Con un pie en el pasado y otro en el presente, la música de Trainspotting 2 (T2) interviene como un puente dentro de la historia. Aquí hacemos un breve recorrido por la película y su banda sonora.

Luego de seis meses de estrenarse en el país, en algunas salas de cine, como Tonalá, Trainspotting 2 sigue estando en cartelera. Era de esperarse que una de las películas más esperadas de este año generara tanta asiduidad.

Y es que muchos esperábamos con un poco de recelo la secuela de Trainspotting (1996), queríamos que no estropearan una de las películas más icónicas de los años noventa con una segunda parte. Aun así del riesgo que implicaba, fuimos a verla, con una mezcla de añoranza por esa época que marcó a toda una generación y una curiosidad por saber el destino de Mark Renton (Ewan McGregor) y sus amigos después de 20 años. Con la misma expectativa esperábamos escuchar la banda sonora, porque después de la importancia y la evocación que todavía generan algunas canciones que aparecen en la primera, creíamos que la de T2 tendría que trascender de la misma manera. Aunque no lo consigue hasta ese punto, sí resulta bastante adecuada para esta entrega.

Trainspotting 2

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Desde el inicio de la película se resalta la importancia que tiene el pasado y durante toda la trama se hace evidente con instantáneos flashbacks, acompañados de nuevas versiones de los temas que recordamos de la primera entrega. Una melancólica versión en piano de Perfect Day que suena mientras vemos jugar a unos niños que parecen ser Mark, Sick Boy (Jonny Lee Miller), Spud (Ewen Bremner) y Begbie (Robert Carlyle). O Slow Slippy de Underworld, que también parece ser una secuela de Born Slippy, la inolvidable canción que suena al final de Trainspotting. Más adelante Simon (Sick Boy) simplifica uno de los temas más relevantes de la película y una de las razones porque estemos viéndola: «es por la nostalgia, por eso estás aquí».

La música hace parte de esa nostalgia y también es uno de los medios que utiliza Danny Boyle, el director, para redimir los actos del pasado de los personajes. Mark exhibe esa confrontación que hace por medio de Lust For Life, la célebre canción de Iggy Pop que puso a elegir a toda una generación. En esta secuela Mark evita colocarla, como ha evitado durante 20 años encarar sus problemas y sus errores. T2 es un equilibrio entre el pasado y el presente, pero en ocasiones el pasado desequilibra la balanza y las consecuencias de los hechos del ayer toman mucha más relevancia.

Trainspotting 2

Algunas bandas que siguen marcando esa generación perdida hacen parte de esta película: Blondie, Queen, The Clash y algunas canciones de los ochenta como Relax o It’s Like That de RUN-D.M.C mantienen vivo ese recuerdo de la juventud que para muchos es más un fantasma. Este es el puente que establece T2 con aquella época, que aunque no es mejor que la de ahora, la añoramos porque quizá era el mejor momento de hacer las cosas bien.

La imagen del pasado está presente durante toda la historia; sin embargo, interviene bajo un aire de renovación que en el fondo quieren alcanzar los personajes. Todos de alguna manera han cambiado y quieren librarse de esa sombra que los ha perseguido todos estos años y que con el tiempo sólo ha crecido. Con la música se intenta hacer esa catarsis. Mark y Simon ya no hablan sobre David Bowie o sobre si Lou Reed era mejor en The Velvet Underground o como solista, ahora tratan de ajustarse a este tiempo, intentan adaptarse a una generación a la que ya no pertenecen pero que por momentos los identifica más por su crudeza y frivolidad. Por eso en una escena Mark mira con desconcierto el video de Dads Bets Friend que a Simon le parece fascinar, porque con los años, la música también ha cambiado.

Trainspotting 2

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Además de The Rubberbandits y Fat White Family, la cuota de este milenio la compone High Contrast, que con Shotgun Mouthwash nos presenta el entorno de esta época, que perfectamente queda ilustrada dentro de un gimnasio, a la vez que van apareciendo los personajes y el aspecto general de una ciudad que tampoco es la misma. Con ellos están Young Fathers, un grupo de Edimburgo que con pistas de hip-hop experimental: Get Up, Rain Or Shine o Dare Me, se convierten en un descubrimiento interesante. Pero el mayor hallazgo creo que es Wolf Alice, una banda londinense que desde el tráiler se anunciaba, y que en la resolución de la película aparecen con Silk, convirtiéndola ya en un tema icónico de esta segunda parte.

T2 logra reunir dos generaciones que parecen distintas pero que en realidad son el reflejo la una de la otra. Tal vez el triunfo más grande de los personajes es el que hayan sobrevivido todo este tiempo, como ha sobrevivido la banda sonora; y ahora el soundtrack de esta entrega parece precisa para volver a establecer un equilibrio entre el pasado y el presente. Mark consigue reconciliarse con lo que había dejado atrás: con los fantasmas que lo atormentaban, con los amigos que traicionó, con sus seres queridos, con la adicción que pudo superar haciéndose adicto a otra cosa. Por eso al final logra dejar puesta la aguja sobre el vinilo de Lust For Life ( The Prodigy Remix) que al principio evitaba y no soportaba escuchar.

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About The Author

JONATHAN VARGAS
COLABORADOR

Estudiante de escritura para productos audiovisuales. Observador apasionado y crítico silencioso. Tiene la mala costumbre de reflexionar al instante sobre todo lo que le ocurre en la vida; la música, la literatura y el cine a veces lo distraen.

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