El sueA�o de un guionista por lograr que su guion se convierta en una obra fA�lmica y su caA�da entre la realidad del mundo del espectA?culo.

 

La lucha por la supervivencia pasa factura no solo a las especies. Las historias, sobre todo las de los escritores, sucumben tambiA�n a menudo a las difA�ciles a�?condiciones ambientalesa�?. Se trata de una verdadera masacre, un genocidio, y al final solo permanecen en pie algunos ejemplares.

El escritor de ficciA?n, a pesar de los grandes obstA?culos que debe superar antes de publicar su obra, tiene la gran ventaja de ser el autor y creador de su propia historia; no necesita de un productor que lo financie. Es suficiente solo contar con un buen programa de escritura y un computador para salir adelante (y una buena idea, si es posible). Una vez terminada su historia, en el peor de los casos podrA? al menos publicarla en una pA?gina en la red o en un blog.

El guionista, por el contrario, estA? condenado a escribir, por citar al poeta Catulo, a�?sobre el agua que fluyea�?. Su creaciA?n, teniendo en cuenta que es fundamental en el desarrollo de una pelA�cula, permanece en el limbo durante semana, meses, a menudo para siempre sin llegar a ver la luz. Un guiA?n nunca impreso no solo no te alimenta, sino que tampoco sirve de hoja de vida.

Guion

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Hace unas dA�cadas, en la A�poca dorada de Hollywood, en los Estados Unidos (donde el escritor todavA�a tiene su posiciA?n reconocida en el mundo del espectA?culo), los majors contrataban a los escritores bajo un contrato de cinco aA�os, y se les pagaba como si estuvieran en un proceso de aprendizaje. Al final, si no mostraban talento o no realizaban un producto con algo de interA�s eran despedidos, suerte, muchos saludos; si el caso era al contrario, eran contratados a a�?tiempo completoa�?.

Hoy en dA�a, aunque solo puedo hablar del contexto italiano, la situaciA?n ha cambiado mucho (para peor, obviamente): cuando un escritor escribe una historia, va donde el productor; si este es entusiasta, llama al personal de producciA?n y comienza a buscar un director para el rodaje, que se cuentan como los pasajes del cometa Halley; la mayorA�a de veces, es el director quien llama al guionista (normalmente un amigo).

La primera historia que me fue comisionada venA�a de un director que nunca habA�a visto ni conocido, y que habA�a hecho algo de cine hacA�a varios aA�os, pero nada recientemente. Me acerquA� entonces a pedir asesorA�a al Centro Sperimentale de CinematografA�a (la escuela de cine nacional italiana), donde habA�a estudiado escritura de guiones; recuerdo que me aconsejaron nunca firmar un contrato antes de empezar cualquier proyecto; yo tenA�a 24 aA�os, y no sabA�a nada de ello; pero cuando me propusieron el 2% del presupuesto de producciA?n, mis ojos se iluminaron. Frente a mA� tenA�a al director y al productor, que me dijeron que la pelA�cula costarA�a alrededor de a��700.000; hice una cuenta rA?pida, y obtendrA�a aproximadamente a��14.000. No estaba mal para ser la primera vez. Me explicaron que me pagarA�an cuando el presupuesto se desbloqueara, pero yo era joven y podA�a esperar. Al final escribA� dos documentos, un primer borrador del guion y luego una revisiA?n a distancia con un guionista americano, mucho mayor y mA?s inteligente que yo. Participamos en la convocatoria ministerial para obtener fondos estatales y clasificamos de A?ltimos. Hasta ahora, no he visto un centavo.

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La gran lecciA?n de esa aventura fue que el productor no es quien tiene el dinero, sino quien lo busca. AsA� que no es suficiente tener el director y productor para poner la mente en reposo; antes de todo, se necesita un financista, y usted no puede ir adonde un financista sin un guion, A?cA?mo sabrA? si su inversiA?n va a ser decente? AsA� que usted escribe y trabaja y se queda Esperando a Godot, que a menudo nunca llega; y, por desgracia, cuando llega, no es cierto tampoco que el milagro se lleve a cabo.

Dos aA�os despuA�s de mi primer intento fallido en el mundo del cine, se me presentA? una oportunidad muy sabrosa. ParticipA� en un guion cuyo financiamiento ya estaba previsto. La pelA�cula fue escrita, rodada, editada y pasA? a la etapa de postproducciA?n. Durante seis meses de trabajo, me pagaron la belleza de a�� 800 (pero era en verdad una suma muy apreciada, en comparaciA?n con otros autores que, por ser aA?n estudiantes, no recibieron nada de nada).

Todo estaba listo para ese bautizo en la sala, y yo ya me imaginaba en los Oscar. Pero hubo un giro: el prestamista, luego de haber aprobado el guion (despuA�s de haber solicitado varios cambios) e inspeccionado todas las etapas de la producciA?n, se sintiA? insatisfecho con el resultado final y decidiA? no gastar mA?s dinero en la impresiA?n, distribuciA?n y publicidad de la pelA�cula. Como se trataba de una gran empresa cinetelevisiva, la transmitiA? directamente una maA�ana a las 5:00 a.m. en el Primer Canal (RAI 1), sin decirnos nada (y por lo tanto ni siquiera puede recibir mis regalA�as). Si usted piensa en un momento ideal para poner al aire una pelA�cula de jA?venes cineastas y arrojarlos al horrible mundo del espectA?culo, no puede ser otro mejor que durante el amanecer. SunsetA� Boulevard, A?verdad?

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Esa fue la oportunidad mA?s grande que he tenido hasta ahora. Otro guion arrojado al limbo, donde probablemente se encuentra las mA?s grandes historias e incluso las mayores porquerA�as que se hayan escrito, porque esa selecciA?n a�?naturala�? tambiA�n tiene el gran mA�rito de bloquear algunas atrocidades (no todas, por desgracia). Entonces queda la gran pregunta: A?si un escritor no obtiene dinero antes de la pelA�cula y si la pelA�cula, como suele suceder, no se inicia, de quA� puede vivir?

A esta pregunta vamos a responder tal vez en otro momento.

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