Wayward PinesA�fue un agradable homenaje a clA?sicos del suspenso y mostrA? el buen ojo de Shyamalan para producir.

Wayward Pines

Bien lo dice el EclesiastA�s: A�No hay nada nuevo bajo el solA�. Las historias valen no por su originalidad sino por el modo de contarlas, y a estas alturas de la vida pedir algo original es mA?s que imposible. Las grandes ideas no son nada si se narran mal, pero los viejos temas, bien contados, siempre resultan cautivadores.

M. Night Shyamalan vio dA�as gloriosos hace bastante. El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999), SeA�ales (Signs, 2002), La dama en el agua (Lady in the Water, 2006) y La aldea (The Village, 2004) fueron las cintas que lo pusieron en la cima, convirtiA�ndolo en un maestro del suspenso. Luego vino el descenso: El A?ltimo maestro del aireA�(The Last Airbender, 2010) y After Earth (2013) solo fueron dos de una serie de fracasos que lo sepultaron ante los ojos del pA?blico. Al parecer, su lugar estaba en lo que trabajA? al inicio: el miedo. Algunas pelA�culas en las que participA? como productor o guionista vieron la luz con disimulado A�xito, pero nada verdaderamente destacable. Solo hasta este aA�o la esperanza retornA? para los fanA?ticos de su trabajo y, quizA?s, para A�l mismo: Wayward Pines.

La serie generA? gran expectaciA?n. El elenco era envidiable, encabezado por Matt Dillon como el agente Ethan Burke. Le seguA�an Carla Gugino, Toby Jones, Melissa Leo, Hope Davis y Terrence Howard. AdemA?s, suponA�a el probable regreso triunfal del director indio, esta vez a la pantalla chica. HabA�a mucho de riesgo al ser un formato nuevo en su filmografA�a, pero tambiA�n una promesa de calidad, porque no le pueden quitar a Shyamalan su capacidad de abordar el terror con sofisticaciA?n. Algo era claro: no serA�a el director de toda la producciA?n, pero sA� su productor ejecutivo. Si estaba apoyando esta historia es porque algo bueno debA�a de tener.

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Wayward Pines

Wayward Pines estA? basada en la trilogA�a escrita por Blake Crouch. La primera temporada adaptA? la saga completa. Aunque la direcciA?n del piloto estuvo a cargo de Shyamalan, la red se llenA? de A�reseA�as que la condenaban, demasiado pronto, por el humilde pecado de oler a grandes historias de antaA�o. Aquello no es una verdad que se deba ocultar. Si van al final del primer libro, Blake Crouch declara abiertamente que su historia es un homenaje a Twin Peaks, una serie que lo conquistA? en su infancia. AdemA?s, no es que se trate de una copia, sino de un tipo de historia a la que los norteamericanos nos tienen acostumbrados desde hace bastante. Un pueblo como Wayward Pines lo hemos visto en el cine, la televisiA?n y la literatura tan a menudo que ya parece el A?nico escenario posible para el miedo. Twin Peaks es tan solo la punta del iceberg. El primer episodio trae a la memoria las historias de La dimensiA?n desconocida, a Stephen King y sus novelas corales en las que los pueblos son A�protagonistas; sin ir mA?s lejos, Under the Dome, cuya adaptaciA?n a la pantalla chica terminA? dejando sinsabores. Entonces, no es que Wayward Pines sea una copia, es que es una de tantas historias que nacieron para ser contadas de ese modo. Y no veo por quA� el desagrado: nos gustan y funcionan.

El inicio es un ramillete de preguntas puestas sobre la mesa y muy poco tiempo para empezar a responderlas en una hora, lo que me hace preguntar cA?mo carajos se condenA? a la serie tan pronto. El piloto es tan enigmA?tico que lo mA?s sensato es darle un plazo, al menos, hasta el segundo capA�tulo. Ethan Burke solo va de aquA� para allA?, tratando de hallar respuestas con prontitud: no se puede salir de Wayward Pines. La gente que vive allA� esconde algo, se percibe fA?cilmente. Hay cA?maras de vigilancia en cada esquina y los grillos que cantan a la noche son solo pequeA�os parlantes escondidos en los arbustos. Nos dicen que este agente secreto ha tenido antecedentes de alucinaciones y que viene de sufrir un grave accidente en el cual no han encontrado rastro de su presencia. Las posibilidades son demasiadas. TemA�, al principio, que aquel pueblo ideal fuera una especie de purgatorio o MA?s AllA? y que todo lo que nos contarA�an serA�a un cuento paranormal. TambiA�n supuse que la serie serA�a una alucinaciA?n de Ethan Burke, es decir, el decepcionante A�todo fue un sueA�oA�. Pero entonces nos damos cuenta de que algunos sujetos saben del paradero del protagonista, mientras su mujer e hijo no logran tener noticias de A�l. Y luego nos muestran la enorme barrera electrificada que rodea al pueblo. A?Es, acaso, un experimento del gobierno?

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Wayward Pines

Aunque la serie olA�a a otras historias de tinte fantA?stico, agradecA� que esta se saliera del tema, pues complejizaba la propuesta y garantizaba que no nos fueran a salir con despropA?sitos. Y en los diez capA�tulos de la primera temporada son mA?s las sorpresas que las desilusiones. Cada respuesta plantea otro interrogante, cada giro, cada final deja con ganas de mA?s. Aparte de eso, no habA�a posibilidad de hacer trampa. Que las producciones salgan en Estados Unidos antes de llegar a esta parte del continente nos brinda la oportunidad de buscar los capA�tulos en internet y ver las temporadas de una sola sentada. Con Wayward Pines y su estreno simultA?neo, la televisiA?n volviA? a tomar el control, postrA?ndonos cada jueves ante su ojo de cristal. Desde hacA�a mucho tiempo la espera entre semanas no se me hacA�a tan insoportable, y vaya que lo disfrutA�.

Sin embargo, hubo algo superior: el manejo del miedo.

Antes de temer y asustarnos nos llenamos de angustia. Es la angustia el sentimiento que nos invade cuando sabemos que sobre nosotros se cierne una amenaza, pero esta es invisible. Mientras logramos visualizar la amenaza para combatirla, debemos lidiar con lo desconocido. La falta de respuestas, asA� como nos impulsa en la vida, tambiA�n nos descoloca y nos altera la percepciA?n de un mundo presuntamente ordenado, lA?gico y controlado. Son etapas inevitables por las que atravesamos los seres humanos. El horror y el suspenso se nutren de ellas. Sin embargo, en Wayward Pines hay una alteraciA?n de estas leyes, llevando hasta el lA�mite, y de modo maquiavA�lico, la desesperaciA?n ante el enigma.

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Wayward Pines

Al comienzo creemos que los habitantes del pueblo no hablan de su pasado porque alguien ha lavado sus cerebros. Pero conforme avanza la historia, nos enteramos de que su mutismo es ley. Sus vidas son la ceguera hecha imposiciA?n: es la ignorancia asumida a las malas. Los personajes no desconocen su pasado, sino que lo ignoran deliberadamente y, aunque saben que estA?n allA� por razones enigmA?ticas, no deben demostrarlo. Cualquier atisbo de curiosidad es castigado con la muerte pA?blica. Las normas que rigen las emociones humanas son trastocadas. El que desea combatir la incertidumbre es asesinado, y no se puede controlar la angustia con el miedo, pues la primera es la que desencadena la segunda. Aquello desemboca en una inexorable rebeliA?n. Una sociedad oprimida y censurada en su mA?s instintiva conducta a��la bA?squeda de respuestasa�� es frA?gil, descubre grietas y decide tomar el control. Las consecuencias, sin embargo, son especiales en Wayward Pines: permanecer inocentes es tan peligroso como descubrir la verdad. No hay salidas favorables: son puros callejones sin salida en los que, mA?s bien, se debe escoger el menos oscuro y aguantar allA� el mayor tiempo posible hasta que se logre encontrar una abertura a��si la haya�� por la cual huir.

Esta serie, modesta en su presentaciA?n, supo ganarse la atenciA?n de su pA?blico. Los cuatro millones de televidentes que presenciaron el estreno estuvieron fieles hasta el final. Quienes le dieron la espalda en su primera emisiA?n se han perdido de un regalo televisivo, porque Wayward Pines resultA? ser una revisita agradable y honesta a mundos que hemos adoptado con cariA�o. Es una amalgama de los gA�neros populares por excelencia: thriller, ciencia ficciA?n y terror. Y lo mejor: nada de ases bajo la manga; todas las preguntas han sido resueltas. Ahora solo esperamos que M. Night Shyamalan regrese a la pantalla chica. Su ojo de productor pocas veces falla.

THE END MAGAZINE