En Sitges se presentA? la esperada cinta animada que hace homenaje a la vida y obra del pintor Vincent Van Gogh. Una experiencia visual que dejarA? contentos a sus fanA?ticos.

Cuando se trata de salir a comer a un restaurante, hay algo cierto y es que si usted va a un lugar cuyo principal atractivo es su altura o ubicaciA?n prA?xima a una maravilla natural que ofrece al comensal un A?banqueteA? para los ojos, lo mA?s probable es que la comida resulte mA?s bien decepcionante.

Eso tambiA�n puede ser el caso cuando se trata de pelA�culas cuya principal atracciA?n es su despliegue de trucos visuales. Demasiado a menudo hay una falta de algo realmente mA?s allA? del factor del A?wowA?. Considere los maravillosos fondos de la pelA�cula protagonizada por Robin WilliamsA� MA?s allA? de los SueA�os (1998):A� Donde los visuales eran sobresalientes pero con una trama casi inexistente. Avatar podrA�a ser el A?ltimo ejemplo de este sA�ndrome, donde su impactante trabajo de efectos especialesA� apenas subrayaba la escasa multidimensionalidad de sus personajes y un guion deficiente de ciencia ficciA?n.

Trabajando con un guion un poco mA?s complejo, tenemos al ambicioso proyecto de animaciA?n Loving Vincent. Vincent Van Gogh, nada mA?s y nada menos,A� el atormentado pintor holandA�s del siglo XIX, que absorbiA? la esencia del entonces popular Impresionismo y lo reimaginA? con su marca registrada, llenas de pinceladas gruesas y vigorosas. Esa tA�cnica le dio una vitalidad A?nica a sus representaciones vA�vidamente renderizadas de la campiA�a francesa y retratos de sus mA?s allegados, que ademA?s destacan en la pelA�cula.A� Como resultado, su estilo parece ser especialmente adecuado para una producciA?n que se autodenomina como el primer largometraje completamente pintado a mano. Un relato bastante melancA?lico, aunque rA�gido, de las A?ltimas semanas del artista previas a morir en 1890 por lo que parece haber sido un disparo autoinfligido. Aunque trama que no es del todo fascinante, ni mucho menos original,A� la pelA�cula al menos se beneficia de centrarse en esta singular y trA?gica alma, cuyo trabajo sigue fascinando a los espectadores hasta el dA�a de hoy.
Sin embargo, hay que destacar el gran mA�rito detrA?s de la dedicaciA?n y ambiciA?n de Dorota Kobiela y Hugh Welchman, el equipo detrA?s de esta impecable colaboraciA?n polaco-inglesa. Considerando que esta producciA?n requiriA? los servicios de 125 animadores para crear los 65.000 cuadros pintados al A?leo que incorporaron 120 de las obras mA?s conocidas de Van Gogh, un proceso que tardA? diez aA�os en completarse. Si alguna vez quisiste que una obra maestra que hubieses visto colgada en una galerA�a cobrara vida, tu deseo se ha concedido completamente.
van gogh, sitges

Detalle del trabajo de animaciA?n de las pinturas de Van Gogh usadas en la cinta.

TambiA�n puedes leer:A� ARTE: LA PREOCUPACIA�N DE NO SENTIRSE ADENTRO

A�Su experimento visual es intensamente hipnotizante, desde las familiares estrellasA�de Van Gogh que irradian en los cielos nocturnos, pasando por los halos que parpadean alrededor de las velas o el rA�o pulsando ondas brillantes y la lluvia que cae como tiras de confeti rectangular sobre los dorado campos de trigo. RA?fagas de energA�a cinA�tica vibran en casi todas las escenas como si la pantalla fuera radiactiva. Pero esta oleada elA�ctrica es mA?s que un simple aderezo visual: capta la razA?n por la que Van Gogh, cuyo genio fue mayormente ignorado durante su breve vida, es hoy considerado el padre del arte moderno. Un desadaptado social propenso a episodios de depresiA?n, Van Gogh dedicarA�a la A?ltima dA�cada de sus 37 aA�os a responder a su llamado. El resultado fueron mA?s de 800 pinturas al A?leo que muestran sus emociones de una manera que abrieron un portal hacia el siglo siguiente y que nos sigue hablando hasta el dA�a de hoy.
Pero las pelA�culas no pueden vivir solo de bellas imA?genes ondulantes. Loving Vincent toma la forma de un misterioso asesinato sin sentido que integra los retratos y paisajes de Van Gogh con imA?genes de actuaciones reales pintadas a mano. Esta trama con tintes de novela policA�aca, investiga si Van Gogh se suicidA? o fue baleado por otra persona. Contando con que el papel de investigador y narrador es Armand Roulin (Douglas Booth), un joven amargado que lleva puesta una chaqueta amarillo canario y que tiene una debilidad por las peleas, el alcohol y los bares. Un aA�o despuA�s de la muerte del artista, su padre (Chris O’Dowd) le encarga a regaA�adientes entregar la carta final que Vincent dirigA�a a su querido hermano menor, Theo. Armand se dirige a ParA�s, donde aprende del famoso proveedor de pintura Pere Tanguy (John Sessions). El hombre mayor tambiA�n lo llena en la historia de la transformaciA?n de Vincent de un fracasado sin empleo a un prolA�fico productor de arte.
A partir de este momento, Loving Vincent sigue el camino bien gastado de muchos televisores y detectives de cine. Con un nuevo respeto y curiosidad por Van Gogh, Armand comienza a interrogar a los que conocieron a Vincent durante sus A?ltimas seis semanas. Eso incluye a la hija de un posadero, Adeline Ravoux (Eleanor Tomlinson), quien alojA? a Van Gogh en su casa, y la menos generosa Louise Chevalier (Helen McCrory), ama de llaves del Dr. Gachet, el mA�dico que lo tratA?. Una mujer religiosa, que demoniza a Vincent, declarando que “A�l era malvado”. Por A?ltimo, estA? la hija de Gachet, Marguerite (Saoirse Ronan), que pudo o no haber estado conectada romA?nticamente con Van Gogh. Cada testigo ofrece opiniones ampliamente divergentes del artista antes de morir. El arma del crimen nunca es encontrada, por ende, en A?ltima instancia, los realizadores dejan los espectadores generar sus propias conclusiones sobre lo que realmente sucediA?.
van gogh, sitges
El estilo definitivamente supera a la sustancia aquA�, ya que la mayorA�a de los actores estA?n mejor definidos a travA�s de sus interpretaciones vocales que de sus presencias fA�sicas cambiantes. Van Gogh se presenta principalmente en un apagado blanco y negro como flashbacks, interpretado por el actor de teatro polaco Robert Gulaczyk. Para concluir Kobiela y Welchman satisfacen a un espectador hambriento de recordar al pintor holandA�s y sus deslumbrantes pinturas, pero no para los que les importe una narrativa con consistencia. Es una pelA�cula para los amantes de las bellas artes que definitivamente aquA� podrA?n complacer a su paladar.

Antes de irte: LA FORMA DEL AGUA TRAE DE VUELTA A GUILLERMO DEL TORO

THE END MAGAZINE