Guillermo del Toro y Chuck Hogan retoman la noción básica del cine de terror con la producción televisiva The Strain, recordándonos que muchas veces el nacimiento de los grandes demonios se da con los actos humanos más básicos e inherentes a nuestra naturaleza misma. 

The Strain es la apuesta televisiva de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, quienes buscaron adaptar a la pantalla chica de manera fidedigna la famosa trilogía de libros homónimos (conocida como la Trilogía de la Oscuridad en español) de su autoría. La serie comenzó a ser emitida por el Canal FX desde el 13 de julio de 2014. Si bien el episodio piloto fue exitoso en términos de sintonía (alcanzó tres millones de espectadores solamente en Estados Unidos) y crítica, la serie tuvo el problema de mantener el ritmo cautivante de su primera muestra en los episodios siguientes. Esto se vio reflejado de manera absoluta con la caída de sintonía de televidentes en la segunda temporada, la cual no alcanzó ni la mitad de espectadores en promedio con respecto a la primera.

Para la tercera temporada hubo una breve recuperación, pero no duró más de un par de episodios. Según las críticas de televidentes, la serie se había vuelto lenta en su trama, y la aparición de nuevos personajes no beneficiaba el avance de la línea argumental que había cautivado al público en un primer momento. Esto se debía, por supuesto, al interés de Guillermo del Toro y Chuck Hogan por incorporar cuidadosamente cada elemento, sin dejar de lado el espíritu de los libros.

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No obstante, parece ser que las modificaciones que implementaron los directores para reincorporar la cuarta y última temporada funcionaron, pues las críticas tuvieron un viraje de 180 grados, exaltando el nuevo rumbo que tomó la serie.

La originalidad de The Strain, más allá de las críticas divididas en torno a la fluidez y rapidez de la trama, es evidente. El primer rasgo diferenciador entre los vampiros clásicos y los que nos presentan Guillermo del Toro y Chuck Hogan reside en el nombre con el que se catalogan. Para muchos de nosotros el término de vampiro nos vuelca indiscutiblemente a la personificación de Drácula (ya sea en su versión primaria o en otras versiones modernas y contemporáneas) hecha por Bram Stoker, mientras que para los autores de The Strain, estas criaturas son conocidas como strigoi, una palabra de origen rumano que traduce de manera casi literal “almas muertas en constante pena”.

La supervivencia siempre obliga a todos los bandos, incluso el humano, a dividirse.

En lo correspondiente a las características físicas, los strigoi también poseen numerosas diferencias frente a los vampiros habituales, dado que son criaturas de piel gris, que reemplazan los filosos colmillos por un aguijón de casi dos metros de largo, el cual genera una herida en la víctima para transformarla. En cuanto a las maneras ideales para eliminar a los strigoi, la plata (usada en la serie en forma de granadas, balas y espadas) y la luz solar (las lámparas de luz ultravioleta cumplen un efecto similar) siguen siendo los métodos más efectivos. En este aspecto sí conservan gran similitud a sus contrapartes más populares. Sin embargo, las cruces, el ajo y las estacas de madera son obsoletas.

La transformación a manos de un strigoi se da de manera directa, por el corte de un aguijón (la herida emula una cortada), o de manera indirecta, por unos gusanos blancos que funcionan como un parásito. En este aspecto se ve la impronta de Guillermo del Toro, quien reconoció que quería darle una característica novedosa a sus criaturas de horror. De este modo, los strigoi se reproducen como un virus, infectando a sus víctimas sin misericordia y con gran eficacia, puesto que los gusanos pueden adentrarse en la víctima por cualquier herida u orificio corporal y, al cabo de un tiempo prudente, generan la mutación al activar en la persona su nueva naturaleza.

Por tanto, es apenas normal que uno de los protagonistas principales de la serie sea un doctor especializado en epidemiología que trabaja para el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Este personaje es Ephraim Goodweather, interpretado por Corey Stoll. El personaje está constantemente en el epicentro de la lucha entre humanos y strigoi. Su función es esencial para el desarrollo de la serie y aporta una perspectiva bastante humana de lo que representa ser un héroe en un mundo imperfecto.

El segundo personaje es Abraham Setrakian, interpretado por David Bradley. Este es un personaje más convencional, en la medida que representa al héroe que está decidido a enfrentar al villano a partir de ciertos códigos inquebrantables de ética y moral.

Los principales antagonistas (o villanos si se prefiere) son El Amo, interpretado por Robin Atkin Downes, y Thomas Eichorst, interpretado por Richard Sammel. El Amo, como su nombre lo permite entrever, es el rey de los strigoi y es quien se encarga de orquestar desde las sombras un plan milenario de conquista y expansión de su legado a través de una serie de eventos cuidadosamente planeados y ejecutados. Entre ellos está la manipulación de Eldritch Palmer, interpretado por Jonathan Hyde, quien es una pieza clave en los planes de en la colocación de recursos a lo largo de las diferentes etapas del “plan maestro”.

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Por otro lado, Thomas Eichorst lleva a cabo la función de general de las tropas de strigoi de El Amo. Esto se ajusta mucho al personaje, dado que fue un oficial alemán condecorado al servicio del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Desde ese momento, Eichorst ha estado al servicio directo de El Amo. Desde entonces ha seguido todas las indicaciones de su líder con el único propósito de alistar el tablero y organizar las piezas para la partida final entre humanos y strigoi.

Esta batalla, que inició en Europa, se mueve finalmente hasta suelo estadounidense, más concretamente a Nueva York, donde los personajes principales y los antagonistas llevan a cabo una serie de enfrentamientos escalonados. Los humanos luchan, en un principio, por detener las pretensiones de El Amo, empero, esta batalla se vuelve rápidamente un esfuerzo constante de supervivencia. Mientras que El Amo, en cabeza de un ejército cada vez más grande de strigoi, lucha por ejecutar su plan a la perfección.

The Strain posee alma en sí misma, ya que si bien uno podría creer que la trama central se basa exclusivamente en la lucha entre humanos y strigoi, no es realmente así. Guillermo del Toro y Chuck Hogan buscan enfrentarnos a una reflexión más profunda, y es que los monstruos muchas veces no residen en el otro, sino en nosotros mismos. A pesar de las diferencias físicas, las actitudes de muchos humanos rápidamente superan la crueldad del instinto animal de los strigoi. La serie trasciende la dicotomía entre héroes y villanos, en la medida en que los papeles en muchas ocasiones no están demarcados de manera tajante como sí suele suceder en las películas y series de vampiros clásicos, dado que la construcción de los personajes permite giros y replanteamientos constantemente.

Debido a ello, y a tan solo cuatros capítulos de finalizar la cuarta y última temporada, The Strain nos promete dar un cierre que haga olvidar sus pecados en cuanto a la criticada lentitud de su avance argumental, para así retomar las raíces mismas del cine de terror conflictivo que, haciendo uso de la psicología y características humanas inherentes, demostrará que la serie es más que una simple muestra audiovisual; es una apología al verdadero cine de terror. Y es así que nos permitirá disfrutar y pensar respecto a nuestros propios demonios, y uno que otro que esté ahí afuera al acecho.

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