Tratamos de mantener la calma. Contenemos la respiración, inmóviles, debajo de una carpa en un café en Roma, esperando a que explote un huracán.  Abel Ferrara vendrá para hablarnos de su próxima película:  Pasolini.

El sol brilla alto, la Isla Tiberina de Roma es un oasis y el Tíber hace lo posible por refrescar  en un día bochornoso. Abel Ferrara llegó hace algunos minutos, pero parece no vernos. Está inquieto. Gruñe un saludo, se enoja e inspecciona el lugar. Se sienta y bota al piso una maleta. Barre las botellas vacías de la mesita del bar, evitando cualquier tipo de contacto. Parece un mastín napolitano. Uno de esos encargados de vigilar villas, implacables en su misión: defender el territorio, proteger al dueño. Ferrara, en este momento, está cuidando de algo muy valioso: su película. Pasolini (2014), seleccionada en la pasada edición del 71 Festival de Venecia, es un proyecto en el cual el director estadounidense ha gastado todo tipo de energía.

Ha conquistado y entrevistado amigos y parientes, ha visto la filmografía completa y leído cualquier cosa realizada por Pier Paolo Pasolini. Por esos días estaba terminando la edición. Me siento en frente suyo como si me acercara a un doberman. Le muestro la revista. Él la revisa. Le explico que es para jóvenes que tienen ganas de hacer cine. Ferrara navega las páginas. “Así que terminaré aquí adentro”, dice. Hay un silencio. “Okay.” Media hora después, la entrevista termina con un abrazo y una consapevolezza. Ferrara realmente estaba protegiendo algo valioso.

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El último día de Pasolini

Empecemos por tu película: ¿Por qué Pasolini?

Lo que me mueve, desde siempre, es el deseo de expresarme. Hago películas para seguir una visión. Pasolini me interesa como periodista, poeta, escritor, artista y revolucionario. Él tenía una personalidad compleja. Traté de estudiarla hasta al fondo y honestamente nunca me detendría.

¿Por qué el filme cuenta sólo el último día de la vida de este personaje?

Sobre Pasolini se podrían hacer un billón de películas. Yo elegí concentrarme sólo en un día. Me importa un culo lo que piensen los que tratan esta historia como si fuera una investigación.  Es una película y no me interesa decir quién lo mató ni cómo lo hizo. Yo hago una tragedia acerca de lo que perdimos cuando él se murió.

En Italia el recuerdo de Pasolini todavía está muy vivo.

No es verdad. Todos aquí dicen que lo conocieron. La gente se llena la boca con sus citas. Pero realmente tengo la impresión  de que el valor de su trabajo se reconoce mucho más fuera de Italia.

Pasolini de Abel Ferrara

Pasolini de Abel Ferrara

Una película de italianos hecha por estadounidenses

En todo caso los italianos sospecharán de una película “americana”.  ¿Qué esperas de las críticas?

No me importan. Las expectativas que me interesan y que no quiero traicionar son las mías. Para mí  es suficiente una sala de cine con un techo encima, en la cual pueda mostrarle mi película a los espectadores. Me parece presuntuoso esperar cualquier otra cosa.

Para el rol de Pasolini no has elegido a un actor italiano, sino a Willem Dafoe. ¿Por qué?

Antes que todo porque yo soy americano y no hablo italiano. En segundo lugar, para mí Pasolini no es italiano. Me explico mejor: estoy haciendo una película sobre un hombre que es esencialmente un poeta. Incluso cuando hace sus entrevistas él es un poeta y no un periodista. En ese sentido, no es posible hacer una película sobre la poesía sin encontrar un idioma propio, íntimo y personal, para contarla. Pasolini era un tesoro universal y su trabajo es global. Más que eso: intergaláctico. Para representarlo necesitaba tener conmigo al actor con el que tuviera mayor afinidad y elegí muy bien. Willem es perfecto en la película.

Un proceso creativo agotador
Pasolini de Abel Ferrara

Foto: Francesca Fago

¿El proceso creativo es algo doloroso para ustedes?

Todo se convierte en algo fatigoso cuando estás trabajando con las emociones. Es un desarrollo doloroso y complejo. Es un poco como buscar relajarse en un río tratando de ir tercamente contra la corriente.

¿Y cómo te sientes ahora que estás terminando ese proceso?

El último día de rodaje es definitivamente el día más feliz. Pero no dura nada. Estás exaltado por 24 horas y después tienes que re-empezar todo el proceso en la fase de edición. La euforia persiste por dos días. Después editas, terminas la película, la muestras a los espectadores y  por un tiempo sigues feliz. Luego todo eso se vuelve invisible por los siguientes meses.

Una vez terminada la película, ¿a quién se la muestras primero?

No tengo una sola persona de confianza, sólo tengo a mi grupo. Está mi asistente, Jacopo, el editor, el fotógrafo y el guionista que trabajó conmigo en  Pasolini y en Napoli Napoli Napoli (2010). Ellos me regalan su retroalimentación. Son el mismo equipo desde que hicimos Go Go Tales (2007). Trabajo siempre con ellos, también en Italia. Es fundamental tener a las personas adecuadas alrededor cuando uno hace una película.

También has trabajado para televisión. ¿Lo harías de nuevo?

¿Qué hice?  ¿Miami Vice (1984)? ¿Te parece buena esa mierda? De pronto le gustó a los niños de nueve años que vivían pegados al televisor. Cuando yo grabo algo no me interesa si es para cine o para televisión, porque el proceso es igual: la cámara, los actores, las historias. Lo que es distinto es el manejo del tiempo, la posibilidad de contar una historia más o menos larga. Por ejemplo Welcome to New York (2014), mi última película, duraba dos horas. Era demasiado larga. Espero que Pasolini quede cerca de los 90 minutos.

Crisis de la industria o revolución digital
Abel Ferrara en entrevista sobre Pasolini

Foto: Francesca Fago

Hace años vives y trabajas en Italia.  ¿Puedes sentir la decadencia del país?

¿Cuál decadencia? ¿Económica? ¿Cultural? ¿Política? Yo amo este país y en los últimos cinco años Italia se convirtió en mi casa. No veo ninguna decadencia. Más bien siento un cierto dinamismo. Me comprometo a gastar mis energías en cada cosa que hago aquí. El film business es un desastre en casi todas partes, no solamente en Italia.

Estamos en el plena revolución digital, todo está cambiando. La manera en la que se graban, venden y se ven las películas es distinta ahora.  Pero cuando el juego se pone difícil, como se dice en mi país, los duros empiezan a jugar.

Sí, pero la crisis está y es durísima.

Haya crisis o no, si hoy quieres hacer una película ya no tienes excusas. Tienes el celular y un puto computador.  Nadie puede pararte. Si te dicen: “Hay crisis mundial”,  no tienes por qué escuchar. Mejor dicho, no tienes que utilizar la palabra “crisis” por nada del mundo.  Eso se lo inventaron en Wall Street para joder a la gente. 

Intenta imaginarte en Italia ahora mismo, pero con veinte años. ¿Todavía pensarías lo mismo?

Claro que sí, mi querida. Sería idéntico a como soy hoy. Yo me siento como un joven de 18, de pronto uno de 19. Haría las mismas cosas, buscaría las mismas historias, trabajaría con los mismos actores, tendría las mismas dificultades para buscar financiación y no escucharía esas malditas pendejadas sobre la crisis.

¿Te gustaría darle un aconsejo a quien quiere hacer cine hoy en Italia, o en cualquier otro lugar del planeta?

Háganlo, porque hasta que un director no hace una película, no tiene la menor idea de qué se trata. No se dejen desalentar, sigan adelante y no permitan que la gente ponga un muro entre lo que quieren hacer y sus ganas de hacerlo.  ¿Tienen una visión, una historia, un sentimiento, una necesidad de comunicar? Síganla. Tomen su maldito celular y sigan sus ideas. Vincent Van Gogh vendió una sola puta pintura en su vida y no se desalentó. Agradézcanle a Dios los que tienen un celular y YouTube, los que no viven en un país bajo una dictadura. Los que están en  ciudades libres como Roma, París o Bogotá, viven en países donde su producción artística es admirada por personas de todo el mundo y el cine es la forma de arte más preciosa que existe.

Fuente: Fabrique du Cinema

Editado por Daniela Reyes

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