Una sensación agridulce recorre el cuerpo después de dar por terminada la tercera edición del BIFF.  Después de tanto cine, nuevas amistades y esperanzadores augurios para la próxima edición.

L a tercera edición del Bogotá International Film Festival- BIFF culminó el pasado 18 de octubre y dejo tras su paso  historia notables entre quienes asistieron a las diversas funciones que se tomaron la ciudad. Por esta razón destacamoss seis grandes títulos que nos dejó la pasada edición.

BIFF

 

GHOST HUNTING 

Bien podría ser el extraño hijo bastardo que navega en los linderos del dispositivo representacional de un Acto de matar (2012) de Joshua Oppenheimer y la evocación supina de la atmósfera de César debe morir (2012) de los hermanos Taviani.   Mediante un dispositivo de reconstrucción en todos los ámbitos, tanto emocional como material,  se representa el paso  por la cárcel “Moskobiya” del servicio de seguridad interior de Israel del palestino Raed Andoni, director de la película.  Se llega al punto dereconstruir en una bodega la réplica de la prisión que lo atormentó valiéndose de un proceso particular de casting. ¿El requisito? Haber estado preso al menos una vez, nada complicado para el más del 40% de los palestinos. En este punto comienza una vorágine vertiginosa de confrontación al pasado. Una puesta en escena que zigzaguea entre la animación onírica y lo performativo.

Los presos asumen roles de la autoridad israelí, un actor, con las máculas de la sombra represiva de Moskobiya, interpreta a Mohamad Khattab, personaje que Andoni recuerda por su extraordinaria capacidad de resistirse a los interrogatorios. ¿No es acaso la alegoría más funesta para la memoria emponzoñada por el odio? Varios ex prisioneros tratando de reconstruir una prisión brumosa porque la mayoría del tiempo estuvieron con los ojos vendados. ¿Cuánto hay que virar entre los pasillos para llegar al cubículo de aislamiento? El techo de esta celda era más alto y las paredes más estrechas, sugiere uno de los reos , ¿seguro? Yo recuerdo que podía levantar las manos y alcanzaba a rozar el concreto.

MOMENTO ESPECIAL: Ramzi Maqdissi, el actor que interpreta a Mohamad Khattab, atiende la instrucción del verdadero Khattab que recuerda como se orinó en uno de los interrogatorios y las autoridades lo usaron a él mismo como trapero. Lo que sigue a continuación es uno de los instantes más turbios del documental contemporáneo.

SICILIAN GHOST STORY

Los consentidos de la Semana de la Crítica en Cannes, los directores de Salvo (2013), Fabio Grassadonia y Antonio Piazza, vuelven a las andanzas. Originarios del sur de Italia, no es de extrañar como núcleo temático la mafia y su impacto en la sociedad. Tomando el caso del secuestro de Giuseppe di Matteo, los directores construyen una fábula fantasmagórica donde la hibridación de géneros se dan la mano: la curiosidad de una dulce niña para desentrañar el enigma del paradero de su amigo y un misterioso lago construyen una atmósfera brillante que no hace sino constatar el buen momento del cine italiano contemporáneo. Cóctel de amor adolescente trágico permeado por un thriller de ajuste de cuentas. Henry James, Raymond Chandler y las imágenes de Matteo Garrone podrían darse tranquilamente la mano.

MOMENTO ESPECIAL: El comienzo de la película, nadie más que Luca Bigazzi, el paladín visual de Paolo Sorrentino, podría entregarnos algo así.

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CUATREROS

Mi preferida del festival. “Una road movie sin viaje” ajusticia su directora. Como Leonardo Padura busca a su Trotski en El hombre que amaba a los perros. Albertina Carri dibuja el mito de Isidro Velásquez, conocido como el último gaucho alzado de la Argentina,  sólo para seguir a un fantasma, el de su padre, el sociólogo bonaerense que estudió con ahínco a Velásquez en sus formas prerrevolucionarias de la violencia. Roberto Carri y su esposa Ana María Carusa desaparecieron como el abogado parisino Fleury al momento de retratar un paisaje, en el Tren de sombras (1997) de Guerín. Sin embargo, el halo espectral de su ausencia no bebe de la efervescencia de la imagen sino de otras causas. Las mismas que afligen el continente, las que desvelan a cineastas como Patricio Guzmán o Heddy Honigmann.

En los mosaicos de found footage de Carri encontramos un crisol de sentimientos, voces yuxtapuestas, inacciones, digresiones, pleonasmos, alegorías y anacronismos. La desbandada bullente de sentimientos se uniforma hacía un mismo cauce, lo que era un archipiélago enrevesado termina siendo un río sosegado de impotencia. “Los mártires de la nada” como se dirige Carri al fantasma de Isidro Velásquez y al de su Padre.  Solo las mismas palabras de Carri pueden servir de refugio, son bramidos histéricos de ciervo herido, en un momento donde el silencio más que nunca es tan aterrador como las ignominias de las épocas pasadas que buscamos purgar con él.

“¿Qué busco? Busco películas, también una familia, una de vivos, una de muertos; busco una revolución, sus cuerpos, algo de justicia; busco a mi madre y a mi padre desaparecidos, sus restos, sus nombres, lo que dejaron en mí. Hago un western con mi propia vida. Busco una voz, la mía, a través del ruido y la furia que dejaron esas vidas arrancadas por aquella justicia burguesa”.

 

MOMENTO ESPECIAL: Todo el metraje, pero destacó en especial la lectura que hace Albertina Carri de una escena de su guion que nunca llegaría a rodar: la de la muerte de Isidro Velásquez emboscado y traicionado. ¿Por qué el cuerpo del gaucho que nunca he visto me hace pensar en un Guadalupe Salcedo que desconozco aún mas?

LOS FAMOSOS Y LOS DUENDES DE LA MUERTE

La película del brasileño Esmir Filho puede despertar los odios más intensos como los beneplácitos más férreos. Este anómalo vehículo de celuloide que recuerda al Van Sant de Paranoid Park se pudo ver precisamente en la retrospectiva que el BIFF concedió a la productora brasileña Sara Silveira y su empresa DEZENOVE SOM E IMAGENS. Esta adaptación de una novela de Ismael Caneppele esta inmersa en un limbo  enigmático donde los rumores de un recital de Bob Dylan, el auge de la internet, los hogares herméticos con prolongados silencios y las ensoñaciones fugaces de una joven suicida de piel luminiscente se dan la mano. El protagonista, que se apoda a sí mismo como Mr. Tambourine Man, camina entre los neblinosos paisajes de un pueblo anclado en las estribaciones de Porto Alegre, de alegre nada.

Esta vereda más cercana a una aldea bávara y un puente con fama de guarida para los suicidas serán los escenarios donde Esmir Filho y Mauro Pinheiro Jr usarán su filigrana visual para evocar anhelos, punciones de deseo y la perdida con sus resonancias. Recepción cálida en Berlín y en Locarno, la obra de Filho es pura expectación, actualmente está en la preproducción de su segundo largometraje “Baleia”.

MOMENTO ESPECIAL: Ver a la hermosa Tuane Eggers en todo su esplendor.

MATAR A UN HOMBRE

Celebro el cine del chileno Alejandro Fernández Almendras, por eso la decisión del festival de generar un énfasis en su obra con la sección “Foco” me pareció más que afortunada. Por su cine, ese humanismo de denuncia de los Dardenne se aúna con los rigores formales de Cristian Mungiu y la violencia subrepticia de lo cotidiano de Haneke. Matar a un hombre esta inspirada en sucesos reales lo que todavía la hace más sórdida y más plausible en ese descenso a los infiernos que atraviesa Jorge, su protagonista. Lo tenebroso de este reflejo cóncavo, es la proximidad, el orden de las circunstancias son tan cercanas y cotidianas que cualquiera de nosotros puede verse imbuido en los dilemas de Jorge. ¿Qué haríamos nosotros en su situación?

MOMENTO ESPECIAL:  Kalule el matón del barrio, vuelve de prisión con deseos de venganza hacía Jorge y su familia, el hostigamiento cada vez se exacerba. Jorge decide tomar su escopeta de guardabosques ante la incompetencia del sistema judicial chileno, agazapado en el coche de Kalule acciona la alarma y espera acechante a que este salga de su domicilio, a partir de ahí viene todo un espectáculo de puesta en escena que hiela los huesos.

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EL INVIERNO

Despiadado y gélido debut del argentino Emiliano Torres. De vasta experiencia previa en el cine, desde el campo de la asistencia de dirección y el guion, ha coincidido con autores del talante de Albertina Carri, Icíar Bollaín o Marco Bechis. El invierno es una rotunda sorpresa por su maleabilidad de mutar de géneros, por esos ecos del paria subyugado que tranquilamente parecen salidos del tintero de Cormac McCarthy o Dos Passos.  Porque no señala y demarca el carácter de sus protagonistas sino que camina a sus pasos sin miramientos. Enternecedora y cruenta crítica al trabajo en una remota estancia ovejera anclada en las tripas de la Patagonia profunda. La lectura que hace del cambio generacional de oficio nos hace pensar en Elio Petri y en Kaurismäki, pero acá el absurdo de un despido se digiere con la aspereza con la que el vino en sus torrentes pasa por el gaznate de Evans, el viejo capataz de la estancia.

MOMENTO ESPECIAL:  El descenso a la espiral cada vez más primitiva del nuevo peón (Jara), un hombre con un rifle que no es más que un punto en la vasta e indiferente nieve. La tormenta puede cesar pero el mismo invierno es la estancia y sus ausentes patrones.

THE END MAGAZINE