Después de 50 años de guerra en Colombia la guerrilla de las Farc se prepara para empezar a hacer política sin armas. El silencio de los fusiles narra paso a paso los momentos más álgidos de los diálogos en la Habana.

El silencio de los fusiles, escrita y dirigida por Natalia Orozco, es un documento único en el que se narra con gran detalle lo que sucedió en los diálogos de paz del presidente Juan Manuel Santos. Desde los primeros acercamientos secretos, hasta sus distintas reuniones posteriores en Oslo y en La Habana y la firma del acuerdo final en Cartagena. Quizás su mayor acierto sea el hecho de haber podido reunir tantas voces en un solo documental, incluyendo al presidente, a los negociadores de ambos bandos, a soldados y guerrilleros rasos y, finalmente, a las víctimas. En solo dos horas logra mostrar cómo se vivieron los eventos fundamentales del proceso en la capital cubana y en los campamentos guerrilleros; todo lo que nosotros estábamos experimentando de otra manera de la mano de los medios de comunicación. Es un documento que posiblemente pocos habrían podido lograr.

“La realización de trabajos de investigación sobre temas de política exterior y derechos humanos (desde la prisión de Guantanamo, sobre el trato que Europa da a minorías étnicas como los gitanos y, principalmente, el levantamiento civil en África del Norte) –señala Natalia Orozco–, confirmaron mi visión del mundo y mi resistencia a entender las realidades que habitaba con la lógica simplista de ‘los buenos y malos’. Estas experiencias me permitieron madurar preguntas que desde niña expresé en la familia, en el colegio y en la universidad sobre el conflicto armado, sobre asuntos estructurales relacionados con la justicia, la libertad, la reivindicación social, la rebelión, la justificación de las armas y la opción de la democracia. El proceso de paz en Colombia me abrió el momento de buscar respuestas a todas esas preguntas, de indagar sobre la complejidad de nuestra condición humana en situaciones extremas como la guerra”.

Otros registros en tiempos de conflicto

Entre los años 1999 y 2002, el gobierno del presidente Andrés Pastrana otorgó una zona de distensión en San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá, a la guerrilla de las Farc. Se trataba de un territorio de 42.000 kilómetros cuadrados en el que se adelantarían unos diálogos de paz. Durante ese periodo la presencia del Estado en esa porción de terreno fue casi nula, por condición de la guerrilla, lo que les permitió fortalecerse y cometer violaciones al Derecho Internacional Humanitario. Por ese motivo los diálogos se vieron frustrados y en febrero del 2002 la zona de distensión fue abolida.

En junio del año 2000 se realizó un encuentro de cultura y empleo organizado por las Farc y el Gobierno, al cual asistieron periodistas, intelectuales, artistas y, en general, cualquiera que estuviera interesado en el tema. Todo eso fue transmitido en directo por Inravisión. Entre los asistentes se encontraba el artista colombiano Wilson Diaz (Pitalito, 1963), que desde la década de los 80 venía indagando sobre la compleja situación sociopolítica del país. Su objetivo era recopilar una serie de documentos sobre lo que estaba sucediendo en la también llamada zona de despeje y así obtener una perspectiva distinta a la que proponían los medios de comunicación.

Uno de estos documentos era Baño en el cañito, un video en el que se puede ver a tres guerrilleros muy jóvenes (14 años) bañándose en un cañito. Son muchas las implicaciones que tiene este documento: por un lado, el ya conocido hecho de que niños fueran reclutados para participar en la guerra; por el otro, la humanización de los miembros de uno de los actores del conflicto, más precisamente esos que habíamos sido enseñados a llamar como el “enemigo”. Las imágenes que se ven en este video fueron, y siguen siendo, muy poderosas, ya que se desmarcan de las narrativas convencionales al momento de hablar de la guerra en Colombia.

Al respecto de esto, dijo Wilson Díaz en su momento: “Cuando yo muestro la intimidad de unos niños (14 y 15 años de edad) pertenecientes a uno de los grupos actores del conflicto en Colombia, estoy haciendo un comentario y mostrando un poco la complejidad de la guerra en Colombia, en donde los niños y jóvenes son incorporados por los diferentes grupos a esta guerra fratricida que lleva más de 50 años. La actual campaña publicitaria oficial que se transmite por la televisión nacional en Colombia muestra a un joven civil de 18 años caminando en medio de una batalla; el comercial finaliza con el lema ‘Joven, no le des la espalda a la guerra’. También en este trabajo hago un comentario sobre el papel desarrollado por los medios de comunicación en Colombia, que como en todo lugar representan intereses económicos y polí­ticos”.

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Izquierda: Fin de la Segunda Guerra Mundial, Iwo Jima (1945) Derecha: portada de la Revista Semana (1992)

Izquierda: Fin de la Segunda Guerra Mundial, Iwo Jima (1945) Derecha: portada de la Revista Semana (1992)

Lo que Díaz expone sobre el papel de los medios en el conflicto bien puede ejemplificarse en las dos imágenes de arriba, cuyo parecido es innegable. La de la izquierda fue tomada en febrero de 1945 en Iwo Jima y marcaba uno de los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial; su importancia radica en que se volvió una imagen icónica de los Estados Unidos como país intervencionista y supuesto protector de la libertad y la democracia a lo largo y ancho del mundo. Aunque la foto de la derecha haga parte de la portada de la revista Semana de junio de 1992, el clima sociopolítico que ilustra bien puede extrapolarse al periodo 2002-2010, en el que el entonces presidente Álvaro Uribe y su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, se propusieron exterminar la guerrilla de las Farc.

Baño en el cañito y otros de los videos realizados por el artista tuvieron una recepción muy negativa por parte de la opinión pública. Un caso para revisar es el de Rebeldes del sur, un video en el que aparecen unos guerrilleros tocando vallenato, cantando y bailando, algunos de ellos con sus armas. En el año 2007 esta obra hacía parte de una exposición en Gales que se llamaba Displaced: Contemporary art from Colombia. Al ver el video, el entonces embajador de Colombia en el Reino Unido, Carlos Medellín, tomó la decisión de excluirlo de la muestra alegando: “el Gobierno de Colombia no puede promover ni soportar una exhibición de una organización al margen de la ley y porque la labor en Europa es mostrar que los grupos al margen de la ley son organizaciones terroristas dedicadas al narcotráfico”.

William López, el entonces director del Museo de Arte de la Universidad Nacional, opinó al respecto: “No es una apología a la guerrilla. Es muy tonto y superficial quien la interpreta de esa manera. Primero, porque es una obra de corte etnográfico, y, segundo, porque es un documento. Es un video, además de mala calidad, en donde el artista está señalando algo. Está mostrando a uno de los actores armados, y ¿qué está haciendo este actor? Cantando. Pues resulta que los guerrilleros también cantan. Pero en un clima de polaridad como el que estamos viviendo, al enemigo hay que llenarlo de la mayor cantidad de antivalores posibles para que sea un enemigo anónimo: perspectiva que hace posible una lectura paranoide de la obra”.

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Un diálogo para superar desigualdades

En una operación similar a la de Wilson Díaz, Natalia Orozco nos presenta con El silencio de los fusiles aspectos antes desconocidos para nosotros sobre los militantes de las Farc. Por ejemplo, un personaje del documental es un joven que solía ser parte de la seguridad del abatido alias Alfonso Cano, quien fuera el primero al mando de esa guerrilla después de la muerte de Manuel Marulanda. A lo largo del documental se puede ver cómo el joven pasa de ser un combatiente a uno de los encargados de la comunicación e imagen de las Farc frente a la prensa y el mundo. En sus primeras entrevistas habla de sus experiencias en la selva, al final se le ve por todas partes con una cámara registrando todo; cuando se le pregunta si prefiere el fusil a la cámara, sin dudarlo responde: “la cámara”.

El silencio de los fusiles es entonces un documento necesario, ya que en él están resumidos los aspectos nucleares de los diálogos de paz, que no fue una negociación para acabar una guerra de 50 años, sino para revisar y (ojalá) cambiar desigualdades estructurales del país.

“En los intercambios con los máximos jefes de las Farc: Timoleón Jiménez, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, entre otros –afirma Natalia Orozco–, abordamos temas difíciles, como la participación de niños en sus tropas, el secuestro de civiles o el asesinato por parte de las FARC a líderes de paz, a quienes yo personalmente admiraba por su compromiso con la búsqueda de la salida negociada. Con el presidente y Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, y los jefes negociadores del gobierno también abordamos temas complejos: la responsabilidad de las élites y la empresa privada en la financiación de la guerra, así como los excesos del ejército y sus vínculos con grupos paramilitares”.

Lo que logra el documental es recordarnos que esta guerra es producto de una serie de condiciones sociopolíticas en las que el Estado tiene tanta responsabilidad como las Farc. El silencio de los fusiles es apabullante, denso y por momentos revelador. Es una responsabilidad de los colombianos verlo. El estreno nacional, con funciones únicas, será los días 20, 21, 22 y 23 de julio, en las salas de Cine Colombia de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Manizales, Villavicencio, Montería, Pereira, Ibagué Armenia y Cartagena.

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El silencio de los fusiles: un documento invaluable
El silencio de los fusiles es un documento único en la historia de Colombia. No obstante, puede llegar a ser monótono y falto de ritmo.
PUNTOS FUERTES
  • Es una mirada detallada y alternativa de los diálogos de paz.
  • Cuenta con testimonios de muchos de los actores del conflicto.
  • Explica las verdaderas dimensiones de lo que estaba en juego en el proceso de paz con las Farc.
PUNTOS DÉBILES
  • Aunque dice ser una mirada íntima de los diálogos, la voz de la documentalista se pierde entre la multitud de voces.
  • No experimenta con el formato, por momentos se vuelve monótono y falto de ritmo.
  • Pienso que pudo haber sido más incisiva en sus preguntas al presidente Juan Manuel Santos.
75%Apabullante pero necesario
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