Continuamos nuestra retrospectiva con otro monstruo moderno, el del coreano Bong Joon-Ho, director de la reciente Okja

La última película de la triada de monstruos modernos se trata de una joya venida de Corea del Sur. Una narración tanto entretenida como crítica a manos del director Bong Joon-Ho (Memories Of Murder, 2003).

Un anfibio mutante del tamaño de una ballena, con un horroroso aspecto y un deseo voraz de atacar seres humanos emerge desde las profundidades del río Han, desatando el pánico colectivo de los habitantes de Seúl, en Corea del Sur. En medio de esta hecatombe, el monstruo secuestra a la joven colegiala Hyun-Seo, obligando a su aparentemente disfuncional familia a hacer todo lo posible por rescatarla. En su camino, sin embargo, no solo se atraviesa el monstruo, sino una campaña mediática de terror, un aparente virus causado por el monstruo, las autoridades confundidas y el miedo y la confusión de los habitantes de Seúl.

The Host, también conocida como Gwoemul, llegó a las salas de cine en 2006 y no tuvo ningún problema en convertirse en el filme más popular de la edición del festival de Cannes de aquel año. Ganando adeptos que la comparan con Jaws (Steven Spielberg, 1975), situándola desde el comienzo como un clásico y consolidando a Bong Joon-Ho como uno de los directores más hábiles de nuestro tiempo, The Host no solo tuvo un avasallador reconocimiento en crítica sino que hasta el día de hoy supone una de las películas más taquilleras de la historia de Corea del Sur, vendiendo más de 13 millones de entradas… en un país de 45 millones de personas. Y esto no es de sorprenderse, The Host es un filme tan entretenido como las clásicas cintas de monstruos, solo que con un lenguaje de autor conceptualmente fuerte, que en ningún momento deja que el espectáculo visual ensombrezca la profundidad discursiva.

El filme abre con un prólogo magnífico, en el que un científico estadounidense asignado a un laboratorio de Seúl ordena a su asistente coreano vaciar botellas de formaldehído por el desagüe que va a dar al río Han. La razón es que las botellas del formaldehído están llenas de polvo y el desdén por la suciedad puede, a veces, más que el sentido común. Ante las protestas de su asistente, que sabe que se trata de un líquido altamente tóxico, el científico responde que “el río Han es muy amplio, pensemos esto con mente amplia”. Años más adelante pequeños episodios cotidianos dan cuenta de avistamientos del monstruo, primero cuando era una diminuta criatura y después cuando un suicida lo nota nadando bajo el agua. Este prólogo episódico asienta de una vez una de las funciones más importantes del monstruo, su presencia metafórica del comportamiento humano: la soberbia occidental de quien cree saberlo todo mejor, el desprecio a nivel mundial por el medio ambiente y el egoísmo del ser humano, que se rehúsa a entender que pequeños actos pueden desatar grandes tragedias. El humano es capaz de crear un monstruo, pero incapaz de mantenerlo para siempre escondido bajo la superficie.

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Si bien The Host tiene un uso magistral del subtexto y, por tanto, está llena de simbolismos y metáforas que ya mencionaré más adelante, vale la pena mencionar que el prólogo es uno de esos momentos en los que se va de frente, en que se plasma una idea sin tapujos. El filme fue inspirado, curiosamente, por hechos reales. No, el monstruo realmente nunca existió. Lo que sí sucedió fue la orden de vaciar botellas de líquidos tóxicos por un desagüe. El autor de tan fatídica orden fue, de hecho, un funerario norteamericano de nombre Albert McFarland. Aún se discuten los alcances de tan absurda idea, pero la iniciativa de McFarland no fue, por obvias razones, bien recibida por los coreanos y desató una enardecida animosidad por los estadounidenses. Ah, sobra decir que dicho funerario nunca afrontó cargos por sus actos. Si se trata de tematizar la tóxica, soberbia y arrogante presencia estadounidense en Corea, ¿qué mejor forma de hacerlo, que mostrando a un estadounidense vertiendo líquidos tóxicos en la fuente de agua de la ciudad más grande de Corea?

Esta narración sin tapujos se extiende igualmente a la aparición del monstruo. Mientras que la mayoría de filmes de monstruos, incluidas Trolljegeren (André Øvredal, 2010) y Cloverfield (Matt Reeves, 2008), esconden el monstruo lo más posible para crear suspenso, The Host nos muestra al monstruo como el incidente que inicia toda la película, y lo hace de una forma magistral, tanto así que la aparición de esta bestia supone una de las secuencias más audaces del cine: a plena luz del sol podemos ver al monstruo en toda su dimensión cuando ataca a las personas que se relajan a la orilla del río. Y es que esta secuencia lo tiene todo, un majestuoso monstruo totalmente hecho en computador, suspenso, acción al mejor estilo de Steven Spielberg – el detalle de la mujer que oye música tranquilamente mientras a su alrededor se desata el apocalipsis es un muy buen ejemplo -, sangre y la presentación de los protagonistas. Hie-Bong, un hombre mayor, trabajador y dedicado dueño de una tienda a la orilla del río; su hijo Gang-Doo, algo holgazán y aparentemente narcoléptico; Nam-Joo, la hermana de éste, una reconocida deportista de arco y flecha que se conforma con la medalla de bronce al tomarse mucho tiempo antes de disparar y la ya mencionada Hyun-Seo, hija de Gang-Doo y la luz de los ojos de toda la familia. El aparente y vagamente explicado retraso de Gang-Doo le juega en contra cuando escapando del monstruo pierde de vista a su hija, la cual termina siendo raptada por el monstruo y llevada a su guarida entre las alcantarillas de Seúl. En palabras del director: “No me habría gustado que se hubiera tardado media hora en ver la cola del monstruo entre la inmundicia de las alcantarillas. El monstruo se exhibe desde el principio. Es lo que ocurre a continuación lo que interesa.”

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La aparición temprana del engendro le quita suspenso a su presencia, a saber qué es lo que pasa, de dónde viene o cómo se lo puede vencer, significa sobre todo que la narración no gira necesariamente en torno al monstruo, sino que éste es más bien el elemento que pone la historia en marcha. Así las cosas, The Host está solo aparentemente marcada en el género de Thriller-Horror y es, más bien, una sátira sociopolítica y un drama familiar permitiéndose además momentos de comedia. Gwoemul tiene mucho para decir y plantea una mirada crítica al manejo de las crisis, atacando ferozmente el terrorismo mediático, los ocultos intereses políticos y la tendenciosa hegemonía discursiva norteamericana. Durante el primer ataque del monstruo, un exmilitar estadounidense se ve comprometido cuando en su afán de neutralizar al engendro cae víctima de él y pierde un brazo. Este giro narrativo es elegantemente usado para satirizar una Corea del Sur, cuyos gobierno y sociedad se ven completamente impedidos a reaccionar ante la crisis, víctimas (o patrocinadores) de su propia corrupción e irresponsabilidad. Un empleado del gobierno que se deja comprar por monedas, los médicos que tildan de loco a Gang-Doo mientras sostienen la falsa de teoría de las existencia de un virus o el representante del gobierno en traje de peligro biológico que prefiere que los medios expliquen por él lo que sucede, son ejemplos de esta postura crítica y burlesca que propone Bong Joon-Ho. Y la sociedad no se queda atrás, el pánico y la división están por doquier. Todo queda resumido en una magnífica escena en la que entre un grupo de personas que esperan en un semáforo, un tipo escupe en un charco tras un ataque de tos. El desdén de quienes están a su lado es inmediato, la tos es un síntoma del virus que supuestamente el monstruo ha propagado. Segundos después un bus pasa por el charco levantándolo y mojando al grupo de personas. Es uno de esos momentos cómicos y agudamente críticos a la vez, una marca registrada de Joon-Ho. Vale la pena mencionar dos momentos más: la caída del representante del gobierno en traje de peligro de biológico y la secuencia de escape de Gang-Doo, quien al salir de la clínica se encuentra a médicos y miembros del gobierno disfrutando de un asado. El gobierno tambalea ante la crisis, pero se erige de nuevo y se hace fuerte a costa de algunas víctimas anónimas.

The Host muestra una Corea del Sur que se sume más bien en un estado de espera por órdenes o razones venidas de Estados Unidos, que en este caso no hace nada sino bombardear de información falsa e incendiaria, reaccionando ante la posterior muerte de aquel ex militar. No es una coincidencia que, en últimas, la película presente un monstruo “creado” por un ciudadano norteamericano que termina por cobrarle la vida a otro, pero todo esto en la comodidad de territorio extranjero. Señalar y culpar los gobiernos de otros países como estrategia para encubrir propias responsabilidades es una táctica históricamente muy efectiva, por parte de esos que tienen más poder.

Pero el centro del relato es, sin duda, el drama familiar. Decía antes que tras la desaparición de Hyun-Seo, su familia aparentemente disfuncional debe hacer hasta lo imposible por rescatarla. Esta es la línea dramática con el tono más positivo (dentro de lo posible) que se encuentra en la historia. En medio de la tragedia la familia se reúne y se mantiene unida para lograr dar con Hyun-Seo. Total, solo ellos creen que la niña sigue con vida y dadas las circunstancias, no hay otra alternativa que apoyarse unos a otros. La familia se reúne por primera vez dentro de un gimnasio donde se organiza una especie de funeral para las víctimas del primer ataque del monstruo, entre ellas Hyun-Seo. Y vemos de inmediato que los hermanos de Gang-Doo, aun cuando se creen muy diferentes, no lo son realmente. Su hermano Nam-Il, a quien vemos por primera vez, es un tipo estudiado pero incapaz de conseguir empleo y su hermana, aun cuando mediante el tiro con arco goza de alguna fama, sigue sin poder explotar todo su talento. La película, sin embargo, introduciendo una tragedia, le da la posibilidad a los miembros de esta familia de convertirse en héroes, de lograr lo que ni el gobierno, ni los militares, ni el inhumano proceder estadounidense logra. Al final la unión hace la fuerza y la familia Park logra, de cierta manera, superar su división. La aparición de un vagabundo que le recuerda a Nam-Il que la plata no lo puede todo y la presencia de un niño sin techo como compañía de Hyun-Seo en las cloacas, terminan por convertirse en otros dos héroes anónimos.

El filme de Bong Joon-Ho narra al monstruo como una representación de la sociedad moderna, donde la criatura no es solo una creación del hombre sino también una víctima de él. Donde las víctimas del monstruo son solo la cosecha de un comportamiento irresponsable que extiende a escala mundial. La perspectiva propuesta en este filme resulta interesantísima y muy innovadora. Con algunos puntos en común con Trolljegeren y diametralmente opuesta a Cloverfield, The Host plantea más que ninguna otra película de monstruos, que los humanos somos víctimas de nosotros mismos. Y mediante esta idea, supone una alegoría antiglobalización, criticando agudamente la postura imperialista occidental. Películas como The Host redefinen un género. Al igual que El Cazador de Trolls, aborda el monstruo desde una perspectiva filosófica que dota estas narraciones aparentemente simples de un trasfondo fuerte y de una postura de autor clara, de una originalidad de la que carece cada vez más el cine de Hollywood. Es definitivamente una pena que aún hoy, para el mercado estadounidense, el idioma siga siendo una barrera tan grande.

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