailando como un desgraciado sin que nada me importase a mi alrededor. Porque eso es lo que nos ofrece Clams Casino, una música tan triste y demencial como apasionante y transversal. Fue especialmente curioso como justo al final del ultimo tema, un grupo de seis chicas vino corriendo a ponerse a primera fila, probablemente para coger sitio en el siguiente concierto, que era Nicolas Jaar. Las chicas estaban de espaldas al escenario, tapándose los oídos y muy molestas por la música que Clams Casino estaba disparando. Y es que entre el cielo y el infierno, hay un paso cada vez mas pequeño.

Moderat

Eran los auténticos cabeza de cartel el día, y pese a gustarme mucho, tenia que renunciar a media hora de ellos por ver a Clams Casino. No fue una decisión especialmente dura, mas aun cuando se habían guardado para el final tres de mis temas favoritos. Aunque cuando estaba en mitad de uno de ellos, Rusty Nails, el sonido se evaporó. De nuevo otro apagón de luz en mitad de un concierto de Barcelona, pero lo poco que había escuchado de ellos me estaba llegando tanto, que no fue algo especialmente negativo. El apagón se alargo a cerca de diez minutos, pero yo ya me estaba relamiendo con volver a oír ese inicio martilleante y brillante de Rusty Nails, y cuando en efecto, volvieron a todo volumen, no podía contener los pies. Moderat han conseguido lo más difícil para una formación electrónica, que es gustar y ser valorada por gente que está estrictamente circunscrita a otros nichos musicales mucho mas cerrados.

Poco después dispararon Reminder, el single de su anterior trabajo, y el publico lo recibió con una sonora ovación, al que le acompañaron Les grandes Marches, N.22, Milk y como no, Bad Kingdom, su tema mas icónico hasta la fecha. No sabemos que tienen los alemanes, pero siguen dominando el terreno de la electrónica y poco a poco se están convirtiendo en estrellas mundiales. Con cada álbum sacan un par de hits únicos que, al ritmo que llevan actualmente, les apuntan a convertirlos en los Kraftwerk del siglo XXI. Tiempo al tiempo.

Soulwax

Los belgas son otra de esas bandas que por distintas razones siempre se me habían escapado en otros festivales. Para esta ocasión venían a presentar su primer álbum en varios años, y la formación que venia al Sónar estaba compuesta por siete músicos, tres de los cuales eran baterías. Esto realmente era el gran atractivo de toda la actuación, ver como esas tres baterías bailaban entre si, compartían ritmos y se separaban para llevar cada una su propio camino. Fue un concierto divertido y ameno, plagado de temas de su nuevo álbum, pero que personalmente me dejo un poco frió. Quizás la mejor manera de definirlo fue repetitivo. Algunos temas se iban a los ocho minutos y no eran mas que un amasijo de melodías alargadas hasta la extenuación, y eso, en un festival donde ya llevábamos horas disfrutando de cosas parecidas, acaba pasando factura.

Y nos fuimos del segundo día. Una cola kilométrica de autobuses era nuestra mejor aliada para volver a casa y descansar de cara al gran cierre del festival, Justice.

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