Se estrena el jueves en Colombia la pelA�cula que abriA? el festival de cine de Toronto, una rara mezcla entre necesidades industriales y mA�nimos gestos de un autor, que se estructura a travA�s de una de las mA?s famosas rivalidades deportivas del mundo, pero que trata siempre de encontrar el revA�s del cuadro.

BA�rg vs McEnroe, la segunda pelA�cula de Janus Metz, su anterior trabajo, un documental sobre los soldados daneses en AfganistA?n, recibiA? mA?ltiples galardones, incluyendo una participaciA?n por la CA?mara de Oro del Festival de Cannes del 2010 a��Armadillo, su A?pera prima, participA? en la Semana de la crA�ticaa��, y fue la encargada de abrir el festival de cine de Toronto (no que eso signifique mucha cosa). El film se dispone a poner en escena la final de Wimbledon de 1980, evento que dejA? a muchos sin aliento, fue mundialmente televisado y que cambiA? la historia del tenis y de sus protagonistas. Todos lo que vemos se refiere a estos dos jugadores, Bjorn BA�rg y John McEnroe, como dos leyendas enfrentadas en a�?el partido del sigloa�?. Estamos pues ante una especie de a�?biopica�?.

Quisiera aclarar que quien escribe estas lA�neas no tiene el mA�nimo de emociA?n por el tenis, no sabe nada de sus ritmos, funcionamientos y particularidades. En resumen, no le interesa para nada. Entonces, hablemos de cine, que es lo que importa.

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Tenis

Shia LaBeouf y Sverrir Gudnason interpretan.

La pelA�cula empieza con una cita azarosa de Andre AgassiA�que traduce algo asA� como:A�”Creo que no es casualidad que el tenis use el lenguaje de la vida. Ventaja, servicio (saque), culpa (falta), ganar, amor, los elementos bA?sicos del tenis son los de la existencia cotidiana, porque cada partido es una vida en miniaturaa�?. Con eso en mente se decide por explorar esas supuestas relaciones entre un partido de tenis y las complejidades y laberintos de la vida. Se resuelve a ir por el todo aprovechA?ndose de la truculenta historia de estos dos personajes. Las primeras secuencias hacen un buen subrayado a��literalmente frases que A�avisan, recurso importante para quien, como yo, se acerque al largometraje sin saber de tenis porque se perderA�a un dato que matiza A�las imA?genes que continA?ana�� de lo que serA? todo: la narrativa detrA?s de ese histA?rico partido, quizA?s una posible intenciA?n de hacer una revisiA?n quirA?rgica al enfrentamiento deportivo. En esa medida oscila entre esa revisiA?n para encontrar en el tenis ecos de la vida y A�el espectA?culoa��vacA�o, frA�volo, tontoa�� del partido per se. Un ir y venir que termina por afectarla en su conjunto.

Todo en el film se dispone para llegar a ese encuentro que tiene al mundo en vela, un a�?matcha�? entre esos dos hombres que han desafiado el mundo del tenis, que han conquistado las cimas del triunfo con una edad irrisoria. El partido que seguramente fue muy extenso en 1980, en la pelA�cula, a pesar de ser el momento crucial, no es muy largo y se lleva el tiempo justo. Es una secuencia maravillosa tejida de manera cautelosa donde el director se vale de todos los recursos que le da el cine tradicional. En la secuencia emerge un oportunidad de entrar en otro estado, uno de verdadera tensiA?n. Es la imagen a favor de una narraciA?n. Una secuencia titA?nica. Puede deberse a lo emociA?n real que llevA? el juego lo que hace de estos minutos los mA?s truculentos del film. El partido cobra esa especial intensidad porque se ha dedicado, casi en su totalidad de tiempo, dejarnos ver lo crucial, hablando de estados emocionales, que implica el resultado de este juegoa��y quizA?s del deporte en generala��. Quien desconozca el resultado, como yo, tendrA? acA? una secuencia que solo hace quedarse al filo del asiento.

MA?S ALLA? DEL TENIS

Sin embargo, para hablar del film no hay que hablar del tenis, no se trata de ese juego entre dos personajes que impacientes tratan de derribar al otro con un solo tiro. Hay otra cosa que habla en esas imA?genes, no con la fuerza que se podrA�a haber deseado, pero que al menos trata de adentrarse en un mundo donde las palabras ya no sirven al ser incapaces de definir las cosas. Es bien sabido que el cine dedicado a explorar el A�deporte no puede ser sA?lo sobre esa disciplina deportiva, calculen el aburrimiento, sino que explora lo que gira alrededor de ese mundo de la competencia: la fama, el dinero, las posibilidades de la locura, la vida del a�?jet-seta�?. Todo eso son temas que el cine ya ha contando y filmado con A�xito. QuA� convierte acA? las acciones, una vez mA?s, en interesantes. Son, sin duda, sus protagonistas: dos espA�ritus que estaban destinados para cosas mA?s grandes, pequeA�os genios que siempre estuvieron a la merced de los otros: siempre habA�a alguien que les seA�alaba la forma de seguir el camino y cualquier otra contradicciA?n era obligada a ser escondida. Estamos ante dos volcanes con funcionamientos opuestos, dos hombres que cargan con el peso del talento. Y ese talento siempre trae un limbo abrumador. Se trata de un terror a las categorA�as de ganadores y perdedores y sobre todo de pertenecer a la segunda categorA�a. Con esas disposiciones en mente, la pelA�cula inevitablemente viaja al pasado. Y nunca en vano. Metz parece querer visitar los momentos fundacionales de la vida de ambos jugadores y examinarlos frente a sus presentes. a�?Todas las decisiones que he tomado me han traA�do a este momentoa�?, una frase de cajA?n que resuena varias veces A�y termina siendo mA?s o menos analizada a travA�s de ese pasado sospechoso y austero de estos dos personajes.

Tenis

 

El punto central donde se estructura el film, para dejar de ser una mA?s de las listas de Toronto, es el interA�s por lo que se oculta tras esas caras, siempre fotografiadas, siempre juzgadas. AhA� se arma un relato sobre la presiA?n, sobre lo que se espera de ellos. En La vorA?gine, la novela seminal de JosA� Eustasio Rivera, hay un pasaje, un fragmento de la carta de Arturo Cova, su protagonista, que da luces a lo interesante que esconde las imA?genes entre sus acciones ya vistas mil veces y sus frases trasnochadas: a�?Los que en un tiempo creyeron que mi inteligencia irradiarA�a extraordinariamente, cual una aureola de mi juventud; los que se olvidaron de mA� apenas mi planta descendiA? al infortunio; los que al recordarme alguna vez piensen en mi fracaso y se pregunten por quA� no fui lo que pude haber sido, sepan que el destino implacable me desarraigA? de la prosperidad incipiente y me lanzA? a las pampas, para que ambulara, vagabundo, como los vientos, y me extinguiera como ellos sin dejar mA?s que ruido y desolaciA?na�?. La magia dura poco.

Si el partido y contados momentos anteriores habA�an sido ejemplo de un cine que se pregunta, desde adentro, por las posibilidades del gA�nero, despuA�s del partido todo es esencia vacua: la nada sobre la nada. El film termina por convertirse en una rA�plica de actitudes y emociones efectistas y pierde de vista el peso de emocional de los temas interesantes que iban, poco a poco, saliendo a la superficie de la imagen y su uniA?n con la siguiente. Los gestos que encontrA?bamos similares entre la vida y el tenis se esfuman y la frase del principio queda como falsa y presumida. Si la vida es como el tenis habrA�a que hilar mA?s profundo, ver detrA?s de los saques, de las raquetas y del sudor que se deja en la cancha. Los logros tA�cnicos de (sobre todo actuaciones maravillosas y la construcciA?n de ese flujo de tensiA?n) no son suficientes para que nos deje ver por quA� el tenis y la vida comparten tanto en comA?n.

 

Tenis

BA�rg y McEnroe.

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BA�rg vs. McEnroe: furia y caA�da
Ritmo70%
Actuaciones 85%
Novedad20%
Ingenio50%
Cine52%
LO BUENO
  • IntenciA?n de bA?squeda
  • SA?lidos protagonistas
  • Actuaciones sin tacha
LO MALO
  • FascinaciA?n por el espectA?culo
  • Poca profundidad
55%Rivalidad
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THE END MAGAZINE