Seguimos con nuestra retrospectiva de Mentes Enfermas. Hoy le toca el turno a Schramm, una de esas películas en las que siempre se lleva al limite al espectador

Hoy seré sucio, pero mañana seré basura” con esta frase del asesino serial Carl Panzram, da inicio la última película del director Alemán, Jörg Buttgereit, SCHRAMM, un director conocido por su género de horror-grotesco,  que cierra su legado cinematográfico  con una perturbadora mirada “Dentro de la Mente de un Criminal”, título completo del film. Como gran amante de la muerte, -temor que despierta en todos nosotros-, nos invade de angustia con la  pregunta. ¿Si la vida es así, cómo será la muerte?

Para este cineasta del sexo y la violencia, que hace del tabú, arte de contrabando, todo es de esperarse. En un limbo de tiempo que se retrocede, Lothar Schramm (Florian Koerner Gustorf) yace en el suelo inconsciente tras un accidente doméstico. Su cabeza comienza a dar giros en slowmotion hacia el pasado, tal como se inspiró Christopher Nolan con Memento (2000) para su primera escena. Buttegereit nos adentra en este rompecabezas de memorias y deseos reprimidos.

Entre las imágenes: pintura blanca, sangre, una maratón, o una prótesis, son algunos de los recuerdos que acechan como cargos de una conciencia perdida. Al igual que su opera prima The Exploting Sport Shoe (1980), -cuyo título original era “La Destrucción más Hermosa”-, un documental de dos minutos para la televisión sobre el punk rock, el director introduce la mente de este personaje que se mece entre la vida y la muerte.

“Siempre exponiendo lo gore de la anatomía, la retorcida cabeza del director señala los peligros de uno ante la sociedad, pero sobretodo ante uno mismo, como ser autodestructivo que es el hombre, mutilación, amputación, castración, perforación, deformación, mutación, sadismo, humillación y necrofilia son algunos de los temores por el que ha adquirido una repugnante reputación.”

Tres meses antes de rodar, el actor recibió una llamada de Buttegereit con quien ya había trabajado antes en la cinta Nekromantik 2 (1991), al igual que como su co-estelar, Monika M, quien regresa como Marianne, la vecina de al lado, de quien está secretamente enamorado. Gustorf interpreta a un individuo solitario, con sobrepeso y calvo; presa de su inseguridad, es llevado a cumplir sus más oscuras fantasías.

Entre flashbacks que saltan de uno a otro, en una línea de tiempo, un periódico con el titular “Muerte solitaria al Asesino del Lápiz Labial”, revela a este peculiar hombre, que no tiene relevancia alguna con el verdadero homicida serial “Lipstick Killer”, William George Heirens. Siempre exponiendo lo gore de la anatomía, la retorcida cabeza del director señala los peligros de uno ante la sociedad, pero sobretodo ante uno mismo, como ser autodestructivo que es el hombre, mutilación, amputación, castración, perforación, deformación, mutación, sadismo, humillación y necrofilia son algunos de los temores por el que ha adquirido una repugnante reputación.

Como lo demostró en el 87´ con su popular obra Nekromantik, la que inicia con una advertencia: “parte de esta película puede ser vista como grotescamente ofensiva y no deberá ser mostrada a menores. En eso estoy de acuerdo, el resto no se la deben perder”. Obsesionado con el dolor y lo penosa que es la vida, nos confronta con ese terrible momento de la muerte, que a veces, pareciera más pacífica.

Ya que como cineasta nihilista, – deseoso por dejar de existir-, en SCHRAMM los sueños reprimidos se convierten en algo negativo. Basado como siempre en perfiles de criminología, Buttegereit como en la mayoría de sus trabajos, cita a famosos homicidas, y para alguien que quiera aprender a dominar la vida y la muerte, recomiendo plenamente sus películas, las cuales no pueden dejar de ver.

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SCHRAMM únicamente se centra en aquellos deseos que tanto escondemos y que películas como Der Todesking o El Rey de la Muerte (1989), -que a mi parecer fue el Opus Magnum de su carrera-, nos enfrenta cara a cara con nosotros mismos, con ese espejo del baño al que despertamos todos los días, aquella frágil identidad con la que pretendemos vivir y que pronto sabemos dejaremos atrás, o dicho en las palabras de F. Lasenaire, “Lo que me mata es mi secreto” y ese es el terrible temor en todos, que si no somos asesinados por nuestros secretos, probablemente terminaremos con una vida ajena, ya que hasta no liberarnos de nuestras fobias, no podremos dejar existir.

Lo que es un largometraje de una hora, resultó en un periodo de año y medio para su realización. Fue una producción de bajo presupuesto, razón principal por la que a a Buttegereit ya no le parece rentable hacer cine, gracias a que la piratería por internet, no ha dejado fácil arriesgarse a invertir en esta clase de películas. Su labor se ha visto prohibida en muchas partes del mundo, lo que probablemente haya afectado sus ganancias en taquilla.

Pero tengo la esperanza que siempre van a haber personas como éste cineasta que aceptan la muerte como parte de la vida, que no es muy diferente de los medios amarillistas, con el los que nos vamos a acostar cada noche, que sólo pretenden vender una historia, para manipular bienes económicos y sociales a través del miedo. En cambio el cine, en este caso, hace que tus sueños más temibles se conviertan en una realidad, de la que les aseguro saldrán vivos, inverso a la vida que no dará otra opción, que no puedo negar, morir parece horrible, pero no vivir esta experiencia cinematográfica puede llegar a ser fatal. Para Nicolas Winding Refn, director reconocido por su erótica y electrizante The Neon Demon (2016), la violencia tiene algo muy sexual, y viniendo de alguien que retomó la visión del ángel de la muerte, para Schramm, su masculinidad inadecuada lo deja impotente con lo que los otros tienen por ofrecer: poder.

“Como una venganza universal, atrapado por una capa de culpa, Schramm trata de aferrarse a las memorias de una inocencia lejana e inalcanzable, que lucha contra su propia oscuridad”

Un día, Marianne toca a su puerta por que necesita que la escolte con unos clientes que no son sus regulares y no parecen muy confiables, pero para él, su mayor temor no es que caiga en manos de otros, sino en las suyas. La objetivación de la mujer, la carne débil y la incomprensible incompatibilidad entre los cuerpos, que misteriosamente los une. El cine de este director, nos enseña a poder llevar la luz con la noche, el día con la oscuridad, el sueño con el despertar y la vida con el tan esperado final.

Aunque no justifico la violencia y el sexo, es algo natural que existe mucho antes que el cine, sólo que ahora recreamos la historia con ésta. Jörg como monstruo sexual, desvía el género, que aunque a veces extremo, nunca deja de ser cierto; los monstruos de carne y hueso no son ficción, y para este director con sentido de individualidad, las heridas que dejaron los Nazis, se ven proyectadas en todo su trabajo.

MENTES ENFERMAS II : Schramm, de Jörg Buttgereit (1993)

Jörg  juega a  explicar un desequilibrio social, fetiches, torturas y sumisión, por citar solo algunos de los incontables actos que psicológicamente han traumatizado al mundo entero, problemas todos ellos  que nacen de un holocausto existencial, que transforma a seres pasivos en posibles criminales reactivos. La muerte es la pérdida de uno, de un ser querido o de la persona, ya sea unas horas, segundos o para siempre, de la misma manera, como uno pierde por muy corto tiempo la conciencia después de tener un orgasmo, no saber amar crea odio, muerte, seres inconscientes, incapaces de poder relacionarse con los demás y con su propia existencia.

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Por eso recomiendo ver toda su obra para enfrentar, así sea, por corto tiempo la muerte y poder quedar en paz o peor aún, quedar con ganas de no vivir más, lo que da igual a una vida muerta, que a una muerte viva. Como una venganza universal, atrapado por una capa de culpa, Schramm trata de aferrarse a las memorias de una inocencia lejana e inalcanzable, que lucha contra su propia oscuridad, pero lamentablemente toma forma de bestia al no tener otra escapatoria y cuando el sexo no consensual, se cruza con el deseo de poseer, el choque será una transgresión de la conciencia hacia su lado más primitivo, que consecuentemente irá en contra de todos los valores que conforman a la vida humana y por ende, el precio que se paga por ser parte de una sociedad desequilibrada, ya que “Lo que vive, no vive de la muerte de alguien más” V. L. Compton.

MENTES ENFERMAS II : Schramm, de Jörg Buttgereit (1993)

Somos uno más de la maratón, y para el director era muy importante que para el rol, el actor subiera 35 kilos de peso. Sin saber de que trataba el film, Gustorf accedió, y para alguien que supuestamente ya había actuado de reparto en varias películas porno, quitarse la ropa no iba a ser difícil; pero en una de las escenas en la que Schramm tiene sexo con un torso inflable, fue imposible lograr el realismo que el director esperaba y aunque con un pequeño equipo que consta de un grupo de apasionados artistas, en esta escena, la pasión para el actor se enfrió, que de igual forma mostró la cruda necesidad del ser, que lucha contra él mismo, con aquel deseo de ser alguien más, de probar una vida aparte de la misma, aquella emoción que sucumbe permanentemente en la cabeza. Esta escena crea en el espectador una sensibilidad y empatía con Schramm, incapaz de amar o ser amado, no le queda de otra, más que matar.

Filmada en 16 mm, con formato Pal (4.3 o 1:33:1), las tomas y los planos marcan un estilo visual que hace reminiscencia a los grandes de ahora como: Scorsese, Singh, Aronofsky y Noé que junto a la edición y cinematografía abstracta hecha por Manfred Jelinski, quedamos estupefactos, perdidos en un lugar nublado, frió y sombrío, que recrea un purgatorio en la psiquis de Schramm, de igual manera a como lo hizo el surrealista David Lynch en su película Eraserhead (1977) . Tengo que darle crédito a la dirección de arte, maquillaje y los FX, los que debo resaltar, que como el buen cine de horror de los 80, que de pequeño lograba crear en mí cierto impacto; con la era digital se ha ido perdiendo.

MENTES ENFERMAS II : Schramm, de Jörg Buttgereit (1993)

MENTES ENFERMAS II : Schramm, de Jörg Buttgereit (1993)

Vuelvo a advertir que este cine no es apto para ser visto junto a un menor, renace el sentimiento, tal como el de un niño masoquista, por explicar su miedo, incapaz de cerrar los ojos o de quitar la mirada, por su incontrolable curiosidad por repetir aquella familiar emoción, donde acaba de experimentar el dolor físico y la muerte, que como el arte Kiche, de Almodóvar, amante del horror y del mal gusto, crea una descabellada fascinación, donde se ve plasmado el arduo trabajo que tomó año y medio en finalizar, en un resultado final de 65 aterradores minutos.

En cuanto a la musicalización hecha por Max Muller y Gundala Schmitz, de forma nauseabunda invade nuestro oído, penetrando con ondas que hipnotizan hacia un tormento, que junto a respiraciones, voces, golpes en una puerta, (como la escena final de Mulholland Dr. (2001) y algunas referencias personales como la falsa publicidad en emisoras, promocionando su film Nekromantic; música que se ha escuchado en otros de sus trabajos y que pronto saldrá al mercado en un comic book, como sucedió con su mockumentary de Captain Berlin (1982) que fue adaptado en el 2013, cuya melodía de Peter Synthetic sirve como tema para patearle el trasero a neo-nazis. En Mein Papi, el main theme, se repite, como método que usan lambos, para lavar nuestro cerebro.

Cuando te conviertes en relleno entre la numerosa sociedad, cuando no puedes llegar a cumplir tus expectativas, la presión sucumbe hasta un punto, que el hervir de la sangre te consume, los celos, el odio, las mentiras y el resentimiento se apoderan, pero si aceptamos nuestro lado más oscuro, que a veces hay que ser honestos con nosotros y por el bien de los demás, es mejor aprender a dejar ir ese deseo, que con la ayuda de películas como esta, se puede lograr.

Ya que es mejor perderse en el amor, donde está el verdadero placer, que en la pena, donde está la ira, cuya paradoja; sin dolor no hay placer, únicamente se aplica cuando en el camino no lastimamos ni degradamos otra vida, inclusive la de una hermosa prostituta como Marianne, que como Schramm, por mucho que nuestra debilidad sea la carne, somos aparentemente un miembro fantasma, que como este director de culto, que pareció haber desaparecido, en el 2015, volvió junto otros cineastas, para crear German ANGST, aunque no fue lo mismo.

https://www.youtube.com/watch?v=6050fI_l-vk

THE END MAGAZINE

About The Author

SANTIAGO CUARTAS
COLABORADOR

Fotógrafo, Editor, Guionista, Cinéfilo, Realizador Audiovisual en proceso. ...años de devorar imagen, hacen que la entienda, en carne propia...

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