El 24 de agosto se puso en marcha Un día en la UN, un proyecto colectivo de Rubén Mendoza que busca relatar diferentes historias de la Universidad Nacional, a partir de material grabado por estudiantes o cualquier otro miembro que la conforme.

La propuesta de la UN está basada en la película Life on a Day (2011) de Ridley Scott, un documental hecho a partir de vídeos de YouTube de varios colaboradores.  En el caso de la Nacional, el encargado del proyecto es el reconocido y galardonado director Rubén Mendoza, quien se unió a esta idea, en sus propias palabras, “bajo la premisa de la libertad que había al narrar la universidad”. En The End hablamos  con él para que nos contara al respecto y nos hablara de su producción más reciente: el documental Señorita María la falda de la montaña (2017):

¿Por qué le interesó hacer parte de esta narrativa?

Primero porque le tengo un amor muy grande a la universidad pública, a cualquiera. Yo soy defensor de ella.  Considero que todos tienen derecho a una educación de calidad. Además yo disfruté más mi época en la universidad que mi propia carrera. La Nacional te deja ver todos los países que es Colombia, es un universo de seres múltiples.  Por otro lado, me interesa trabajar con archivo que yo no haya producido por el desapego. Ya he sido editor de dos proyectos largos de Luis Ospina, así como lo fui de La Sociedad del Semáforo (2010).

¿Cómo fue la convocatoria?

Se realizó el 24 de agosto para toda la comunidad. La regla era que fuesen máximo dos videoclips de cinco minutos  por cada persona. Esto implicaba a alumnos, ex-alumnos, empleados, docentes, entre otros. Por supuesto tengo el corazón esperando gran material hecho por los estudiantes de cine, pero la gente que ha hecho cosas más impresionantes en la historia del cine no lo estudió.

¿En qué etapa se encuentran?

Por ahora tengo cuatro editores que harán una clasificación del material entregado y luego yo revisaré ese primer filtro. Pero ellos me conocen y saben que no estoy buscando lo más gracioso o personajes ganadores. Siempre me fijo más en los que no tienen voz, los que están al margen, y seguramente eso saldrá en la película. Lo clave será masticar eso y hacer que se vuelva mi lengua materna.

Hablemos ahora de Señorita María y todos los galardones que se ha llevado este documental. ¿Esperaba ese éxito?

Yo nunca espero el éxito para nada. Sería muy paradójico porque yo hago retratos de personas que están muy lejos de él. Trabajo libre de expectativa y resignado al fracaso social, porque solo poder hacer las películas para mí es un éxito. Nunca había sentido una aceptación social tan eufórica.  Mientras estuvo en Cartagena, la película tuvo más de 600 visitas en solo una semana y esto jamás había pasado antes. La Señorita María Luisa además era una estrella por donde pasaba. En el Festival de Locarno, entre la primera y segunda proyección, nos buscaban para mandarle cartas, collares y joyas.

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¿Cuál cree usted que ha sido ese impacto que le ha generado este documental a la Señorita María Luisa?

Pues el hecho de que las personas la estén repensando ya es mucho.  Pero para mí, hablar  y entablar esa amistad con ella en el proceso de hacer la película fue un regalo muy grande. Hablando en términos materiales, ella pudo comprar unos animales y pudo remodelar su casa.

Esto fue gracias a que Caracol y La Fundación Catalina Muñoz  vieron la película y financiaron gran parte de la remodelación. El 19 de agosto, en una jornada con un grupo de 39 voluntarios, se levantaron muros. Además, Homecenter a través de Corona ayudó a amoblar la casa.  Yo sé que el cine no va a cambiar el mundo pero puede cambiar la vida de alguien. Aunque me parece suficiente con la película, me alegra que llegaran estas cosas para ella.

¿Y qué tipo de impacto generó en usted como director, el hecho de estar  estar por seis años realizando esta película y conociendo a la Señorita María?

Yo tengo una debilidad automática y genuina por las personas que están en desventaja. Cuando supe de María Luisa me parecía un milagro que no la hubiese narrado, justamente porque estamos en Colombia y ella es un bocado para la godarria y el alma asesina de este país. La vi por primera vez en el 2007 y volví después de ganar una beca de escritura y no escribir nada.

Pero yo no puedo vivir sin proyectos. Para mí el cine es la supervivencia, yo sin el cine me muero. De allí yo venía a preparar la muerte de mi padre, a quien amaba profundamente y sabía que él estaba en el pueblo de donde era la señorita. En ese momento pensé  en buscarla e iniciar el proyecto. Me acerqué primero como un turista maravillado por su “desciño” de género y encontré en ella a una poeta. Además era la primera persona que conozco que no le importaba a nadie, ni a la familia, ni al pueblo, ni al alcalde, a nadie humano. En cambio los animales sí sentían un interés por ella y la visitaban constantemente. Eso fue para mí una muestra de que ellos son capaces de ver más allá de la apariencia y me marcó demasiado.

¿Cuándo llegará a salas colombiana?

No sé. Por ahora tengo también Niña errante, un largometraje de ficción que está seleccionado en el Festival de San Sebastián, en la sección de Cine en Construcción. Estamos frente a la misma pregunta de la vida de esta película pero, en teoría, Señorita María llegaría a salas a finales de noviembre.

Señorita María, Rubén Mendoza, Documental Colombiano.

Señorita María la falda de la montaña, por Rubén Mendoza

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Editado por Daniela Reyes. 

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