Crónica de la jornada inaugural del 65 Festival de Cine de San Sebastián, el cual comenzó este 22 de septiembre en la ciudad vasca del mismo nombre.

Primer dia en el festival de San Sebastián, y de nuevo, viejos recuerdos que se convierten en realidad. Que a estas alturas no hay que esperar nada de Win Wenders en el terreno de la ficción, es algo que lamentablemente todos tenemos que saber. Su faceta como documentalista sigue siendo interesante, pero nada queda ya de ese mítico autor que revolucionó junto a sus camaradas Herzog y Fassbinder el cine de una fresquísima década de los 70. En Submergence –título que venía a presentar al Festival de San Sebastian–, la sensación de estar viendo a un director norteamericano de encargo es constante, el irritante y estéril uso reiterado de primeros planos vacíos, y sobre todo, ese catálogo de clichés y situaciones forzadas desde el guion, hacen que una vez más, la película que abre el festival sea una decepción mayúscula. ¿Qué te ha pasado Win?

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Win Wender junto a la protagonista de la cinta que presentó en San Sebastián, Alicia Vikander.
Foto: Redes sociales San Sebastián

Tras esto tocaba prestarle la atención a una película que aspira a todo, la argentina Alanis. Tocar el tema de la prostitución siempre es delicado, generalmente porque el director suele poner todo su empeño en jugar a un maniqueísmo barato y pueril, de ese que te ves venir a kilómetros y en el que se trata al espectador como un mero títere de las ideas del autor. En Alanis eso no pasa. Y no ocurre porque la directora que está detrás de este proyecto, Anahi Berneri, es una mujer con un conocimiento cinematográfico excelso, que plasma en cada plano de una agobiante y encajonada película. Aquí no queda ningún elemento al azar.

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Poster oficial de la cinta Alanis

Desde una trabajadísima fotografía que recuerda en ciertas composiciones y texturas a algunos cuadros grabados en nuestra mente, hasta un inteligente uso del color, desde el rojo  inicial al azul final, pasando por una asfixiante planificación en la que vemos cabezas cortadas, aire por los laterales y un maravilloso uso del atrezzo como elemento aprisionador del personaje, de las distancias entre su protagonista, -Alanis-, y el mundo que le rodea. Y es que aunque la directora tenga clara su visión acerca de la prostitución, deja que sean los hechos los que caigan por su propio peso, pese a que el personaje principal no tenga su misma visión. La película es un suceso de dificultades sociales, morales, administrativas, judiciales e incluso familiares. Es un ejercicio formal notable, impecable a nivel interpretativo, y bastante desagradable en ciertos momentos de su historia, pero nunca buscando lo grotesco, simplemente retratando una realidad que se repite día a día en las calles y a la que la mayo-ria no quiere mirar. Un doloroso retrato de como desde el nacimiento hasta la muerte, los hombres se alimentan de las mujeres.Primera firme candidata a Concha de oro.

Después de Alanis tocaba reestructurar horarios. Me habían concedido una entrevista con Kaurismaki, así que fui a preparármela, aunque antes de eso tuve tiempo para meterme en The Charmer, una película danesa que nos narra el intento de un joven iraní por encontrar una mujer con la que casarse para que no le deporten a su país. Con este pretexto, más de uno podría pensar que se trata de una comedia, y quizás le habría venido bien un tono más cómico, porque la cantidad de situaciones inverosímiles, tramposamente forzadas y sus numerosos lugares comunes, dan como resultado una de esas cintas que nada mas acabar ya estas olvidando. Solvente, pero nada más.

Si Wenders esta de capa caída, habría que colocar es un escalafón diametralmente opuesto a Philippe Garrel. El francés sigue en su ritmo de hacer películas aparentemente sencillas, pequeñas, pero con una profundidad emocional y riqueza en su lenguaje absolutamente delicioso. En L’amant d’un jour nos presenta una de esas películas que nuestros ojos rápidamente nos pueden llevar a relacionar con el estilo clásico de la Nouvelle Vague, pero no nos engañemos, esto de Nouvelle Vague no tiene nada. Más allá de su fotografía en blanco y negro, la agilidad en el lenguaje, y la inclusión en momentos puntuales de un narrador omnisciente, la película se centra puramente en un complicadísimo juego de relaciones entre un padre, su amante, su hija y su novio.

Para Garrel no hay edad en esto del amor, y puede sufrir igual una niña de 23 años que un curtido hombre de 45, aunque lo que sorprende es como a sus 69 años sigue con ese pulso intacto para hablar de una forma tan punzante, precisa y dolorosa de un amor tan atemporal como universal. Difícil no relacionar sensaciones personales con las de sus protagonistas, o tener sentimientos encontrados con varios de ellos. Garrel nos plantea un juego en el que los peores parados siempre son los hombres, o al menos, con los que menos tiendo a empatizar a nivel emocional. Como de costumbre, no tiene miedo de regalarnos momentos musicales extradiegéticos, o lugares casi oníricos donde recluirse unos personajes asfixiados en su propias mentiras, inseguridades y amores rotos. Otra joyita mas para los románticos de espíritu.

Al salir de la de Garrel tenía mi entrevista con Kaurismaki, pero me avisaron pocos minutos antes de que no iba a ser posible realizarla. No se que pasó, pero he visto poco después videos del finlandés recogiendo el premio Fipresci en el festival, y por lo que parecía, llevaba una borrachera bastante considerable. No sé si esta ha sido la razón principal de la cancelación de dicha entrevista, pero no hay mal que por bien no venga, aproveché para ver la mejor película del día.

Y esa no es otra que The Square, la ganadora de la Palma de Oro de Cannes este mismo año. A su presentación acudir el director de la película, Ruben Ostlund, su director de fotografía y su esceneografa, y claro, ¿para qué pedir más?

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Antes de comenzar la proyección, un divertidísimo Ostlund nos pone en situación de cara a lo que vamos a ver, e incluso se atreve a extender el propio discurso de la película a la vida real, dejando debajo de la pantalla de la sala su cartera y su teléfono móvil durante los 144 minutos de metraje del mismo, un gesto, que quien haya visto la película, entenderá perfectamente. ¿Es justa una Palma de oro a una película como esta? Yo tengo que decir rotundamente que sí. En un mundo en el que veníamos de Deephan y I, Daniel Blake, que una película de su tiempo, que juegue de una forma tan ambigua a señalar los procesos más putrefactos y repugnantes de la sociedad actual de una forma tan ágil, inteligente e incluso entretenida, se merece todo mi apoyo. Porque la película –centrada en las actividades de un museo de arte contemporáneo– no solo es una ácida sátira al mundo del arte en general, sino que es un profundo e hiriente análisis a una sociedad hipócrita, esa en la que por fuera todos somos muy tolerantes, pero por dentro nadie ayuda a nadie.

Esa que debate sobre los límites de la libertad de expresión, pero no sobre la libertad de pensamiento, y que da como resultado a una sociedad vanidosa, sin un mínimo espíritu de autocrítica y lo que es peor, que se siente ajena a su propia ignorancia. Películas como The Square, que, más allá de su punto de partida, son increíblemente complejas respecto a su realización, o muy elaboradas y coherentes con todos los elementos fundamentales del lenguaje cinematográfico, son más necesarias que nunca. Poca gente en la actualidad como el sueco capaces de pasar de la risa más culpable a escenas de máxima tensión y límite moral para el espectador.

Y finaliza una notable primera jornada del festival. A nivel organizativo todo ha funcionado perfectamente como de costumbre, y hemos tenido tres películas muy estimulantes. Veremos que tal se da mañana la jornada, donde la sección oficial estará principalmente protagonizada por el cine español.

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