Dunkerque, el más reciente trabajo del aclamado director británico Christopher Nolan, es una película bélica que va más allá de recordar un episodio de la Segunda Guerra Mundial: busca convertir a la audiencia en un testigo más.

“Atacaba el enemigo por todas partes, con gran fuerza y rudeza, y el grueso de su potencia y la más numerosa aún de sus fuerzas aéreas fue lanzada a la batalla o concentrada sobre Dunkerque y sus playas”. Estas palabras de Winston Churchill, incluidas en sus Memorias, dan cuenta de lo desastrosa que fue para las tropas inglesas y francesas la batalla contra la fuerza armada nazi y su retirada, en la ciudad de Dunkerque, en mayo de 1940, en la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, gracias a Dunkerque (Dunkirk) de Christopher Nolan, podemos atestiguar ese acontecimiento bélico tan decisivo para la conquista de Alemania sobre Francia y para el devenir del resto del conflicto. Y pongo énfasis en la palabra atestiguar, pues al ver la película la audiencia se convierte en un testigo más de los hechos, como si tuviera la oportunidad de contemplar el desastre desde una ventana; porque sí, el propósito del filme, más que narrar, es recrear un hecho histórico e introducir a la audiencia en medio de la confusión de la guerra.

Oiga el podcast de No Spoiler: CHRISTOPHER NOLAN, LEGENDARIO O SOBREVALORADO?

Contexto histórico

Las imágenes contenidas en el filme de Nolan cobran mayor sentido cuando se conoce o comprende el contexto histórico, el saber quiénes son los bandos que allí se enfrentan, cómo Alemania cercó a los ingleses y franceses y por qué su inminente retirada, alabada por unos y criticada por otros.

La toma de Dunkerque hacía apenas parte del Plan Manstein, la ofensiva que la Alemania nazi había lanzado en el frente oeste, con el fin de asestar un golpe definitivo contra los aliados, incluyendo la toma de París, que se presentaría días después, para convertirse así en una amenaza más cercana y latente para el Reino Unido.

Dunkerque

Soldados ingleses alcanzando las embarcaciones para la retirada de Dunkerque

Antes de ello, la Wermacht (las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi), recurriendo a la Blitzkrieg (Guerra Relámpago), su famosa y destructiva táctica militar, ya había ocupado (el 10 de mayo) a los Países Bajos y a Bélgica, atravesado las Ardenas y roto la Línea Maginot (13 de mayo), un conjunto de fortificaciones costosas e inútiles que Francia había extendido desde el Rin hasta Sedán (por donde se filtró el ejército Alemán), y que se prolongaba hasta el Mar del Norte.

Aquella estrategia dogmática y anticuada del mando militar de Francia, criticada además por Charles de Gaulle, pero defendida con terquedad por Maurice Gustave Gamelin, comandante en jefe del ejército francés, consistía en resistir al enemigo con un frente móvil y unas fortificaciones, que además contaba con la posibilidad de encerrar al enemigo en “una bolsa” en caso de romper la línea, el cual sería aniquilado a través de contraataques sistemáticos.

Los hechos, como es sabido, sucedieron exactamente al contrario: fueron los nazis quienes cercaron, ya en la ciudad de Dunkerque y las playas aledañas, al Ejército francés, la Fuerza Expedicionaria Británica y al Ejército belga, que estaban allí asentados desde que se tuvo conocimiento de la avanzada alemana. Es en este escenario donde se desarrolla la película.

Dunkerque

Mapa del avance de la Alemania nazi hacia el canal de la Mancha

Es importante mencionar que las tropas nazis pudieron haberse encaminado a París, pero decidieron dirigirse al canal de la Mancha con el objetivo de proporcionar el llamado Schwerpunkt o puñetazo en el punto más débil del adversario, en este caso los aliados, lo cual hizo desde tierra, mar y aire.

Fue este cerco imprevisto, más el ataque sistemático de la Wermacht, lo que obligó a los ejércitos francés e inglés a retirarse de Dunkerque, que les tomó una larga semana y requirió de la ayuda de embarcaciones civiles. De los 400.000 hombres destinados a la defensa de Francia, se rescataron más de 335.000. Esto fue posible gracias también a que Hitler decidió no apretar el cerco, por razones aún discutidas; una de ellas, dejarle a la Luftwaffe (la fuerza aérea alemana) el honor de aniquilar el ejército de los aliados. De hecho, algunos generales alemanes consideraron como un error táctico tal decisión de Hitler.

“Miles y miles de soldados enemigos se embarcaron sanos y salvos, en nuestras propias narices, hacia Inglaterra”, señaló en ese entonces el general Franz Halder, responsable de estrategias de invasión.

Dunkerque

Poster del filme Dunkerque.

El espectador en medio de la batalla

Para enfrentarse con Dunkerque, la audiencia tiene dos opciones. La primera consiste en documentarse antes de ver la película, con información simple, como la contenida en el anterior apartado; de ese modo tendrá una especie de mapa mental que lo ayudará a ubicarse mejor, junto con los personajes, en medio de la batalla. La segunda es dejarse llevar por el hecho, sin información previa, y tal vez de ese modo sentir el extravío, la incertidumbre y hasta el miedo de los hombres que allí se abatían.

De todos modos, la audiencia no tiene mucha alternativa. Apenas el espectador ingresa a la sala es arrojado sin compasión en la mitad de esa playa. Mira los rostros de los hombres, intenta memorizarlos, como para tener una guía que lo conduzca por la arena, lo lleve por el muelle y lo intente sacar de ese infierno, lejos del enemigo invisible, amenazante e impredecible que está oculto y atento en cualquier horizonte de los cuatro puntos cardinales. Desde el aire caen las bombas de los Stukas de la Luftwaffe, y solo resta tirarse al piso y cubrirse la cabeza, como sí con ello fuera posible amortiguar los efectos de una explosión. Después viene el aturdimiento y la desorientación, hasta que el entorno cobra de nuevo sentido, un sentido maldito.

Dunkerque

Escena de Dunkerque

A diferencia de los desesperados soldados, el espectador tiene también la posibilidad de viajar a otros escenarios, más alejados del punto neurálgico del enfrentamiento, pero hacia donde llegan también las electrificadas y letales ramas de la batalla. De ese modo, puede ingresar en las aeronaves, y desde su silla, la de la sala de cine, se mueve involuntariamente hacia los costados, como ayudando al piloto a enfocar la mira en la nave enemiga o a huir de la pesada metralla que atraviesa el viento y las nubes. O también puede tomar un respiro en una de las embarcaciones civiles que, sorprendentemente, se dirigen a Dunkerque a recoger sobrevivientes, respondiendo al llamado del Gobierno, a través de la BBC, de que cualquier tipo de embarcación disponga sus velas y se una a la misión de recuperar a sus compatriotas en peligro.

Dunkerque

¿La historia de una derrota?

Son pocas las películas de carácter bélico que tratan sobre la derrota del héroe; debe ser porque este suceso en la historia alcanzó un sabor de victoria, de milagro, por haber recuperado con vida a tantos hombres ya condenados a morir tragados por las balas, las bombas y el mar, y por haber recibido la popular ayuda de la población civil.

El propósito de Christopher Nolan es entonces, como se mencionó al principio, recrear de la manera más fiel posible el hecho. No se concentra en una narración explicativa de lo sucedido ni pretende sembrar de forma evidente una posición moral. Se sitúa en el punto de vista de los soldados aliados y deja que las imágenes, desde esa mirada, hablen por sí mismas; por ello, los diálogos son tan escasos y los enemigos, invisibles. No vemos a ningún nazi exhibiendo sus uniformes de Hugo Boss, solo sus balas que salen de la nada, del infierno, como una de esas plagas bíblicas gestadas por el morbo de Dios. Tampoco presenciamos a los líderes fraguando los planes tras una maqueta del mundo para brindar información que le ayude a la audiencia a entender. No, todo se da en le batalla, pues allí es donde está la realidad de la guerra.

Dunkerque

Dunkerque

Como son las imágenes las que hablan, el mérito de todo el filme está precisamente en ellas. Hay una composición cuidada, aún cuando en la mayoría de escenas reina la confusión y el caos. La fotografía desempeña un papel fundamental, pues además de acomodarse con efectividad a la realidad de las situaciones y su escenario (la playa, el muelle, la cubierta de un barco o su interior, el fondo del mar), ayuda a mantener en la audiencia una sensación de zozobra constante, como también lo hace la música de Hans Zimmer, que desde el inicio hasta el final cumple su función de ser la base sobre la cual se sostiene la trama, de mantener a flote el suspenso y de dejar al espectador sumergido en una hipnosis constante; no es casualidad que el tictac de un reloj permanezca siempre allí, oculto tras esa melodía como infinita, mezclada con el viento de esa playa y fundida en el sonido lejano de aviones amenazantes aproximándose.

Es en ello entonces en lo que la audiencia podría enfocar su atención, no en pretender llevarse consigo alguna enseñanza; ya las guerras reales y las películas sobre guerras reales nos han dado suficientes lecciones. El objetivo es simplemente el de acercarnos a ser testigos de este hecho, heroico para unos y vilipendiado por otros, como el General Maxime Weygand, que sustituyó a Gamelin como comandante en jefe francés tras su derrota en Sedán, al decir sobre la retirada de los ingleses: “La irresistible atracción de los británicos por los puertos”. Ahora nosotros, como testigos, podremos también sentar una posición.

Dunkerque

Lea también: DUNKERQUE RECIBE CRÍTICAS POSITIVAS

Dunkerque: testigos del infierno
PUNTOS FUERTES
  • La fotografía es fundamental para el desarrollo de la historia.
  • La música permite la presencia de un suspenso constante, que mantiene atento al espectador.
  • Aunque los actores principales tienen pocos diálogos, las actuaciones son sobresalientes.
PUNTOS DÉBILES
  • No hay claridad sobre lo que sucede en la historia, si no se tiene una información previa.
  • Muchas escenas presentan confusión y le cuesta al espectador ubicarse en el tiempo y el espacio de la historia.
  • Es difícil familiarizarse con los personajes
70%BLITZKRIEG
Reader Rating: (5 Votes)
92%
THE END MAGAZINE