Con una carrera imponente como asistente de dirección; el argentino Emiliano Torres cautivó San Sebastián con su ópera prima El invierno . Hablamos con él, en el marco del BIFF.

El Invierno (2016) de Emiliano Torres hace parte de la sección Crossroads del Bogota International Film festival – BIFF , que destaca la hibridación de géneros y las propuestas difíciles de encasillar. La ópera prima de este bonaerense comenzó un viaje de inusitado recorrido en San Sebastián, donde logró cosechar sendos premios y a partir de ahí dar inicio a una peregrinación que encuentra su culminación en Bogotá. Acá en The End aprovechamos para inmiscuirnos en su apretada agenda para conocer a fondo los matices de su obra y sus planes  a raíz del éxito de su ópera prima.

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Es fundamental hablar de la experiencia que ha tenido trabajando junto a Marco Bechis en Garage Olimpo (1999),  además con Miguel Courtois  y con Iciaír Bollaín. Tener unos maestros de narrativas tan dispares, ¿cómo influyó en la configuración de su propio lenguaje?

Mi formación es bastante completa, compleja y al mismo tiempo contradictoria. Siendo parte de la primera promoción de alumnos de La Universidad del Cine por allá en 1991. Tuve en principio una formación bastante académica y estricta; fue por allá en el año 1996 donde empecé a trabajar en la industria pura y dura, afortunadamente en Argentina a mediados de los noventa se configuraban industrias más sólidas a raíz de la ley de cine y eso me permitió trabajar con directores cada vez más importantes y a finales de los 90 desarrollar mi trabajo en Europa como asistente de dirección. Todo esto me llevó a trabajar en cinematografías muy diversas, desde cine político y muy comprometido en el punto de vista ético como en el caso de Marco Bechis donde la ética y la estética tienen una relación muy concreta.

Alejandro Sieveking es Evans, el capataz de una estancia anclada en las entrañas de la Patagonia.

Más que una influencia directa estilísticamente esto me ha abierto muchísimo a la hora de asumir mi rol de asistente y ahora de director, más como un oficio que como un arte. Realmente tomo un poco de todo y al mismo tiempo busco mi propio camino, no parto de prejuicios ni de negar algunas formas ni de privilegiar una sobre otra. En el caso particular de El Invierno, quien más me ayudo fue Emanuel Crialese, con quien trabajé en dos películas en Italia. Él me animó a filmar mi primera película, fue de mucha ayuda en varios momentos de la producción además de una consulta constante y mutua.

“Creo que encontrar en el rodaje es más importante que plasmar ideas, gran parte de la fuerza narrativa, emotiva y la potencia que tiene una película tiene que ver con eso, en haber enfrentado el rodaje como si no hubiese leído nunca el guión”. — Emiliano Torres

Cuando uno ve El invierno encuentra aspectos muy concretos, un ejemplo es cómo se esboza la figura de estos dos hombres que tranquilamente puede ser un ciclo. Lo que esta viviendo Evans puede ser un flashforward de lo que vivirá Jara y cómo se complementa ese tratamiento en el imaginario del paria. Estos sujetos suspendidos en el tiempo ante el ritmo despiadado de la maquinaria de producción, está muy claro.

Para mí era muy importante, nunca dar un paso adelante ante mis personajes sino basarme en sus percepciones. Yo soy muy prudente, no quería anteponer mi visión, ni las formas, ni el peso de un encuadre por sobre la necesidad narrativa de la escena o de un momento de la película. Y sí, hay que luchar con esa ansiedad de ser director primerizo y de mostrarse al mundo, el haber participado en muchas óperas primas como asistente de dirección me ayudó a entender que uno nunca va por delante de sus historias y personajes. Creo que encontrar en el rodaje es más importante que plasmar ideas. Gran parte de la fuerza narrativa, emotiva y la potencia que tiene una película tiene que ver con eso, en haber enfrentado el rodaje como si no hubiese leído nunca el guión.

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Me gustaría hacer énfasis en lo que señala; pensando en algo que decía José Luis Guerín: El rodaje como acto de revelación. Ese proceso de desarme en el rodaje, como la deconstrucción del guión que vitaliza la puesta en escena a favor de las circunstancias, el espacio y los personajes…

En general me involucro de manera bastante emocional con lo que filmo, padezco y disfruto los momentos de los personajes. No soy un director que trabaja detrás de un monitor, trabajo un poco a la antigua, creo que eso es clave, abandonar esa posición de comodidad que el cine le otorga al director. Es un proceso que no siempre es feliz y agradable, si uno quiere narrar historias con conflictos tan dolorosos como la soledad, el desarraigo o el cambio forzado generacional, necesariamente tiene que involucrarse y meter los pies en la nieve. Y por otro lado al tener una formación tan completa necesitaba desembarazarme de tantos rigores formales, prejuicios, análisis… soy muy esquemático y necesitaba desarmar esas estructuras para hacer esta película. Esas escenas que tienen que ver con el azar y el apuro para mí son las más interesantes.

Cristian Salguero es Jara, el joven peón encargado de reemplazar al viejo capataz en El Invierno.

Igual siempre ha hecho énfasis en la importancia que confiere al proceso de confección narrativa que se sublima desde la investigación y la escritura. ¿ Cómo ese proceso?

Cuando se trata de un proyecto mío que sé que voy a dirigir, escribo primeras versiones un tanto noveladas alejadas del guión donde me permito jugar un poco con los pensamientos de los personajes. Escribir esas cosas que normalmente no están en un guión, luego de hacer ese trabajo que me suele dar textos bastante largos comienzo a decantar y pulir las estructuras.

¿Son cimientos más cercanos a la literatura que al cine en un primer término?

Construyo y después destruyo. Construyo escribiendo prácticamente y describiendo con mucho detalle los pensamientos de los personajes, luego cuando filmo pierdo gran parte del guion para recuperar  la subjetividad y la abstracción inicial. Ya en el montaje vuelvo a ser narrativo. Me parece que este proceso de armar y desarmar  me funciona mucho para seguir sorprendiéndome y lograr que hacer una película no sea tan previsible. Son como pequeñas trampas que me voy armando para encontrarme siempre con la sorpresa intacta.

Después de ver El Invierno me llegaron más referentes literarios que cinematográficos, como El desierto de los tártaros o de Juan Rulfo.

Sí, para mí las influencias literarias, no los diálogos, no en la forma de filmar, pero sí como punto de partida son fundamentales. En El invierno hay una huella de London, Hemingway, Rulfo, Cormac McCarthy, influencias que si alguien los ha leído puede verlas bastante cercanas; parto de esos ambientes y universos.

El paisaje otro protagonista vital en El Invierno

“Creo en el cine que se hace saliendo de las oficinas y cerrando los ordenadores, me parece que el cine se hace más con las piernas que con la cabeza”. — Emiliano Torres

Hablando concretamente de los actores, ¿cómo fue la búsqueda para los personajes de Jara y Evans?

En ninguno de los dos casos tenía los actores definidos. En los dos casos salí a buscarlos, viajé mucho, busqué en el norte de la Argentina y luego estuve en Chile llevado mucho por la intuición. Hice casting en un bar y así encontré a mis actores.

Creo en este tipo de movimientos, creo en el cine que se hace saliendo de las oficinas y cerrando los ordenadores. Me parece que el cine se hace más con las piernas que con la cabeza (risas). Tenía sí una idea bastante clara del tipo de actores que necesitaba y de la fuerza expresiva que requería pero también fueron una sorpresa: un hallazgo al que tuve que acostumbrarme y adaptar el guión también. Al final da la sensación que siempre escribí para ellos dos.

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Además, la experiencia previa de Cristian Salguero es vital. el experimentar en carne propia la supervivencia en esos entornos y las inclemencias laborales propias de Jara en la estancia. La simbiosis  de Sieveking y Salguero se siente muy fuerte.

Si, en Cristian tenía las dos cosas, un tremendo actor, totalmente desconocido con un manejo del tiempo, de la concentración y de la mirada profundamente cinematográficas y era alguien que realmente había vivido cosas muy extremas. Sabía perfectamente de qué iba el personaje, así que fue fácil comunicar y llegar a él; por este motivo yo realmente no quería trabajar con un actor de Buenos Aires simulando al peón, simulando un acento, intentando investigar el trabajo rural. Necesitaba ese grado de realismo y al mismo tiempo a un actor. El desafío era lograr un grado de realismo visceral, crudo y potente en las actuaciones pero al mismo tiempo una construcción absolutamente estudiada y trabajada. Hay muy poca improvisación y muy poco margen sobre algo que no haya sido buscado en la película, entonces es una llegada al realismo a partir de otro lugar.

El elemento básico del western es la lucha de un hombre y el apego a su propiedad. En la película veía esto y pensaba en El hombre que mató Liberty Valance (1962) o en el final de Avaricia (1924) de Stroheim, porque plantea una atmósfera de unas condiciones laborales de inequidad, pero al final es una batalla que se va volviendo más primitiva casi esquizofrénica. ¿ Ese trasegar de índole social que después se convierte en algo más primitivista de  dónde emana?

Esa siempre fue una búsqueda del guion. Yo quería hacer una película que mutara de géneros; que comenzará como una película muy descriptiva  sobre la situación social que viven los peones en este tipo de estancias, de a poco esa historia iba a mutar al drama, al thriller y en el clímax probablemente la película se resuelva como un western. Necesitaba ese recorrido por distintos géneros y me interesaba un poco trabajarlos al mismo tiempo, requería que no ocurriesen quiebres muy pronunciados como dice Bresson:” Un secreto o una sorpresa secretamente esperada”, que fueran parte de un todo.

El Director Emiliano Torres en el set de El invierno.

 

Usted decía algo importante en la función de estreno acerca del acto de perdurar en el cine: ” Esto en 100 años lo verá alguien” y  la historia oficial como es tan maleable por el poder que impera, hacen del cine un método idóneo de registro. Así también lo vemos con su compatriota Albertina Carri en Cuatreros, la importancia de interpretar esa historia y dejar un legado.

Creo que en películas como estas, a pesar de ser un hecho industrial y comercial tenemos una obligación vinculada con la memoria. Esa responsabilidad para mí es muy importante, yo filmo pensando muchísimo en el espectador de los próximos 150 años, cuando la Patagonia finalmente, espero que no, pero parece inevitable, sea diezmada y la vida de esa gente sea modificada para siempre. Para mí es muy importante dejar un documento de cómo se vivía, cómo se trabajaba, que conflictos existían. Creo que en este tipo de películas tenemos una responsabilidad inevitable.

Emiliano Torres

Emiliano Torres presenta su ópera prima en el BIFF

 

¿Qué sigue para Emiliano en adelante o qué espaldarazo necesita para la siguiente película?

(Risas) Actualmente trabajo casi exclusivamente como escritor de largometrajes y de series de televisión y en paralelo desarrollo mi siguiente película, que seguramente será una coproducción con España donde tengo que filmar la mitad de la película allí y la otra mitad en Argentina. Es una película bastante más ambiciosa que El invierno  y mas arriesgada también. En un contexto donde el paisaje y la situación son determinantes pero donde voy a explorar sentimientos, emociones y temas que anteriormente no alcancé a desarrollar en mi primera película. Si todo sale bien será algo más convencional, más abierto, pero acercándome a temas que por ahora no había tocado. El trabajo, las injusticias y los conflictos existenciales van a estar presentes porque en general son mis temas recurrentes.

Fotografías del rodaje: Pierre-Yves Lavoué

Fotografías entrevista:  Oscar Arbeláez

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