Hablamos con Andrés Bayona, director y uno de los programadores del BIFF (Bogotá International Film Festival), que se realiza del 12 al 18 de octubre en Bogotá.

Bayona le contó a The End detalles de esta tercera edición del BIFF, de cómo funciona desde adentro su planeación, enfoque y qué retos hacen posible traer al país lo más selecto y novedoso de la cinematografía mundial en el último año.

Andrés Bayona, actual director del BIFF y uno de sus cuatro programadores.

El BIFF se ha caracterizado por brindar una muestra sólida. Este año hay  55 películas y 32 países invitados.  ¿Cuándo comienza el proceso de curaduría para lograr armar este tipo de selección?

El detonante para empezar a seleccionar títulos arranca una vez acaba el Festival de Cine de Berlín. Es nuestra referencia principal. Es por eso que el BIFF incluye películas que han participado en el circuito de festivales en el año inmediatamente anterior, como San Sebastián, Cannes, Venecia, Locarno y Sundance, entre otros.

¿Cuál enfoque orienta el proceso de selección por parte de los programadores  del festival?

Somos cuatro programadores que tenemos repartida geográficamente la selección de los títulos.  Raymond Phathanavirangoon, productor tailandés que selecciona para la Semana de la crítica de Cannes y el Festival de Cine de Toronto y Hong Kong. Él es el encargado de seleccionar las películas de Asia. Por otra parte, está Javier Martín, el programador de la Cinemateca de París y  de cine latinoamericano para La Berlinale. Él es experto en el cine del norte de África, Magreb y del Medio Oriente.

Finalmente, por el lado norteamericano y canadiense contamos con Rebeca Conget, vicepresidenta de adquisidores hasta el 2016  en Film Movement, empresa de distribución especializada en productoras de cine extranjeras.  Por mi parte yo me encargo de las cintas iberoamericanas y de países como Turquía, Alemania y Gran Bretaña, que en mi opinión producen la cinematografía más cercana.

En ese proceso anual cada uno de los programadores participa en diferentes eventos cinematográficos y busca los títulos dependiendo de la región  de la que está encargado. Ponemos las películas sobre la mesa, las discutimos y, con los criterios claros de programación, al final conformamos una muestra muy heterogénea.

Buscamos tener películas jóvenes, arriesgadas, diferentes y premiadas en el circuito internacional. Queremos cintas que hagan del BIFF un festival competitivo en el contexto regional.

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¿Cómo se seduce a los agentes de ventas para que en el BIFF haya segundas, terceras o hasta primeras exhibiciones?

Parte del reto es ese. El circuito internacional de festivales incluye una clasificación tácita. Los festivales importantes clase A siempre requieren que las películas que participen sean estrenos mundiales. La segunda exhibición, en términos de festivales, corresponde a estrenos internacionales. De ahí en adelante se habla de estrenos regionales, como un estreno latinoamericano. Para Bogotá es un orgullo contar con estrenos internacionales y mundiales , en el caso de cintas colombianas. Este año casi el 80% de los filmes seleccionados tienen su estreno latinoamericano en el BIFF.

Sin embargo, aproximadamente el 95% de las películas que traemos no van a pasar a la siguiente fase de distribución en el país. Realmente las cintas solo se exhiben en dos o tres oportunidades en el marco del Festival. Para  volver  a verlas, el espectador tendrá que esperar varios años a que estén de disponibles  en alguna plataforma de distribución.

“Nos gusta que la gente que venga al Festival viva una experiencia diferente, que disfrute y descubra una relación nueva con el cine”. — Andrés Bayona

¿Qué expectativas tienen con la selección que conforma este año el BIFF?

Parte de nuestro reto es generar nuevas audiencias e involucrarlas con la industria. Nuestro objetivo fundamental es buscar la forma de que los jóvenes sean más responsables y críticos frente al consumo de las obras audiovisuales. Hacemos un gran esfuerzo para que en casi todas las exhibiciones haya alguien relacionado con la película, ya sean directores o actores.  Si esto no se logra,  buscamos generar discusiones a partir de los contenidos de las películas.   Nos gusta que la gente que venga al Festival viva una experiencia diferente, que disfrute y descubra una relación nueva con el cine.

Por eso siempre contamos con una retrospectiva de un productor, un enfoque que usualmente no se hace en los festivales, pues se centran más en la figura del director, el actor o el guionista. Este año hicimos la retrospectiva a DEZENOVE SOM E IMAGENS, una de las compañías productoras más prolíficas de Brasil en la actualidad.

Además, con el fin de destacar talentos jóvenes, tenemos el foco en el director cubano Alejandro Fernández, con cuatro de sus películas.  Creemos que él dará de qué hablar en un futuro cercano.

También consideramos que el festival debe servir como escaparate de las producciones locales.  Por eso este año tenemos tres cintas colombianas: el documental Juntas, la ópera prima El día de la cabra y En el taller, de la realizadora Ana Salas. Por otra parte, tenemos el reestreno en copia remasterizada de Pura Sangre de Luis Ospina, película que, luego de treinta y cinco años, regresa a las pantallas gracias a la labor de Proimagenes y  Patrimonio Fílmico.

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“Somos muy exigentes y claro que queremos que venga siempre lo mejor.  Sin embargo, entendemos que para hacer un buen coñac se necesita muchos años de barrica y en ese proceso es en el que estamos”. — Andrés Bayona

Es una programación nutrida y heterogénea. ¿Se quedó algo por fuera que le hubiera gustado traer?

La participación de las películas en un festival responde también a una estrategia comercial del agente de ventas y del distribuidor. Nos ha pasado que hay títulos que queremos invitar a Bogotá, pero que no es posible por las estrategias previamente planeadas. Hay películas que nos encantaron en Berlín y Cannes, pero cuyos derechos estaban pensados por los distribuidores para estrenar en Colombia hasta el 2018. Somos muy exigentes y claro que queremos que venga siempre lo mejor.  Sin embargo, entendemos que para hacer un buen coñac se necesita muchos años de barrica y en ese proceso es en el que estamos.

biff, Andrés bayona

Andrés Bayona, entrevista sobre el BIFF

¿Cómo ven la relación de formación de públicos a través del cine y la aparición de nuevos formatos y plataformas de visualización de contenido?

Parte de nuestra razón de ser es descubrir nuevos talentos, quienes, indiscutiblemente, trabajan con nuevos formatos. No se puede evitar mirar la realidad en la que se está moviendo la industria audiovisual. Este año en el BIFF BANG (área académica del festival) priorizamos cinco talleres: escritura de guión para cortometrajes, pues es de donde parte una buena historia; producción ejecutiva, pues a veces hay buenas  historias pero se falla  en su ejecución. Con Arcadia tenemos un taller de crítica cinematográfica; también abrimos con el SENA un taller de producción virtual en Motion Capture, aplicable a videojuegos o animaciones; finalmente, pensando en los jóvenes, hicimos un taller de producción con cero presupuesto.

El festival se está posicionando en el tema de las nuevas tecnologías y la realidad virtual, porque ese el mundo del que los jóvenes hablan y tiene fundamentada su razón de ser.

¿Qué expectativas hay frente a las próximas ediciones del BIFF?

Hemos hecho varios descubrimientos positivos. La participación en los talleres del BIFF BANG se incrementó en más del 200% y el 95% ha sido de carácter nacional. Por ejemplo recibimos inscripciones del Magdalena, Valle del Cauca y Antioquia e incluso a nivel regional, de países como de Costa Rica o Ecuador.  Esto nos posiciona como un hub regional que convoca la participación de los jóvenes dentro y fuera de Bogotá.

En cuanto a la programación, hemos sido herméticos en la selección de los títulos mientras levantamos audiencia, creamos marca y consolidamos nuestra identidad.   En este momento la curaduría la hacemos por invitación directa, pero en los festivales importantes esto es al revés: son los productores quienes inscriben las películas para que los jurados o programadores las seleccionen.

Ya este año ya recibimos solicitudes a nivel internacional para abrir la posibilidad de inscribir títulos. Eso solo lo da el reconocimiento que ha ganado el BIFF con su tercera edición. Los productores quieren venir a participar, incluso sin que haya un premio de por medio, pues aun no somos un festival competitivo.

Yo no descartaría la posibilidad que de aquí a un tiempo seamos un festival con premios. Pero todo es parte de un proceso. No podemos ir a una velocidad más rápida de lo que podemos asumir. Si ahora abriéramos inscripciones y tuviéramos cinco mil películas inscritas, no contaríamos todavía con la logística para poder asumir ese volumen y tiempo de inscripción.

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