La Defensa del Dragón es la ópera prima de la colombiana Natalia Santa, y narra una historia bogotana de fracasos y del miedo a escapar de sí mismo.

Personajes invisibles

El centro de Bogotá, como algunos otros lugares del mundo, es un lugar de cine. Mis recuerdos de sus calles en la pantalla son numerosos. La cámara a través de las ventanas de la Avenida Jiménez en La Gente de la Universal, La sombra del caminante con su fotografía en blanco y negro, La Estrategia del Caracol con una Candelaria estruendosa y La primera noche envuelta en un silencio estremecedor. Hemos visto el centro retratado por distintos lentes, desde diferentes perspectivas, pero en La Defensa del Dragón aparece desprevenido y sin velos. Bogotá está ahí con sus calles estrechas, sus peatones convencionales, con el ruido de los carros y con olor a tinto. El mismo centro que se puede caminar cualquier martes a las ocho y media de la mañana. Un centro que es poético sin buscarlo, que es cotidiano y frío.

La idea de La Defensa del Dragón surgió para la directora Natalia Santa cuando ella veía los rostros de personajes anónimos en una serie de fotografías que hizo su esposo con Bogotá como temática principal. Una historia se suscitaba en su mente para cada uno de ellos. Cierto lugar especial llamó su atención en aquellas fotos: un taller de relojería con su viejo relojero trabajando, Joaquín era el primer personaje que aparecía en su mente. Unas calles más allá, encontró a Samuel, el protagonista apareció ahí, revuelto en un club de ajedrez en decadencia, apostando y mezclado con su entorno. Así nos sumergimos en una película de personas y calles normales, con un ritmo sereno dado por el coloquio de los que conversan y viven sin pretensión. La cotidianidad es algo difícil de retratar, por eso no basta con dejar la cámara rodando ante la realidad. Hace falta conocer el contexto y pintarlo sin que la línea sea evidente, aquí vemos la ciudad con una propuesta fotográfica que no se complica añadiendo mucha luz artificial al paisaje bogotano, eso la hace natural y concreta.

Este relato recibió el estímulo del Fondo para el desarrollo cinematográfico (FDC) para desarrollo de guion y posteriormente para producción de largometraje. Más adelante participó en el III Taller de Proyectos Cinematográficos de Centroamérica-Caribe de IBERMEDIA en Nicaragua y también en el Workshop de Tribecca-Colombia 2014. Ahora se estrena en Colombia tras haber sido proyectada en el Festival de Cannes.

El ajedrecista

Samuel (Gonzalo de Sagarminaga) es un ajedrecista cincuentón que vive entre un otoñal club de ajedrez y su habitación en una pensión barata, con una cama y una mesa pequeña. Allí la casera le lava toda su ropa, a excepción de los calzoncillos. En otros tiempos casi fue campeón, pero ahora dicta clases de matemáticas y entrena a una promesa del ajedrez para que gane los torneos que se organizan cada sábado en el club. Samuel pasa los días apostando en sus partidas de ajedrez, y ve el juego como un trabajo normal, un trabajo como el de todo el mundo al que se dedica un horario y del que se perciben honorarios como cualquier empleado del rebusque en Bogotá.

Cerca de Samuel rondan por el centro Joaquín (Hernán Méndez) y Marcos Cebrián (Manuel Navarro). Respectivamente, un relojero al borde de la quiebra y un homeópata español que toca los límites de la ludopatía jugando constantemente al póker en un casino. A los tres los une su vecindad en el centro, la carencia económica, la soledad y el disfrute que encuentran en una partida de ajedrez y una taza de tinto. Sin más.

Con frecuencia son simples los nudos que nos asfixian cada día. Están siempre ahí apretándonos el pescuezo, pero muchos de ellos son imperceptibles y causan una fatiga muy llevadera e incluso confortable. Así vive Samuel. El conflicto del héroe no se muestra como un acontecimiento revelador, ni como una estocada repentina, solamente está ahí incomodándolo casi sin dejarse ver, conviviendo con él cada segundo de su vida. Va por debajo de la trama, creciendo en una curva poco pendiente pero de incremento constante, de modo que Samuel se ve impasible por momentos, pese a que algo lo carcome por dentro.

La Defensa del Dragón

Escena de La Defensa del Dragón

Una hija, fruto de su matrimonio extinto, también es parte de la vida de Samuel. Lo hostiga la necesidad de unos pesos para pagar el colegio y darle un gusto de vez en cuando, sólo el fin de semana que es cuando le corresponde recogerla. La vida marcha así, sin presionarlo a morder el polvo, aunque teniéndolo siempre al borde de caer. Aquí el antagonista no es una persona con cuerpo y rostro: como en muchas vidas, es el fracaso mismo.  

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El siguiente movimiento.

Pese a todo, Samuel vive rodeado de mujeres: la hija de su casera, su exesposa, su única clienta, la administradora del club y su propia hija parecieran seguirlo en sus espacios, y son ellas las que van develando lentamente las inseguridades que lo habitan acusando su torpeza sin quererlo. Su vida es una partida de ajedrez, Samuel es un tipo con miedo al siguiente movimiento, que vive con precaución y temor a lo desconocido. Todo en su vida, por lo tanto, está precalculado: conoce de memoria las partidas célebres, sabe cada movimiento y la casilla exacta donde debe resultar su ficha. Así pues, mide el futuro con cautela, sabe que “ficha tocada es ficha jugada” y que mover en falso lo puede llevar a perder la partida en pocos turnos. Sus conversaciones con las mujeres son milimétricas y jamás arriesga nada atreviéndose a decir una palabra de más. Prefiere rendirse porque cualquier ruptura en su esquema de juego lo pone frente a frente con el abismo.

El conflicto se va pintando muy lentamente, tiene que ver con las mujeres y la vida en general. Julieta, la hija de la casera, es una jovencita tan convencional como el relato. Tiene una mirada inquietante y un cuerpo carnoso pero en definitiva no es una clásica femme fatale. Al contrario, anda por ahí en chancletas y en pijama, ayudando a su mamá en las tareas de la casa. Samuel tartamudea y se petrifica ante las mujeres, evitas las miradas y huye en las conversaciones, esto hace que Julieta con picardía se fije en él. Así empieza un punzante intento de seducción que a Samuel no le es indiferente, pero al que por su propia inseguridad no puede responder, y continúa masturbándose en la soledad de su habitación. Cada semana Samuel ve también a Matilde, la madre de su alumno de matemáticas. Enseña al niño algunos ejercicios mientras la observa desde lejos. Matilde, que es madre soltera, también ve algo atractivo en él y cada semana le paga su dinero en un sobre con una flor pintada a mano que lo incita a avanzar un poco.

Una mañana fría, Samuel se sienta frente a un par de huevos duros en medio de un plato inmenso. Los mira por un lado, desganado los acaricia con la cuchara, se ven tan solitarios e inmóviles como él, como Joaquín o como Marcos. Produce miedo la idea de caer en un estado de quietud como ese, estar detenido en el tiempo como Samuel y ser víctima de sí mismo.  

La Defensa del Dragón

Escena de La Defensa del Dragón

Jaque.

La defensa del dragón en ajedrez se llama así porque la posición de las fichas forma un dragón sobre el tablero, explica Samuel a su aprendiz. “Yo no veo ningún dragón” responde el muchacho. Al final de la película podemos bien pensar que es una alusión a un personaje arrinconado contra las cuerdas que se defiende de la vida, o bien, que tal como lo dijo Samuel en medio de la historia “hay cosas en la vida que no tienen sentido”. Y así es el mundo.

En esa forma las vidas de los tres avanzan con la lentitud y parsimonia de un hombre cansado: ni la muerte del hijo de Marcos, ni la quiebra de Joaquín, ni la expulsión de la pensión de Samuel se muestran como conflictos irremediables, son apenas eventos naturales que hacen parte de la vida. En realidad, el relato no reclama una explosión de crisis, la crisis está incomodando todo el tiempo para acercarnos a un momento crucial. Segundos antes del cierre, Samuel comprende que la única manera de evitar el fracaso, es romper su propia quietud, tal como en muchas acciones de la película, el suceso finaliza (afortunadamente) en punta. La Defensa del Dragón deja claro que en el cine, en la vida o en la narrativa es sólo una movida la que determina el resto de la historia.

La Defensa del Dragón

Escena de La Defensa del Dragón

Curiosidades:

Participó en La Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2017 siendo el único filme latinoamericano incluido en esa selección.

Natalia Santa concibió la película mirando a Bogotá en una serie de fotografías de su esposo, el fotógrafo Iván Herrera.

Dada la cadencia de la película, a la escena en que Samuel y Cebrián se lanzan un vaso de agua a la cara en medio de una discusión, la llamaban “la escena de acción”.

 Editado por Juan Carlos Lemus P.

La Defensa del Dragón: miedo inmóvil
Puntos fuertes
  • Es una película con un ritmo milimétricamente calculado, que se toma el tiempo de detenerse en detalles y contar cada momento con delicadeza.
  • La versión de Bogotá que muestra la película hace que el universo que plantea sea muy verosímil.
  • La poética y el humor surgen en la película de manera espontánea sin ser forzados.
Puntos débiles
  • Para un espectador que busque un conflicto evidente, esta película podría parecer inmóvil.
  • El doctor Cebrián resulta un poco caricaturesco para el contexto general de la película
80%JAQUE MATE
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THE END MAGAZINE

About The Author

NICOLÁS CUERVO RINCÓN

Realizador Audiovisual de la Universidad Nacional, Magíster en Escrituras Creativas, inventor de historias para el papel y la pantalla; y docente de cine para jóvenes de bachillerato. Ha llevado sus letras al audiovisual publicitario, a la ficción y a publicaciones impresas y digitales. En 2013 fue ganador del Concurso Nacional de Cuento RCN y Ministerio de Educación Nacional con el relato “El emperador pacifista” que se publicó en la antología Colombia Cuenta. Le gusta encontrar historias que revelen con gracia las vetas oscuras del alma humana.

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