Pasa por Colombia una de las grandes revelaciones del año: Verano 1993 (2017), película española hablada en catalán. Acá le dedicamos unas palabras para  homenajear sus valores:

 

Verano 1993 es la primera película de Carla Simón, una directora catalana que ha sorprendido al mundo (y cosechado diversos premios) con un íntimo retrato de dos niñas que tienen que aprender a quererse como hermanas. La película pasó por las salas de la capital colombiana gracias a la diversa programación de IndieBo (Festival de cine independiente de Bogotá), después de un exitoso estreno en la sección competitiva Generation, especializada en trabajos que aborden los delirios del crecer, en la pasada edición de la Berlinale.

 

Verano

Escena de Verano 1993

 

La partida, en el film, es obligatoria. Lejos es el destino. En medio de una situación que se mantendrá en continuo misterio, Frida, una pequeña niña, parte para siempre. Sin embargo, su corazón resiste el viaje. Lo que veremos a continuación será un testimonio de esa sensación de desplazamiento físico y emocional que alguien, que no entiende cabalmente las razones que obligan a la partida y al permanecer lejos, logra profesar por pequeños, casi diminutos, gestos: una falta de caricia, una negación, un silencio, un golpe, incluso una huída.  En esta infancia se quiere describir un proceso, un viaje que se emprende sin rumbo. Las ideas y sensaciones de una niña de seis años se convertirán en el norte del film. Quizá por esa razón lo que vemos en pantalla nos despliega una fuerza emocional arrolladora, añadiendo la calidad de los momentos seleccionados para el film, que representan el posible lugar que se erige desde la diferencia para enfrentar el mundo.

Frida, esta bella niña que vive entre la confusión y la añoranza, se aferra a lo que puede: una virgen abandonada como ella en medio de árboles sirve como consuelo para tratar de encontrar una vía racional a su conflicto. Ella, con más misterio que fe, pide una solución.

Con mucho éxito la película logra combinar la mirada de un mundo lleno de miedos y dudas, pero con una determinación intachable de los niños, con un mundo racional, despojado, aparentemente, de interrogantes pero sin una pizca de determinación, propio de los adultos. El eje central de la película es todo eso que brota de la inadaptación que llega con la novedad: no en vano los niños le preguntan a Frida por qué no llora, por qué no le gusta esto o aquello otro, por qué no quiere quedarse donde está, por qué hace lo que hace.

El gran logro de este luminoso film recae en la negación de recursos melodramáticos y que, en su constante huida del argumento, hace de la dramaturgia un accesorio. Simón, la novel directora, hace una interesante radiografía a la infancia (mezclando una mirada idílica y sombría) favoreciendo “el tiempo suspendido” y buscando los pequeños trazos de luz que dejan ver las conexiones emocionales de los personajes dentro del cuadro.  En la película asistimos a pasajes fieles a la sensación de vida y que terminan, en su cálculo y en su veracidad, pero sobre todo en su forma de desplegar una visión contundente del mundo, por exceder la pantalla. Sus imágenes y las sensaciones que esas llegan a despertar se alojan en el espectador.

 

Verano

Escena de Verano 1993

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En últimas, se trata de un film de atmósfera impulsado por dos tiernas actrices que ante nosotros desenvuelven el misterio de la familia, particularmente de dos familias que, a la fuerza, son unidas: dos mundos distintos tiene que acoplarse. Estas dos niñas, con el simple hecho de sonreír, suscitan todo tipo de emociones, quizá porque se siente que lo hacen con una libertad absoluta y que no fingen absolutamente nada. Con rotundas marcas de estilo e íntimas preocupaciones, Carla Simon logra bandearse frente a las películas que suscita: Cría Cuervos…(1975), Ponette (1996), La influencia (2007), My Life as Dog (1985), agregando a la mesa una nueva forma de poner el luto en susurros, sin olvidar que el destino del film es preguntarse a dónde queda desplazada la felicidad de una pequeña que no puede dejar las sonrisas, la luz, los juegos y las celebraciones familiares, pero que sabe, muy para sus adentros, que su vida nunca volverá a ser la misma.

El film y sus momentos van dejando ver preocupaciones, formales y  narrativas, de la directora, conjurando un mundo infantil que reposa sus cimientos en sensaciones que derivan en actos de ternura pero también de insospechada maldad. Es en esta pequeña película donde se encuentran los mejores intereses y esfuerzos para  darle forma (si es eso posible) al encuentro de una respuesta para la eterna pregunta: qué es el mundo.

La última escena resulta una excelente muestra de los esfuerzos que logró compaginar todo el film en sus momentos anteriores. La angustia, absuelta por unos momentos, vuelve a entrar al cuerpo sin aviso, las consecuencias, en cambio, dan aviso: el llanto. Una obra rigurosa, sencilla y tierna que se mueve sin prisa y que nos regala un abanico de experiencias que nos despide con un pasaje para no olvidar.

 

 

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Verano 1993: susurros y preguntas
Historia90%
Actuaciones100%
Dirección90%
93%GRAN PELÍCULA
Reader Rating: (1 Vote)
75%
THE END MAGAZINE

About The Author

PABLO ROLDÁN
COLABORADOR

Espectador incansable devenido en crítico de cine. Devoto de una milagrosa terna francesa: Truffaut, Malle y Rohmer. Cinéfago. Su consigna: el cine está primero que la vida.

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