Orphan Black, una de las series de ciencia ficción más importantes de los últimos años, llega a su fin. Son muchas las razones por las que será recordada, especialmente la actuación de su protagonista. 

Sarah Manning (interpretada por Tatiana Maslany) es una huérfana rebelde que, después de haber huido a Londres, vuelve a Canadá  con el objetivo de recuperar a su hija, a quien dejó al cuidado de Siobhan Sadler (Maria Doyle Kennedy), su madre adoptiva. Durante su regreso, Sarah es testigo de una muerte inquietante: en una estación del metro, una mujer, idéntica a ella, se lanza a las vías del tren. Al encontrar la identificación en el bolso de la mujer, decide suplantar su identidad para robar de su cuenta bancaria el dinero que le hace falta para huir con su hija. Sin embargo, durante su farsa, la protagonista descubre una verdad sobre su identidad que no solo le impedirá el fraude, sino que le cambiará su destino para siempre.

Graeme Manson y John Fawcett, los creadores de Orphan Black, nos presentaron esta misteriosa premisa en 2013 y su trama ha venido creciendo e intrigando a miles de espectadores de todo el mundo: Sarah Manning, Elizabeth Childs (la mujer que se suicida) y otras mujeres idénticas, que conocimos en el transcurso de la serie, son en realidad un grupo de clones que nacieron de una investigación científica oculta, y a quienes se les ha escondido su verdadera identidad. Así, lo que parece ser un dramón detectivesco durante el primer capítulo se convierte en una de las series de ciencia ficción más interesantes de los últimos años.

Con su último episodio, que se emitirá este sábado por su cadena original y que se podrá ver el domingo en Netflix, Orphan Black se convierte en una serie de culto que retoma las características de las novelas clásicas de ciencia ficción y las trae a un mundo contemporáneo preocupado por la pérdida de la identidad, las implicaciones éticas de los avances científicos y tecnológicos y las intenciones lucrativas de las multinacionales que los patrocinan.

Tatiana Maslany en su rol de Sarah Manning

Cuando Sarah descubre que es un clon empieza también la búsqueda de su propia identidad y su lucha por la emancipación. A medida que va conociendo a otros clones como ella y estableciendo una relación de hermandad (el grupo recibirá el nombre del club de los clones), Sarah comprende que, a pesar de que comparte el código genético con el resto de mujeres, son todas distintas entre sí: Cosima, una excéntrica e inteligente científica que estudia un doctorado en Biología Evolutiva; Allison, una acartonada ama de casa que lleva una vida “perfecta” en los suburbios de la ciudad, con su esposo y sus dos hijos adoptados; Helena, una asesina en serie ucraniana que es criada en un convento y entrenada para matar a los clones por ser “abominaciones” de Dios; Rachel, la cruel clon consciente de su origen y criada en el laboratorio para observar los adelantos de la investigación; Kristal, una esteticista superficial obsesionada con la industria de cosméticos; y M.K., una hábil hacker que se oculta en las penumbras informáticas para evitar la persecución de sus enemigos.

De esta manera, Orphan Black toma una posición frente a la construcción de la identidad individual: a pesar de que genéticamente son la misma mujer, su personalidad ha sido influida por una serie de factores culturales que las construyen como individuos distintos, independientes y autónomos.

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Lo cultural, por tanto, se convierte en el factor que determina las formas de ser de las personas; una idea que, aunque ha estado presente en el transcurso de toda la serie, se hace evidente en el octavo capítulo de la quinta temporada; la más reciente. En este episodio, Felix (Jordan Gadavaris), el hermano adoptivo de Sarah y cómplice más cercano del club de clones, hace una exhibición de arte en la que expone las distintas “versiones” de su musa: su hermana. Para el mundo, las pinturas de Felix son las distintas facetas de personalidad de una mujer pero, para el espectador de Orphan Black (que conoce la existencia de los clones), es la manifestación pública de una genética moldeada en distintos contextos y culturas; es la prueba de que la biología no es el único factor que determina la existencia de los sujetos.

En este episodio, además, la serie le hace un homenaje a esa musa, al pilar estructural que la mantuvo viva durante cinco años: la magistral Tatiana Maslany, quien es en realidad (o al menos lo es en este capítulo) la obra de arte andante. Ganadora del Emmy como mejor actriz en una serie dramática en el 2016 por la interpretación de once personajes diferentes, Maslany le da una vida tan auténtica a los clones que el espectador olvida que es la misma actriz. La individualización de cada clon es fascinante y asertiva, y se gana el corazón del público que no puede reconocerlas en un solo cuerpo. Maslany llena sola el set de grabación y, sin duda, su rol (o sus roles) ha dejado una huella inmensa en la historia de la actuación reciente.

Jordan Gadavaris interpreta a Felix, hermano de Sarah

Ahora bien, la revelación de una conspiración  y sus investigaciones ocultas sobre la clonación humana ponen sobre el escenario las implicaciones éticas que esto conlleva. Cosima, durante la primera temporada, logra descifrar que en su configuración genética hay un código de barras, un registro de patente. Esto significa que cada clon es propiedad del laboratorio que las creó. Su conflicto es, entonces, una lucha por la libertad, una rebelión por su derecho a la autodeterminación. Las clones, que han sido vigiladas y espiadas desde su nacimiento, deben hacer una declaración: su vida, su cuerpo, sus genes les pertenecen a ellas y no a una multinacional. Esta pugna convierte a Orphan Black en un retrato que, a través de imaginarios propios de la ciencia ficción, muestra las luchas feministas por el aborto, en las que se reivindica la plena autonomía de las mujeres para decidir sobre su cuerpo.

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Aunque no tiene la implacabilidad de Black Mirror, las ambiciones narrativas de Fringe ni los grandes misterios de Lost, Orphan Black merece estar en el podio de la ciencia ficción televisiva. A través de las aventuras de las clones para liberarse por completo de una conspiración que las necesita para “dar un paso más allá de la evolución”, la serie muestra los alcances éticos de la ciencia, la rebelión feminista del siglo XXI y las teorías de construcción de las identidades de los sujetos. Además, revisa la historia reciente de la evolución y la ciencia ficción. No en vano, los títulos de sus episodios se inspiran en citas de El origen de las especies de Charles Darwin, durante la primera temporada; las obras de Francis Bacon, en la segunda, y el discurso del fin de mandato del ex presidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower, durante la tercera.

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