Hoy repasamos las claves de la carrera de uno de esos directores inconfundibles, repleto de ideas y con un conocimiento inmenso del séptimo arte. Guy Maddin, el genio – y chiflado – canadiense. 

El cine de Guy Maddin, un encantador chiflado

Gay Maddin

¿Pero quien es este tipo y por qué estamos destacándolo dentro de una filmografia de directores canadienses tan interesante como la actual? Hablamos de un país con gente como Stéphane Lafleur, Denis Côté o Denis Villeneuve, y aunque estos nombres sean incontestables, probablemente ninguno conoce tan bien el cine como Gay Maddin.

Pero comencemos por el principio. Gay Maddin es uno de esos claros ejemplos de que para hacer cine solo hacer falta observarlo, comprenderlo y analizarlo. Nunca estudió en una escuela de cine, y su primer cortometraje, The Dead Father (1986), fue rodado con una cámara Bolex de 16mm durante los fines de semana que se reunía con sus amigos.

Si bien es cierto que el cortometraje tiene los medios que tiene, no deja de ser una muestra de como los fundamentos básicos de su cine ya estaban presentes en su mente antes de lanzarse a su primer largo, Tales from the Gimli Hospital (1988), rodada con un presupuesto de 20mil dolares y rechazado en el festival de Toronto. No es extraño que esto último ocurra, ya que bien es sabido que es difícil – por no decir imposible – participar en un gran festival si eres un don nadie y no tienes padrino. Pero como iba diciendo, tanto en el largometraje como en el cortometraje, podemos ver los elementos clave de toda su filmografia. Un amor inusitado por el cine clásico americano, del que adopta textura de imagen, música e incluso roles en la actuación, pero cuyas temáticas recoge para darles una vuelta absurda, y en algunos casos, incluso surrealista.

Su cine parece una sucesión de homenajes a distintas joyas de la historia del cine. En Archangel (1990), un combatiente de la Primera Guerra Mundial ha perdido tanto a su amada como a su pierna, un punto de partida, que a cualquier amante del cine le debe recordar a la excelente The Big Parade (1925), aunque a nivel narrativo, no tengan mucho que ver. Porque Maddin -y esto es fundamental – ,adora la forma del cine mudo, pero no copia las películas. Sus películas, a menudo, son prácticamente parodias de géneros enteros, de clichés o tics narrativos de las películas de los años veinte, pero bañadas con su forma de reinterpretarlas en el presente. En Archangel también hay referencias al cine de Erich von Stroheim, y es que incluso se permite poner a un jefe ruso clavadito a él.

Su siguiente largometraje es Careful (1992), una película que tiene un punto de partida tan marciano como atractivo. “En el remoto pueblo alpino de Tolzbad, todo el mundo habla en susurros por miedo a desencadenar una avalancha. Johann, aspirante a mayordomo, es uno de los testigos de las aberraciones mudas que tienen lugar allí, desde el incesto a suicidios furtivos.” Eso reza la sinopsis de una de las películas mas flojas de Maddin. Por primera empieza a usar el color, con una saturación propia de la del celuloide pintado a mano de las películas mudas de los años 20s.  En esta ocasión, su filmografia gira más en torno al genero de terror, y la falta de medios unida a la temática, le da cierto aire de serie B que a muchos puede echar para atrás.

Careful es importante, pero no por su calidad en si, sino porque marca el camino para su primera gran película. Antes de llegar a ella, realiza algunos cortos como Odilon Redon or The Eye Like a Strange Balloon Mounts Toward Infinity (1995), Hospital Fragment (2000) o The Heart Of The World (2000). En 1997 rueda una película casi imposible de encontrar, Twilight of the Ice Nymphs, una pieza de la que solo he podido ver fragmentos como este, pero que dejan claro que ciertos fundamentos de películas como The Fordibben Room (2015), ya estaban ahí.

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Pero vayamos al momento en el que Guy Maddin se pone en el mapa. Año 2002, un semidesconocido se presenta en la sección oficial del festival de Sitges con Dracula: Pages From a Virgin’s Diary, la enésima adaptación de la obra de Bram Stoker pero con una pequeña singularidad, que es un musical. Como lo oís. Si te vas a una pagina web donde se recojan datos de películas, veras que la película tiene etiquetas que jamas pensaste ver juntas, como musical, terror, ballet, vampiros o cine mudo. Y ese no tan joven Guy Maddin arrasó en Sitges, llevándose el premio a mejor película en el festival de cine fantástico más importante del mundo.

El cine de Guy Maddin, un encantador chiflado

DRACULA-PAGES FROM A VIRGIN’S DIARY, CindyMarie Small, Zhang Wei-Qiang, 2002. (c)Zeitgeist Films

¿Por qué triunfó Dracula y no sus películas anteriores? Es evidente que la selección en un festival importante, y su premio a mejor película ayudan, desde luego. Pero es cierto que Dracula era su mejor película hasta la fecha. Había conseguido incluir en ella todo el universo del cine mudo, mezclado con su juego de texturas sucias en las imágenes, su humor cada vez más surrealista y presente en las películas, y armarlo para crear una película divertida, estimulante y fascinante. Ya lo había practicado con anterioridad, pero fue la primera vez que hizo del anacronismo, su sello de identidad. Y si no, mirad esto. 

A partir de ahí, su carrera empezó a gozar de un reconocimiento mucho mayor.  Su siguiente largometraje, The Saddest Music in the World (2003) ,ya tuvo entre sus filas a Isabella Rosselini en el reparto, para dar vida Lady Port-Huntly, la reina de la cerveza de Winnipeg, en una película que repetía el esquema musical de Dracula: Pages From a Virgin’s Diary y conservaba el punto de partida de toda su filmografia, el cine mudo. Con ella consiguió colarse en Sundance, Toronto y Venecia, y es que sin duda, era su mejor película hasta ese año. Mezclar géneros como el musical, surrealismo, absurdo y comedia de Ernst Lubitsch, es un cóctel que solo Guy Maddin sabe agitar. Es una película divertida y fascinante, y aunque el cine de Guy Maddin puede ser tedioso para cierto publico,  hay que reconocerle que visualmente, es único.

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Maddin había hecho lo más difícil, entrar en el circuito. Llevaba haciendo películas desde los años ochenta, pero no fue hasta The Saddest Music in the World cuando realmente empezó a conocerse su cine, eso si, solo en circuitos festivaleros. Pero a este hombre, obsesionado con el celuloide, poco le interesa la opinion de la critica. Desde 2003 hasta 2006 se pasa el tiempo rodando cortometrajes experimentales y preparando su siguiente película, Brand Upon the Brain! (2006). Probablemente sea una de sus películas mas “serias”, en el sentido de que se limita a usar herramientas del cine mudo para construir una historia sin comedia, sin mofas al genero, simplemente un deleite propio del mejor expresionismo alemán, pero filtrado con ideas de Dreyer, Sternberg, Tarvkoski y sobre todo, Murnau. Porque Maddin es probablemente lo mas parecido que tenemos a Murnau hoy en día. Un tipo que aunque mire hacia atrás en tiempo cinematográfico, siempre mira hacia delante en su forma. Y este caleidoscopio de imágenes, es una muestra de la madurez del canadiense, capaz de ponerse serio cuando lo fácil habría sido repetir la formula de comedia-musical de sus anteriores trabajos.

Y llegamos a 2007, donde sorprende a todos con My Winnipeg, una cinta documental que abrió la sección Forum de la Berlinale y por la que cosechó su mayor ovación por parte de la crítica a lo largo de su carrera. My Winnipeg es como ver a los locos soviéticos Pudovkin, Eisenstein o Vertov jugando a hacer Ciudadano Kane (1940) mientras Buñuel da algunas pinceladas de absoluto absurdo. Participó en el festival de Toronto, e incluso ganó el premio a mejor película canadiense en esa edición, y no nos extraña. My Winnipeg es una película tan inclasificable como fascinante, una historia llena de excesos y de la que no se puede hablar en términos estrictamente narrativos. La sinopsis, de hecho, dice algo como “pseudo-documental surrealista en el que Guy Maddin homenajea a su ciudad natal a través de fragmentos visuales, fantasía y recuerdos”.  Lo mejor con My Winnipeg, es dejarse llevar e impregnar por una de las mejores cintas de este siglo. 

Y llegamos al final. Aunque desde 2007 hasta 2015, Maddin haya rodado varios cortometrajes,- e incluso un largometraje interesante como es Keyhole (2011)-, no es hasta 2015 cuando vuelve por todo lo alto con una joya sin parangón. Si hasta la fecha sus películas eran constantes homenajes al cine mudo, en The Forbidden Room (2015) directamente decidió reescribir la historia. Maddin estuvo buceando y buscando guiones perdidos de gente como Hitchcook, Murnau o Naruse, guiones de películas que no pudieron hacer en su día, y que en sus manos era un tesoro a explotar. De ahí nace The Forbidden Room, una película que nos abre las puertas prohibidas de las historias que nunca se contaron. Estamos ante una película cuya narrativa es rupturista, seca y caprichosa. Saltamos de historias que nada tienen que ver a través de sueños, de pasillos mentales que nos permitan disfrutar del que sin duda, es su mayor espectáculo visual hasta la fecha. Se que a lo largo de este articulo he repetido esta frase, pero es que Maddin se supera con cada película. Para The Forbbiden Room, el canadiense decidió rodar prácticamente todo el metraje en color, pero quería conseguir una textura y un color similar al que podríamos obtener si películas de hace más de ochenta años, rodadas en color, se conservasen en malas condiciones y pudiésemos verlas hoy en día. El resultado es ver una película rodada completamente en formato digital, pero con una apariencia de haber tenido algún fallo de emulsión en el celuloide. De nuevo hay comedia, hay drama, hay musical, hay cine mudo y hay decenas de referencias a su película mas extrema hasta la fecha, y que junto con My Winnipeg, probablemente sea de lo mejor de su filmografia.

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¿Y ahora que?  Os alegrará saber, que para 2017, Guy Maddin está preparando una nueva versión de Vertigo (1958), pero no será una recreación o remake, sino que pretende construir exactamente la misma película, plano por plano, usando metraje de otras películas. ¿Como os habéis quedado? Por Internet ya figura la primera imagen promocional.

El cine de Guy Maddin, un encantador chiflado

Vertigo según Guy Maddin – The Green Fog (2017)

Como habréis podido imaginar, uno de los mayores genios que ha dado las ultimas tres décadas del cine, es canadiense. Es un director muy poco conocido fuera del circuito de los festivales, e incluso dentro de él, no es de esos que vayan a encabezar la competición de un festival como Cannes. Su camino está alejado de los focos, en la oscuridad, donde los grandes genios abren el camino para que dentro de veinte años, alguien más joven copie su idea y por arte de magia se convierta en el director de moda del momento. Luego, este chico citará a Guy Maddin como referencia, se mirara al pasado, y nos daremos cuenta de como no valoramos el presente. Y esto ultimo, el juego de pasado, presente, y futuro, es en esencia, el cine de Guy Maddin. 

THE END MAGAZINE

About The Author

DAVID S. BLANCO
EDITOR RETRO Y MÚSICA

Para escribir antes hay que aprender a leer. Estudio como bucear en la música para sacar historias que plasmar en la pantalla, porque como bien dijo un hombre sabio, el arte es el último paso antes de disparar.

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