El Discípulo es una historia Rusa sobre el fanatismo ciego en la adolescencia. Propone una cuestión acerca de la delgada línea entre la fe y la locura.

Doctrina

Hoy en la mañana timbró una simpática señora en mi casa. Pequeñita, de gafas, muy bien arreglada; intentó hablarme de La Biblia. Sonreí, me despedí respetuosamente y cerré la puerta. No pude evadir la imagen de Veniamin Yuzhin, el estudiante ruso, andando derecho y sin ver el camino, mientras lee su gastada biblia de tapas azules.

Hemos visto de cerca el fanatismo religioso: los templos que cada vez proliferan más en las ciudades, han sido grandes captadores de devoción y fondos para las arcas eclesiales. Hace tiempo, el documental Jesus Camp nos recordaba que siempre resultan interesantes los límites a los que llega la gente, cuando se ve atrapada por pensamientos doctrinarios. Un personaje cegado por la fe cristiana ya es de por sí una atracción narrativa, una bomba de tiempo en pantalla. Lo que hace Kirill Serebrennikov en su cuarta película El Discípulo, es plantear una duda frente a ese asunto, y sin más, dejarla irresoluta en la mente del espectador.

Este film está basada en la obra de teatro Märtyrer (Martir) que el alemán Marius Von Mayenburg escribió tras leer La Biblia, y encontrar un sinnúmero de frases extrañas y con inquietante sentido. Como si algunos fragmentos llevados a otro contexto, no hablaran de fe y amor, sino de rabia y venganza.

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Mística

Aunque por su tamaño y seriedad se ve bastante mayor para la etapa que vive, Veniamin Yuzhin (Venya), es un adolescente que se ha entregado al estudio incesante de las sagradas escrituras. Lee La Biblia en todo momento, profesa la fe en el cristianismo ortodoxo y se empecina de forma arbitraria en seguir al pie de la letra lo que la palabra de Dios le dicta para cada evento de su vida sin importar lo que se atraviese en su camino. Estamos en Kaliningrado, Rusia. Venya está terminando sus estudios secundarios y ve con repudio el deseo sexual, característico en su edad, hacia las jovencitas del colegio que empiezan a hacerse atractivas. Así nos enfrentamos desde la primera escena a un joven que exige con vehemencia la prohibición de vestidos de baño de dos piezas para las estudiantes de natación de su escuela. Venya es radical en su conducta, se ha despojado de todos los bienes materiales y ha convertido su habitación en una cueva oscura sin papel de colgadura ni muebles donde duerme en posición fetal tirado sobre un precario colchón en el piso. Su biblia es lo único que lo acompaña. Venya persigue el sufrimiento como lo indica la palabra de dios: en el título de su película, Serebrennikov hace un sarcástico juego de palabras en el idioma original es (M)uchenik. Esta palabra sin la M significa “estudiante”, con ella, significa “mártir”.

Venya es un tipo rudo, se le nota en su andar y en la mirada rabiosa con que acusa aquello desaprobado por Dios. Declara la guerra a la inmoralidad, a la desnudez, pues, en La Biblia dice que todo aquel que observe a una mujer con deseo, ya tiene un primer contacto sucio con ella. Sin embargo, por momentos no entendemos la motivación de Venya para sumergirse tan profundamente en la creencia ciega de las escrituras. Al cabo de unos minutos es evidente que estamos frente a un personaje desequilibrado y suelto de la realidad para el cual su fe se ha convertido más bien en un trastorno mental. Veladamente, y a través de un par de comentarios de su atormentada madre, logramos cazar dos o tres momentos de la infancia de Venya: unos padres separados, tal vez a causa un romance entre su madre y el psiquiatra; y la prematura muerte de su conejito cuando aún era un niño. Además de eso, no hay más rastros de la estaca que se clavó en su pasado para convertirlo en un ciego vengador bíblico.

El Discípulo fue estrenada mundialmente en el segmento Un Certain Regard de la edición 69 del Festival de Cannes. Estuvo nominado a mejor banda sonora, mejor película y mejor dirección en los Premios Nika, principales premios cinematográficos concedidos anualmente en Rusia.

¿Cómo es que se construye la mística en un personaje? ¿Cómo se logra desde las acciones que el espectador se interese en descifrarlo? Venya es intrigante, es misterioso y por momentos incomprensible; no en vano, a pesar de sus radicales posturas religiosas contra el sexo, su provocadora compañera Lidiya (Aleksandra Revenko) se ve atraída por él y se le ofrece en forma descarada. Venya la rechaza en primera instancia aludiendo a La Biblia, luego accede y en la soledad del salón disfruta de un beso carnal, casi furioso. Así retrata Serebrennikov a los predicadores que ante el mundo profesan la fe inmaculada, pero en la oscuridad liberan perturbadores y secretos demonios.

Escena de El Discípulo.

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El medioevo

Es interesante hablar de religión y entender las devociones de sociedades distantes, sus prejuicios ante la ciencia, el progreso y el sexo. El relato se desarrolla en la Rusia actual de Putin, allí el director Serebrennikov es uno de los pocos artistas que ha logrado resistir el régimen en libertad. Como en el resto del mundo, en Rusia campea la religión y las mentes se encuentran domadas por la televisión, la política y la publicidad; de manera directa este director critica con fuerza el oscurantismo al que su sociedad se encuentra confinada. Aunque se pueda imaginar, lo cierto es que no es una sociedad muy diferente a la nuestra y hay quienes prefieren seguir el camino trazado por las figuras políticas, militares y religiosas, que pensar por sí mismos. Ambientando todo esto, la cinematografía de la película es perfectamente sucia y parece querer llevarnos a una fortaleza de los tiempos de Iván el Terrible: la cámara en mano revela calles manchadas, claroscuros y espacios fríos con texturas deterioradas. Una Rusia imperfecta y corroída, casi congelada en el medioevo.

El desvalido y el diablo

Los escritores construyeron a Jesús como un personaje heróico que necesita de un contexto para elevarse como salvador: un antagonista, un protegido, un milagro que realizar. Tal como él, Veniamin busca crear el entorno favorable para alzarse en la gloria, de modo que apadrina a Grisha (Alexander Gorchilin), un miserable y apocado compañero de clase que tiene una pierna más corta que la otra y es abusado por los demás adolescentes. Venya decide protegerlo basado en la palabra de Dios, así que lo invita a cenar a su casa mencionando aquel versículo que reza “se debe alimentar al hambriento y socorrer al desvalido”: —Dios dice esto… Dios dice aquello. Repite Venya cada vez que justifica el dolor con una cita bíblica.

La estructura de la película es clara y el antagonista de Veniamin es la ciencia encarnada en Elena (Victoria E. Isakov), una profesora de biología, moderna y vanguardista; pero censurada por los estándares religiosos de la propia escuela. Venya pone sus ojos en ella y empieza un sistemático saboteo de las clases de biología con el que busca pisotear el pensamiento occidental que contradice al creacionismo. Cuando Elena intenta enseñar a sus estudiantes el correcto uso de un condón, Veniamin se desnuda por completo y arrastra la clase a un delirante caos que roza con la farsa, la directora del colegio aparece para poner orden y sancionar las ideas revolucionarias de Elena, causantes de tal alboroto en los adolescentes.

Debido a la progresiva locura de Venya, Elena empieza un juicioso estudio de la biblia intentando descifrar (al igual que el espectador), cuáles son los móviles que han llevado a este adolescente a tan desmedido fanatismo, y mediante argumentos bíblicos contradice al joven en algunas de sus clases. Incluso propone la tesis de que Jesús no era más que el líder de un grupo de hombres gays con quienes dormía frecuentemente. Con esto Venya decide que Elena está interpuesta en su camino a la salvación, debe silenciarla,  callarla para siempre.

Hombre de teatro

Aunque ha dirigido otras cintas, Serebrennikov viene desde las tablas, de la dramaturgia y de la dirección teatral. Esto salpica su película en varios puntos: parte de su reparto por ejemplo Pyotr Skvortsov, el protagonista, ha participado anteriormente en alguna de sus obras. Las escenas que cargan mayor fuerza dramática en la historia, están filmadas en largos planosecuencias en que las actuaciones fluyen sin detenerse hasta completar sus poderosos diálogos. Al no cortar en medio de la escena se evita el distanciamiento generando momentos de gran tensión acompasados por la cámara en mano, que sigue la acción del personaje en movimientos precipitados e incómodos. Lejos de un discurso teatral o psicológico, Serebrennikov dice con desparpajo que lo hace por simple pereza, ya que prefiere ensayar varios días una escena, y no tener que cortar una y otra vez para lograr el plano-contraplano. En todo caso, su método se asemeja a la preparación teatral, en que una vez el actor se suelta, no puede detenerse a repetir un movimiento hasta que cae el telón. El reparto demuestra así sus magistrales capacidades y el relato se hace naturalista, casi crudo. La música con melodías en tonalidad menor, produce un clima de oscuridad que se incrementa a medida que avanza la historia.   

Demencia

En un impulso salvador, siguiendo el camino de su fe, Venya promete a Grisha curar su pierna defectuosa mediante la imposición de manos. Le hace creer que su mal congénito es debido a los pecados de sus padres y que puede ser sanado por el poder de Dios. Lo conduce a su habitación y en un retorcido acto que más parece de brujería, intenta infructuosamente el milagro de curar un enfermo. La madre, impotente ante el desorden mental de su hijo, escucha el ritual desde fuera de la habitación. Está desgastada con la crisis, es vieja y débil, aunque también devota. Se encuentra muy adolorida y no logra encontrar ni en los maestros de la escuela, ni en la propia fe, un escape al demonio con piel de santo que se ha apoderado de su hijo.

Grisha empieza a sentir verdadera devoción por Venya, cual si fuera un enviado del cielo; a tal punto que se autoproclama su discípulo y le ayuda a planear un accidente para Elena, lo que empuja la trama hacia una tensión creciente.  

Lo que viene en adelante no es más que un decadente espiral de demencia, en el que un Venya delirante pierde el control sobre su propio dogma y resulta cometiendo actos horripilantes en nombre de Dios. La película cierra en afortunado final abierto dejando en la boca el sabor de incertidumbre. ¿Por qué suceden cosas así en el interior de las personas? ¿Por qué es tan fácil que un hombre pierda la cordura? ¿De dónde surgen aquellas extrañas desviaciones sustentadas en un ser omnipotente y bondadoso? Veniamin Yuzhin es uno de esos personajes de ficción que se salen de las pantallas y caminan entre nosotros mirando a los ojos.

Curiosidades:

  • Laibach, la banda que compuso uno de los temas de la película, está censurada en la radio Rusa por ser vista como agresiva y conductora a malos pensamientos.

  • Todas las citas que aparecen en El Discípulo, hacen parte realmente de La Biblia y fueron catalogadas por Serebrennikov al momento de hacer la adaptación.

  • Kirill Serebrennikov practica el budismo.

El discípulo, mi dios no es cruel
Puntos fuertes
  • El reparto tiene grandes capacidades actorales que se ven en los largos planosecuencias de diálogo e interacción.
  • La música complementa las atmósferas oscuras que conducen rápidamente de los momentos serenos a fuertes picos de inquietud.
  • El final abierto, más que dejar el relato inconcluso, refuerza la idea de que presenciamos un personaje y un episodio perenne, que está lejos de desaparecer.
Puntos débiles
  • La obsesión del personaje por las sagradas escrituras puede resultar por momentos infundada, toda vez que no reconocemos el momento en que surge esta fijación en él. No se comprende claramente la motivación ni sus antecedentes.
  • La edad de los jóvenes resulta un poco avanzada para estar en secundaria, esto puede restar verosimilitud al relato.
82%Fanatismo religioso
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About The Author

NICOLÁS CUERVO RINCÓN

Realizador Audiovisual de la Universidad Nacional, Magíster en Escrituras Creativas, inventor de historias para el papel y la pantalla; y docente de cine para jóvenes de bachillerato. Ha llevado sus letras al audiovisual publicitario, a la ficción y a publicaciones impresas y digitales. En 2013 fue ganador del Concurso Nacional de Cuento RCN y Ministerio de Educación Nacional con el relato “El emperador pacifista” que se publicó en la antología Colombia Cuenta. Le gusta encontrar historias que revelen con gracia las vetas oscuras del alma humana.

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