La séptima temporada de Game of Thrones dejó una sensación generalizada de insatisfacción, tanto para la crítica como para la audiencia, debido a la ruptura con las fórmulas que hicieron famosa a la serie en primera medida. Los recursos visuales no fueron suficientes para suplir los vacíos argumentales y el avance estrepitoso de la trama.  

Advertencia: Este artículo contiene spoilers

La séptima, y penúltima, temporada de Game of Thrones termina dejándonos un sentimiento de vacío, pero no como en ocasiones pasadas por el vilo al que habitualmente nos acostumbró, imaginando la suerte de nuestros personajes favoritos y el desarrollo de eventos futuros, sino por la falta de consistencia en los sucesos que culminaron en el cierre de temporada. En términos generales, esta no fue la espectacular temporada que todos esperábamos con ansias, sino que fue, a lo sumo, una mediocre antesala de lo que se avecina ad portas de la terminación de un ciclo televisivo que ha instaurado una marca indiscutible en una generación de espectadores de diversos orígenes.

A estas alturas no hace falta introducir de nuevo a los personajes, o siquiera repasar detalladamente aquellos quienes protagonizan esta séptima temporada, dado que son reiterativos y, en muchos casos, los grandes favoritos de los televidentes (razón por la cual más de uno aún sobrevive). Si bien la narrativa tiende a dar saltos al pasado o futuro según la necesidad de abordar los hechos lo amerite, la historia de la serie es lineal (aunque por momentos no muy clara).

Para todo mundo es bien sabido que David Benioff y D.B.Weiss tuvieron, desde la pasada temporada, un pase libre en cuanto a la narrativa y dirección de la serie, desvinculándose de lo escrito por George R.R. Martin en sus novelas. No obstante, en esta séptima temporada el cambio fue notoriamente profundo, puesto que la serie dejó de lado su condición caótica y anárquica, para basarse en un argumento empobrecido, mucho más directo y predecible, alimentado únicamente por los constantes (pero eso sí, espectaculares) efectos visuales. Algunos pequeños giros argumentales, y una trama escasamente nutrida de recursos dramáticos, fueron insuficientes para apaciguar las fuertes, y en ocasiones mordaces, críticas de la audiencia y comentaristas alrededor del mundo.

A los ya numerosos problemas endémicos al interior de la serie, se sumaron condiciones externas que recrudecieron aún más el malestar de crítica y audiencia por todo el mundo. En un principio, el problema era solamente técnico, pero no se quedaría así por mucho. La caída de la plataforma virtual de HBO (HBO Go) fue el punto de inicio de la indignación y reclamos por parte de quienes siguen la serie. La solución llegó a mediados de la temporada, con una extensa disculpa por parte de HBO, justificando que este lío se debía a la enorme afluencia de público que veía la serie.

Drogon reduce el ejército Lanniester a cenizas en una de las escenas más impresionantes de la séptima temporada.

Pero, como si esto no fuera poco, y sin dar tregua alguna, se sumaría a esta problemática el escándalo de las filtraciones de imágenes, información personal del elenco, libretos, e incluso episodios completos por parte de un grupo de hackers el cual solicitaba abierta y enfáticamente millonarios rescates a cambio de evitar la divulgación por todas las redes, de dicho material. A pesar de que esta sucesión de hechos no tiene una relación directa con la serie, sí afectó aspectos puntuales en torno a la misma en temas como el rating, que sumado a los problemas con la plataforma de HBO Go, presionó a muchos espectadores a optar por buscar los capítulos en páginas que los transmitieran ilegalmente. Esto ayudó también a la gran proliferación de spoilers por internet, arruinando algunas sorpresas que el equipo tenía para los fanáticos.

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Sin embargo, no todo en esta séptima temporada fue negativo, también hubo un cierto margen de ganancias, tanto para fans como para la crítica. Se confirmaron algunas de las teorías más populares (y otras varias fueron desechadas) entre la audiencia de la serie de novelas de George R.R. Martin.

La teoría más importante que se confirmó de forma explícita esta temporada (pues se venían dando pequeños coqueteos sutiles por parte de los directores desde algunos episodios atrás en esta temporada), fue la del origen y nombre real de Jon Snow. Ya los fanáticos más acérrimos habían sopesado las posibilidades, pero no fue sino hasta esta temporada que Bran Stark (conocido ahora como el Cuervo de Tres Ojos) aclaró que su ascendencia no es otra que Targaryen (su nombre real es Aegon Targaryen). Esto se debe a que fue hijo de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen. Para quienes perdieron el hilo del árbol familiar, esto quiere decir que Jon Snow viene siendo el sobrino de Daenerys.

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Este hecho cambió absolutamente el escenario político y, por tanto, de poder en todo Westeros, dado que quien sería hasta ahora la justa heredera al trono de hierro (Daenerys), ya no los sería más, sino que dicho título pasaría a ser única y exclusivamente de Jon Snow (Aegon Targaryen) quien ostentaría el legítimo derecho a gobernar por ser hijo de Rhaegar.

No obstante, esta teoría (acompañada del esperado encuentro y posterior relación entre Jon y Daenerys) fue la gran revelación argumental, y parte central del eje temático que abarcó la mayor parte de la temporada. Si tenemos en cuenta temporadas anteriores, podemos afirmar que es un argumento carente de peso, apresurado en su exposición y desarrollo, aun si fue un game changer para los eventos venideros.

Por tanto, es posible concluir que la temporada no demostró solidez en su desarrollo, tal y como tenía era su sana costumbre, sino que el verdadero propósito fue el de entretener mediante el uso de escenarios dotados de una prominente atmósfera de acción, en compañía del énfasis de cerrar ciclos sin efectuar gran profundización en la coherencia de estos en relación a la trama general. Es cierto que los dragones fueron una parte decisiva en esta temporada, pues más que un arma de destrucción masiva, son, a su vez, un símbolo mucho más grande en la serie en la medida que representan la lucha entre los vivos (fuego) y los muertos (hielo).

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Así que el balance que nos dejó esta séptima temporada fue menos positivo de lo que se esperaba en un principio; pero, no por ello dejó de ser una temporada menos entretenida que las anteriores. Es cierto que pecó por su simplismo, apostándole a la fórmula más básica posible: anteponer los efectos visuales a la profundidad narrativa y argumental. Empero, la apuesta fue exitosa a largo plazo, dado que el último capítulo reunió a más de dieciséis millones y medio de estadounidenses frente a sus televisores (y otros medios), siendo el capítulo más exitoso de la serie hasta el momento.

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