El pasado 19 de octubre llegó a salas Siete cabezas, segunda película de Jaime Osorio Márquez, en la cual se aborda la maldad desde la perspectiva de su fragilidad. Hablamos con Alexander Betancur (Marcos) y Valentina Gómez (Camila), protagonistas de este thriller psicológico.

El 19 de octubre se estrenó a nivel nacional Siete cabezas (2017), dirigida por Jaime Osorio Márquez, quien, tras su ópera prima El páramo (2013), vuelve a desarrollar una historia de suspenso psicológico. Marcos (Alexander Betancur) es un extraño guardabosques que se ha aislado para mantener un frágil equilibrio que le permita resistir a los impulsos malignos en él. Todo cambiará cuando Camila, una bióloga, llega en compañía de su pareja para investigar una extraña mortandad de aves en la región.

Lo primero que quisiera saber es cómo fue su llegada al proyecto, cómo llegaron a obtener el papel de protagonistas de Siete cabezas.

Alexander: Todo comenzó una noche en la que fuimos a ver una obra de teatro con un amigo. Estábamos haciendo la fila y Jaime Osorio se acercó, saludó y nos presentaron. En algún momento me dijo que estaba buscando un actor para su película y creía que yo me acercaba físicamente a lo que estaba buscando. Luego me tomó un par de fotos para enviárselas al productor. A los dos días me invitó a su casa a hablar del personaje, de la película, a leer el guion y a que hiciéramos unas improvisaciones con los otros actores. Después llegaron los productores y de repente estaba en una suerte de casting, como a mansalva. Así llegué yo a Siete cabezas.

Siete cabezas

Valentina Gómez (Camila) durante el rodaje de Siete cabezas.

Valentina: Yo conocía a Jaime porque ya había hecho una obra de teatro  de terror con él. Estábamos haciendo una segunda obra de teatro. Él me habló del proyecto. Yo tenía muchas ganas de tener este personaje, pero Jaime estaba buscando otras características. Él tenía esa cita bíblica de la mujer vestida de sol, entonces pensaba en una mujer pelirroja. Incluso yo le recomendaba actrices, porque yo estaba fuera de ese perfil. Pero en algún momento él cambió su idea y me dijo: “Yo creo que puedes ser tú”. Yo estaba muy emocionada. Jaime habló con Jorge Forero y Diana Bustamante (productores de la película), y como estábamos haciendo la obra, era un buen escenario para que me vieran. Cuando fueron a verme les gusté, entonces quedé seleccionada para la película.

Una vez se encuentran en el proceso de desarrollo y la construcción de personajes, ¿cómo fue el trabajo para dar forma a cada uno de los personajes?

Alexander: A partir de la selección como Marcos empezó la búsqueda del personaje. Con Jaime empezamos a trabajar todas las tardes en ensayos. Hablamos mucho del desorden que tiene el personaje (BIID, un trastorno psicológico que hace que quienes lo padecen sientan como extrañas o ajenas algunas partes de su cuerpo, llevándolos en algunos casos a amputárselas). Eso fue algo que se estudió.

Íbamos todas las tardes a ensayar alguna situación o relaciones a las cuales se enfrentara el personaje. Fue un trabajo que comenzó a partir del cuerpo y de las posibilidades que yo le podía prestar al personaje de Marcos. Desde lo psicológico trabajamos las relaciones, las miradas, la comunicación. También estaba el trabajo psicológico que hacía en casa: esas cosas que no hay que contar pero que son todo lo que un actor hace  para lograr encontrar a su personaje.

Este proceso duró unos cuatro meses. También teníamos ensayos con los demás actores. Por ejemplo, con Andrés Castañeda, que hace de mi hermano en la película, ya habíamos trabajado.  Él es un actor muy dispuesto, con muy buena energía para trabajar, así que nos divertíamos. Era el momento para relajarse un poco, pues yo siempre estaba buscando la tensión del personaje. Fue un tiempo en el que estuve bastante aislado de mis amigos, por estar concentrado en Siete cabezas y en mis ensayos con Jaime.

Valentina: Al quedar como Camila, yo le pedí a Jaime una actriz, una persona con la que yo pudiera guiarme. Él me dijo: “No, es que eres tú, tal cual: con el pelo largo, caleña… Yo me la imagino así, una bióloga de la Universidad del Valle”. Él buscaba mucho el paralelo de aquella mujer vestida de sol. Me decía que había que buscar la dulzura. Yo soy un poco fuerte en mi forma de ser. A veces esta cosa de la dulzura me cuesta. Él me decía: “La tienes, claro que la tienes”. Entonces buscamos eso de ser dulce, que es lo que a iba a cautivar a Marcos de Camila.

Luego, técnicamente, tocó estudiar biología. Aprendí cómo son los ornitólogos, qué llevan en sus agenditas, qué es lo que ven en los pájaros, qué cantidad de especies de aves hay en Colombia,  cómo se hace una disección de aves etc. Todo esto para que cuando fuéramos a la locación tuviéramos una idea de cómo recoger un ave, cómo se abren sus alas, cómo les miras el pico, los ojos. Por otra parte, Jaime hizo una escaleta con las escenas. Él no escribe diálogos para repetir, sino que comienza a trabajar con los actores para saber cómo esas escenas se van construyendo, y qué diálogos van apareciendo.

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Hay un elemento importante en Camila: su embarazo. Eso también supone un cierto estado en el momento en que Camila llega a hacer su trabajo. ¿Cómo trabajaron esto?

Valentina: Primero, físicamente, estás cansado, las piernas te duelen, la columna también. Las mujeres embarazadas siempre se están tocando la barriga. Hay que estar todo el tiempo consciente de que esa barriguita – aunque la mía era completamente falsa – es de verdad, que hay un ser ahí, y que hay que tener mucho cuidado con todos los movimientos para que no se vea falso. Entonces tenía que ser muy cuidadosa con la barriga y estar mostrando cansancio y dolor en la espalda.

Luego está todo el asunto de la vulnerabilidad y de ser consciente de que hay vida adentro, de que estás conectada con ella y debes progerla. Entonces, por un lado, al estar con Marcos, que es este personaje extraño,  por el que a veces me siento observada, que le temo, que no lo comprendo, se genera un instinto de protección hacia mi bebé. Si no estuviera embarazada sería diferente, no estaría tan vulnerable, estaría sola pensando en mí. Pero no, todo el tiempo estoy pensando en mi bebé, y eso me hace estar más vulnerable a todo.

Además, la relación con mi pareja también me afecta: estoy embarazada, tengo una relación con Leo, que no quiere al bebé. Yo quiero estar con él, trato de estar con él y él me rechaza de muchas formas. Otra cosa importante es que Camila se decide por la vida. Leo todo el tiempo está hablando de que contribuimos a la destrucción del mundo. En cambio, por más que está con una persona que no quiere a su hijo, Camila es un personaje que sí quiere la vida.

Siete cabezas

Alexander Betancur encarna a Marcos, protagonista de Siete cabezas.

Una vez llegados a la locación (el Páramo de Chingaza, un parque natural colombiano que es zona de conservación), ¿qué pasa con los personajes que han venido construyendo?

Alexander: Es bien interesante. Yo había vivido en el campo y también había sentido el aislamiento, el estar solo con la naturaleza en algún momento. Pero esta experiencia fue enriquecedora. En mi caso, a pesar del frío, del viento helado y todas esas cosas, fue enriquecedor para el personaje. En todo el proceso con Jaime, siento que ya habíamos logrado encontrar las bases del personaje, y al llegar allá solo faltaba instalarme en el lugar.

Valentina: Cuando estás allá es cuando realmente el personaje cobra vida. Nosotros ensayábamos en el apartamento de Jaime, entonces uno se imaginaba el lugar. Pero cuando ya estabas ahí, cuando mirabas las montañas, cuando ya veía los pájaros muertos que antes me imaginaba, todo se vuelve real. Todo lo que había ensayado, los diálogos, los pajaritos que recogía en un piso de madera, los pajaritos que había comprado en el centro, en medio de este lugar impresionante que es Chingaza, se volvió real. Claramente te ayuda mucho más a entrar en la historia, a sentirte ahí.

Considerando que Chingaza es un páramo, que impone una serie de restricciones por ser un área protegida, además de ser la locación donde transcurre toda la película, ¿cómo fue la experiencia de rodar allí?

Alexander: Fue fuerte. Teníamos un trabajo intenso, no siempre nos podíamos movilizar en algún transporte. Muchas veces llegábamos en carro hasta cierto punto y de allí en adelante teníamos que caminar llevando las cosas del rodaje. Si bien el frío era muy fuerte, yo no era el único que estaba soportando la temperatura, era todo un equipo que estaba allí.

Teníamos la ventaja de que no había Internet, no había señal de teléfono, así que estábamos  muy concentrados. Todos estábamos durmiendo en el mismo campamento, entonces no fue tan sufrido. Quizás si lo fueron un par de escenas en las que tenía que estar desnudo, al aire libre y con agua cayendo. Eso sí fue fuerte. Pero toda la producción estuvo muy pendiente de mí, para que no me fuese a dar hipotermia o una cosa así.

Valentina: La altura no nos pegó tan duro porque aquí en Bogotá estamos un poco acostumbrados. Claro que hace bastante frío, pero nos fuimos equipados con ropa especial. Obviamente usábamos pantalones térmicos, gorro, guantes y toda la indumentaria para poder soportarlo.

Hubo  una escena en la  que nos tocaba subir una montaña. Ese día estaba lloviendo durísimo y a mí se me hincharon tanto las manos que no podía doblar los dedos. Sentía que la cara se me estaba congelando. El equipo estaba en otra montaña, al frente, y gritaban: “Vuelvan, bajen y suban”. Y yo los quería matar. “Malditos. ¡No más!”. Y bajábamos y volvíamos a subir. Mi cara era de descompuesta, y en la película se ve en una de las escenas. No era algo actoral, la cara era de descomposición por el frío espantoso.

Pero además había que ser muy cuidadosos porque eso era un parque natural. Diana Bustamante iba detrás de todo el equipo: “Por favor, no se hagan ahí”, “por favor, no pisen ahí”, “por favor, el frailejón”. Entonces tocaba ser supremamente cuidadoso. También había caminatas largas, sin un baño cerca, cosa que no era muy cómoda. Pero al mismo tiempo es uno de los lugares más bellos y más mágicos en los que yo he estado en mi vida. Había venados, conejos. Vi el arcoiris más impresionante, frailejones divinos, igual que este paisaje de neblina o estos bosques húmedos llenos de musgo. De verdad es como estar dentro de un cuento, una cosa muy, muy mágica y muy bella.

Hay un par de escenas de las que quisiera hablar. Una es la escena del baile con los turistas chilenos en la que parece revelarse Marcos en toda su dimensión. Vemos los contrastes de un hombre que se esfuerza por actuar con normalidad y salir de su aislamiento, pero que es presa de esa lucha interna por un impulso hacia la maldad.

Alexander: Psicológicamente eso es parte del comportamiento del personaje: es alguien que no se relaciona mucho con las personas, pero en un momento él quiere actuar o hacer sentir a los demás que él es normal. Yo siento que esa escena es uno de esos pocos momentos en los que el personaje verdaderamente se quiere relacionar con otra gente. Pero, ante su torpeza y esas cosas de las que hemos hablado, termina por estropear todo y todo se vuelve un caos.

Siete cabezas

Equipo de rodaje durante la preparación de una escena de Siete cabezas.

La otra escena es la final. Sin ánimo de hacer spoilers, es una escena muy fuerte y tensa. Debió suponer un reto muy grande para ustedes como actores que deben sostenerla. Me gustaría saber cómo fue su preparación y realización.

Alexander: Creo que fue la escena más fuerte físicamente y psicológicamente.  Fue una escena bastante difícil en la que tuvimos que confiar todos en todos: el director en nosotros (actores), nosotros en el director. El desgaste energético fue grandísimo. Fue una escena que no se ensayó, sino que se llegó a hacer allá. Se analizó, se habló, pero realmente no sabíamos cómo la íbamos a hacer.

Valentina: Esa era, desde el guion, la escena más difícil. Fue la que menos ensayamos, una escena casi intocable. Hay un momento en el que yo grito: “No sé qué hacer”, y en el momento lo dije de verdad. Era tan real lo que me estaba pasando que eso se iba cargando. Era una escena tan poderosa que ella te arrastraba y te llevaba.  También había una gran entrega, una confianza absoluta en el director. Si yo no confío en mi director, no hago esto. Entonces hay total entrega, te despojas de todo, te olvidas del equipo, de todo. Además, Alex, mi compañero, fue muy cuidadoso.

Luego, cuando la escena terminó, a mí me costó reponerme. Creo que después de esa escena hubo dos días de descanso. Creo que volvimos a Bogotá, pero yo me sentía rara, había una carga muy fuerte. De modo que todo fue un asunto de entrega, confianza, concentración, de profesionalismo y compañerismo.

También quisiera saber sobre lo que esta experiencia le deja para usted como actor. ¿Qué representó Siete cabezas para Alexander?

Alexander: Esto fue un aprendizaje. Siento que me enriqueció, porque es diferente hacer una secuencia  o unas escenas sueltas, experiencia que ya tenía de otras películas, a verdaderamente tener el hilo conductor de la película. Eso para mí fue enriquecedor. Asimismo fue el trabajo con Jaime. Aprendí muchísimo del cine. Esta experiencia en la más grande que he tenido y me enriquece como actor, me alimenta.

Este es un género que aquí en Colombia no se trabaja mucho. Personalmente, yo había actuado algo similar – en cuanto a género – en un cortometraje llamado El maligno, y yo era El maligno. Eso fue lo más cercano y sirvió. Digamos que todas las experiencias anteriores sirven cada vez que uno va a desarrollar algo. Este es un personaje diferente: con una carga física y psicológica muy fuerte pero que está contenido. Este es otro género que me pareció muy chévere.

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También me gustaría saber cómo fue el trabajo con Philippe Legler, quien hace de Leo, su pareja, en la película. ¿Cómo fue el trabajo con él para construir esa relación que vemos en Siete cabezas?

Siete cabezas

Camila y Leo, una pareja de biólogos que llega al parque natural a investigar la misteriosa mortandad de aves.

Valentina: Yo a Philippe lo conozco hace muchos años. Habíamos hecho, como actores, la tesis de cine de un compañero. Primero está su trabajo actoral, y luego está nuestra relación y nuestra química a nivel personal.  Entre nosotros dos puede que haya cierto roce, desde siempre. Creo que eso se refleja en nuestra relación en la película. Philippe es, como en su papel, un tipo inteligente, culto, con mundo, quisquilloso, y eso me hace reaccionar a mí, Valentina, y también a Camila. Actuar es también reaccionar a lo que te pasa con el otro.  Así que yo lo observaba, con las cosas que decía y con su forma de tratarme, y reaccionaba. A mí me gustó mucho el trabajo de Philippe. Al ver la película me sorprendió gratamente su trabajo y nuestra relación, que es muy clara.

Editado por Daniela Reyes. 

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