En vísperas del final de la temporada 7 de Juego de Tronos (Game of Thrones), más allá de ampliar la discusión con teorías y memes, nuestra columnista hace una carta abierta a todos aquellos que no ven, y no quieren ver nunca la serie, tratando de explicar la fiebre y dando unas cuantas recomendaciones para verla, o no.

Jon Snow y Dany, Game of Thrones

Querido antiGOT:

Esa noche, contigo, yo me imaginaba señales de angustia en las caras de los seguidores de la serie: tenía que explicarle a un acompañante anti-fanhood que ese drama televisivo que tanto les gusta no suele ser una serie tan polarizada entre el bien y el mal como el capítulo que acababa de pasar, falta poco para que se acabe la temporada, que incluso a los seguidores nos ha bajoneado y seguro que ver dragones que vuelan a la velocidad de la luz y cuervos que envían mensajes en milisegundos no pudo haber sido un buen síntoma para un capítulo de iniciación. Hoy me asombra haberme quedado corta y no haber podido explicarte bien la genialidad de Game of Thrones; pero creo que la discusión estaba atravesada por una cuestión de fondo.

Absorta por la fogosidad del momento, no me di cuenta de que toda la situación carecía de una magnitud trágica. Finalmente, a mí me parece bien que no veas y que nunca quieras ver Game of Thrones, de hecho me recuerdas a mi versión más pura: la de alguien con las tripas en su lugar, con tiempo para leer horóscopos y para hacer sushi los viernes. Hoy, ocho días más vieja, adivino algunas convicciones, esas garrapatas que cogen tu corazón y te hacen contraatacar para sostener una posición política, o defender, por ejemplo, como un perro hambriento en su jardín, que Forest Gump es la peor película que has visto. Esa noche yo casi me defiendo, pero era difícil, incluso citando a Mary Shelley no habría podido defender a los White Walkers.

Game of Thrones

No es que ahora, de repente, yo me vaya a convertir en la abogada defensora de Game of Thrones; no voy a a usar falda larga y a portar una espada de acero valyrio en una estación de Transmilenio mientras reparto versiones de Canción de hielo y fuego. Que yo recuerde, empecé a ver la serie cuando iba en la quinta temporada, llevada por una curiosidad parecida a la que te lleva al sexo, a las drogas y a Barrancabermeja, más que por verdadero interés. A uno deberían explicarle que Barrancabermeja es justamente ese infierno de arquitecturas incomprensibles que es Game of Thrones y que con esta serie de ninguna manera podía seguir acostumbrada al héroe masculino, solitario y noble de la narración clásica.

A ti te parecerán patadas de ahogado, pero creo que esta fiebre contagiosa de GOT tiene una explicación muy sencilla. Es una serie con puntos de giro contundentes, que desafía tus expectativas. Su razón profunda, es decir, la simbología de los pájaros en Los pájaros de Hitchcock, está vinculada a las aspiraciones de una generación que, como todas las generaciones, quiere ser la última. Al parecer, nuestro entendimiento del mundo se ha dado mediante el enfrentamiento a una pantalla. Susan Sontag, sin saberlo, tal vez haya ofrecido la mejor definición de nuestra generación, cuando en “Sobre la fotografía” afirmó:

Una sociedad llega a ser “moderna” cuando una de sus actividades principales es producir y consumir imágenes, cuando las imágenes ejercen poderes extraordinarios en la determinación de lo que exigimos a la realidad y son en sí mismas ansiados sustitutos de las experiencias de primera mano, se hacen indispensables para la salud de la economía, la estabilidad de la política y la búsqueda de la felicidad privada.

Game of thrones

Gracias a la televisión y a las horas eternas que teníamos, nosotros, quienes veíamos entrar y salir de casa a nuestros padres siguiendo sus horarios oficinistas, entendimos ciertos valores y perspectivas que solo el dolce fare niente puede infligir: que el tiempo es la dimensión más grande del universo y que ante él somos ínfimos; que la repetición (la del sofá, la de la pantalla, incluso la de las cosas “entretenidas” etc.) es la redundancia del tiempo sobre sí mismo, y que casi todo en el mundo, llega a su final, solo para volver a comenzar.

Game-of-Thrones-1

Es apenas natural que Game of Thrones se instale y eche raíces  gracias a personas que entendimos que las pantallas no son una mera superficie pasiva, sino que pueden ser una fuente inagotable de intercambios y recorridos. Es más, siendo una obra de arte transmedial (trans-storytelling, si se quiere), se completa gracias a la suma de los libros, las series de TV, los videos de teorías en Youtube y las conversaciones en fiestas. El conocimiento de la saga se hace posible solo mediante el intercambio de saberes; es imposible entender su complejidad sin retroceder dos generaciones dentro de las familias de GOT. Esta característica pone en crisis la noción de autoría ¿Es verdaderamente R.R Martin el creador de esta historia? ¿O somos todos autores ya que la serie se despliega en el acumulado infinito de la creación que es en internet?

sniff a Lady Olenna

Es esto lo que no logré explicar esa noche, tras ese capítulo. Que esta no es una serie moralizante que simplemente nos explica las maneras en que se alcanza el poder, porque para eso leemos a Hobbes y a Maquiavelo, que no es una serie que se limite a hacer paralelos con la realidad y nos advierta del calentamiento global (leí esa teoría sobre los White Walkers, que te habrás dado cuenta que como toda cosa invencible, son fundamentalmente tediosos) Nosotros no vemos Game of Thrones por la escenas de sexo (exclusivamente) ni por el placer que produce postergar el suspenso. Vemos Game of Thrones por la espectacularidad de los escenarios y los diálogos, porque cada personaje es un prisma de maldad y bondad que muta temporada a temporada, por los guiños que le hace al mundo del cine y del espectáculo, en general, con sus coreografías épicas, pero sobre todo, arriesgándome a sonar cursi, porque es una serie que formamos y que nos forma colectivamente.

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A GOT se le puede acusar de muchas cosas: de que Jon Snow, el personaje central que todos aman, sea aburridísimo; de que se autoproclame la gran serie de nuestros tiempos, pero salgan muchos cuerpos femenino desnudos y ningún miembro masculino, de forma mojigata y heteronormativa; de que haga uso de recursos dramáticos inverosímiles. Pero jamás se podrá decir que no sea una obra con marcado carácter político, ni que corresponda fielmente a las expectativas que nos creamos, y que hemos naturalizado, gracias a la costumbre y cercanía con la narrativa clásica y hegemónica de Hollywood.

Quiero que la veas mientras su universo sigue siendo descabellado y cruel. Nosotros somos un poco Tyrion Lannister, el enano famoso que seguro ya reconoces, el personaje más astuto, encantador, borracho, mujeriego y perseguido de toda la serie. Una representación ideal de nuestra impotencia ante estos tiempos de gobernantes locos, que no necesitan fuego de dragón para hacernos querer buscar una realidad menos palpable en una pantalla. Nosotros venimos siendo la cabeza grande que se queja en un cuerpo pequeño y sin mucho poder de acción, y quizá sea esa la razón por la que el poder de esta serie radique en la discusión con la cabeza. De las muchas maneras que habría para decirlo, no encuentro una mejor que las palabras de Juan David Cárdenas:

A la figura del flaneur que transita según recorridos inéditos para establecer una experiencia multiforme de la ciudad del siglo XIX, la cultura digital superpone una nueva figura: el flaneur de los datos, que recorre la red saltando links e hipervínculos en trazados sumamente diversos. El flaneur ya no se pierde en la masa, sino en el mundo virtual saltando de conexión en conexión y experimentando sin el respeto a un trazado previo o modelador. Así, de dato en dato. Es decir, y esto es definitivo, la proximidad espacial y temporal que facilitan las tecnologías de la teletransmisión de datos estimula el crecimiento de miles de opciones de recorridos y de usos. La era digital es la era de la multiplicación de los usos. En este caso, de los usos de la obra cinematográfica. Por su propia naturaleza técnica, lo digital no cesa de multiplicarse en su funcionalidad y esta proliferación expresa su potencial político. Se trata, entonces, de una tecnología de la diferencia, de la producción de la diferencia. O, dicho en otros términos, de la pérdida de las identidades, de la multiplicación y desustancialización positiva de la obra de arte.

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THE END MAGAZINE

  • Rodrigo Alejandro Sánchez Lira

    Que estupidez de articulo.. Parece solo la declaración de una mega fan con bastante cultura debo decir como para utilizar argumentos validos.. Que no por ello deben de ser tomados como un criterio para quienes realmente no nos atrapa la trama de una serie de tv .. Y que somos mas que un %.

  • fathermocker

    Uf, menos ganas me dieron de verla con este artículo, abundante en referencias incomprensibles para quienes no la hemos visto, halagando los clichés de siempre, cayendo en esas exageraciones tan agotadoras, y para colmo, con un aire de superioridad por algo tan banal como haber visto una serie, lo que sólo provoca rechazo. Es justamente por eso que no he querido ver GOT, porque sus fans son lo más insoportable que hay.

  • Brayan Triviño Arevalo

    fanáticos los que duraron 25 años esperando la obra maestra de Lynch.. Twin Peaks…