La primera pelA�cula del director inglA�s FrancisA�Lee, ganadora del premio a Mejor DirecciA?n en el festival de cine de Sundance, llegA? a las salas de cine colombianas en el marco del festival IndieBo. God’s Own Country es un pequeA�o film que descubre formas dignas de admiraciA?n. ProtagonizanA�Josh O’Connor yA�Alec Secareanu

La primera imagen de esta cuidadosa (lo sabremos solo hasta el final) pelA�cula es una espalda de un joven que, frente a un espejo, vomita todo el alcohol que tragA? la noche anterior. Una espalda desnuda, cubierta con algunas pecas, es lo que se nos ofrece como carta de presentaciA?n de este curioso personaje. El cuerpo, como nos enteraremos despuA�s, serA? el eje donde convergen todas las preocupaciones de Francis Lee, su director. A�La pelA�cula se estrenA? con mucho A�xito en la secciA?n internacional de largometrajes de ficciA?n del mA�tico festival de cine de Sundance, donde se alzA? con el premio a Mejor director. DespuA�s se fue rumbo a BerlA�n, participando en la secciA?n Panorama de la 67 Berlinale.

God's Own Country

 

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Empiezan a correr los minutos y los primeros pensamientos son inevitables: los registros de un personaje que como vA�a de liberaciA?n a su mundo oprimido y marginal utiliza el alcohol A�y disparatados ataques de ira parecen obsoletos y artificiales, al menos de la forma que esta pelA�cula se empeA�aba en utilizarlos. Daba una sensaciA?n de estar utilizando una herramienta ya desgastada, estaba frente a un film que insistA�a a quedarse en el olvido. Sin embargo, de manera casi milagrosa, la pelA�cula recupera fuerzas y entra en otro registro, haciendo de sus imA?genes algo mA?s que un pequeA�o deleite del paisaje -hermoso y turbio al mismo tiempo- de los campos de Yorkshire.

A una granja que dedica sus funciones a las vacas y los corderos, manejada por una familia llena de quiebres y vacA�os: estamos ante una abuela, un padre y un hijo, llega la visita de un trabajador rumano para ayudar en las labores. El padre de nuestro protagonista estA? enfermo, no tiene las facultades necesarias para encargarse de toda la granja y su hijo, siente A�l, se estA? echando a perder, cosas de la edad (creerA? el padre), entre el licor, la oscuridad de las noches y los cuartos sin ventanas. La ayuda de otro hombre, capaz de llevar a cabo los trabajos fA�sicos mA?s exigentes, es una obligaciA?n. La presencia de este nuevo hombre se utiliza como catalizador para sacar a la superficie aquello que siempre permanecA�a en los silencios y golpes al aire del hijo protagonista. Se vuelve aquello de lo que el protagonista no puede escapar. A�Esta llegada no es inocente, el tiempo que se obligan a compartir estos dos hombres tampoco es desapercibido, en esa llegada estA? el llamado a difuminar esas fronteras que aterrorizan los cuerpos. QuizA? con un exceso de la puesta en escena por subrayar lo que ya todos en la sala sospechamos pero dejando la puerta siempre abierta para que el misterio pase.

Justo es en medio de la hostilidad (y quizA?, como deja deducir la pelA�cula, de la necesidad), cuando un arrebato toma control del cuerpo, que aparece la llamada, de la propia pelA�cula, por otra forma de ver, otra forma de descubrir las imA?genes y el nexo que se forma entre ellas, por un segundo registro empeA�ado en esclarecer lo desconocido. Entre el barro, como salvajes, se sella un pacto que se estaba cocinando en las entraA�as de estos dos hombres. El frA�o de la tarde en las montaA�as los cobija pero el calor que desprenden sus cuerpos los salva.

 

God's Own Country

 

Los dos registros que A�persigue la pelA�cula: un principio insA�pido, ensimismado con seguir sin desviaciones un sentido narrativo exuberante, y, despuA�s, un sentido de la imagen contundente, casi revelador, parecen darse un encuentro por distintos pasajes, donde la pelA�cula da evidentes traspiA�s, dejando sus recursos en manos del melodrama (en su calidad mA?s pobre e insulsa), dejA?ndonos solo atentos a pequeA�os detalles, pequeA�os visos de integridad cinematogrA?fica que terminan por enseA�arnos una posibilidad de ver las fronteras que propone un cuerpo para cruzar con el fin de interactuar con los demA?s. Son entonces sensaciones dispares.

Su logro mA?s exitoso es enfrentarse a conjurar con imA?genes, silencios y unas cuantas lA�neas de diA?logo, el miedo. Miedo a entregarse a otra persona, a querer. El miedo a expresar la ternura (con gestos corporales) es la sensaciA?n que se aventura la pelA�cula a buscar, eso es lo que hay que resaltar. A�Del encuentro de dos hombres se propone narrar las posibilidades del cariA�o, los placeres de un cuerpo sin ropas pero tambiA�n de un alma desnuda.

De forma paralela aparecen tambiA�n semillas para temas que impulsan el desarrollo de la pelA�cula. El protagonista, durante buena parte del film, se siente abandonado y viviendo como extraterrestre, sus posibilidades para irse de su casa son nulas, sus amigos todos se fueron (el pasado es algo que se le recuerda constantemente al protagonista, un pasado donde todo parecA�a ser mejor) y van a la universidad, sus tiquetes de escape. Si se va es como abandonar a su padre. La narraciA?n de la familia permite momentos, en su mayorA�a desaprovechados y mal ejecutados, que exploren los lazos. Sin embargo, el mA?s silencioso de los gestos es el que yo rescato: la abuela, mientras recoge la ropa sucia de su nieto, encuentra un condA?n usado en el piso. A?QuA� se imagina ella? A?QuA� sabe o quA� no sabe? A?QuA� oculta? El film se resigna a esclarecer el suceso y para nosotros queda el enigma del carA?cter de esta dulce abuela que, puede ser, recordaba tambiA�n lo que la chispa del cuerpo transformA? su vida. El silencio aquA� ya no es opresiA?n sino entendimiento.

Cuando la pelA�cula se decide por explorar el cuerpo, el territorio mA?s cercano pero tambiA�n mA?s desconocido de los protagonistas, alcanza sus mejores momentos. No hay pudor sino caricias. No hay temor sino regocijo. La ternura, en medio de ese terreno erosionado, de ese abismo sentimental, encuentra la forma de salir. En un movimiento de manos, en un reposar de los pies, en la distancia que separa los cuerpos, esta pelA�cula es capaz de construir un registro del control que permite las posibilidades de lo corpA?reo A�en la vida rural, se arma entonces una lucha que gesta sus defensas en la interacciA?n con el cuerpo. A�Lo mA?s importante de esta pelA�cula es su posibilidad de verla con una lupa que se arriesga por poner en escena lo liberador y estimulante del acto sexual y aquellos devenires que depara cuando se acepta. A�

 

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God's Own Country: el cuerpo y sus fronteras
Historia60%
ActuaciA?n80%
DirecciA?n80%
FotografA�a90%
78%BUENA PELA?CULA PARA DESCUBRIR
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