Como parte de nuestro especial sobre el Cyberpunk que estamos realizando en The End, repasamos las claves de las banda sonara de Blade Runner, de la mano de un genio sin parangón, el gran compositor Vangelis. 

Cuando uno piensa en Blade Runner, rápidamente le llegan a la mente luces de neón, frases míticas de replicantes, Harrison Ford corriendo bajo la lluvia o a Ridley Scott tocando techo en una de las películas más interesantes e importantes de toda la década de los años 80. ¿Pero, qué pasa con la música? ¿Y la concepción sonora? Esto no es algo ajeno al fan de Blade Runner, que valora profundamente su banda sonora –no fueron precisamente pocas las copias que se vendieron en vinilo–, pero hoy queremos desentramar por qué era Vangelis, de entre todos los músicos del momento, la persona ideal para llevar a cabo la partitura de la película, y en definitiva, ser la pieza clave para crear esa atmósfera que ha atrapado a jóvenes y expertos durante mas de treinta años.

Pero comencemos por el principio, ¿quien es Vangelis?

Vangelis componiendo en su estudio

Como una gran parte de las mayores innovaciones que ha creado el hombre, Evangelos Odysseas Papathanassiou (Vangelis), proviene de Grecia. A su música se le ha catalogado con todos los tags habidos y por haber, desde ambient, new wave, música electrónica o synthpop, hasta el rock progresivo.  Pero esto de las etiquetas musicales no deja de ser una trampa, así que os diré algo mejor. Vangelis juega en la linea de los hombres extraordinarios del sintetizador, una liga, en la que solo participan maestros de la talla de Brian Eno, Jean Michel Jarre, Mike Oldfield, Dead Can Dance,  Tangerine Dream o Popol Vuh. 

Su carrera en solitario comienza en 1970, con su primer trabajo, Sex Power, una banda sonora para una película erótica de titulo homónimo. Durante la década de los años 70, intercala distintos trabajos interesantes para bandas sonoras de películas de televisión con trabajos individuales suyos, como el brillante Earth (1973), en el que podemos ver un Vangelis que poco o nada puede recordarnos a simple vista al de sus composiciones de la década de los 80s, ya que la influencia psicodélica mas podría acercarse a lo que te esperarías de la primera etapa de Pink Floyd. Pero el disco avanza, y te encuentras con esa mágica trascendencia característica de su música. La creación de espacios atmosféricos dominados por la repetición de no más de tres o cuatro líneas instrumentales distintas. Los ecos que produce el rasguido de una guitarra, o un canto repetido hasta la saciedad, consiguen romper con el concepto temporal y acercarnos a otros tiempos que parecían perdidos. 

Su carrera es exitosa y prácticamente lanza un álbum por año –incluso más de uno en algunos años concretos– ,aunque destacaremos Spiral (1977), probablemente el álbum clave para entender mejor la música de Blade Runner, que es el tema que hoy nos ocupa. Spiral no es más que la consumación de los tratados musicales que llevaba tiempo postulando a través de discos tan notables como Heaven and Hell (1975) o L’Apocalypse des animaux (1973), pero es en este álbum en el que se abre una puerta hacia el futuro. Para algunos críticos, Spiral es el equivalente electrónico al Fugue in D Minor de Bach, con lo que ya podéis haceros una idea de que nivel de perfección estamos hablando. En este álbum, consigue llevar hasta el éxito más absoluto concepciones antes trabajadas en sus anteriores discos, como la superposición de capas instrumentales, o la manipulación de los tonos y sonidos en tiempo real a través de su Yamaha CS 80. 

No es extraño escuchar hoy en día Spiral y que siga pareciendo música del futuro para el que la escucha. Y no me refiero solo a que este tipo de música haya sido asociada a la ciencia ficción –en parte, por culpa de películas como Blade Runner– sino que a nivel compositivo, Vangelis sigue representando la más absoluta modernidad y vanguardia. 

Pero Vangelis no es un compositor –aun vive– al que le guste acomodarse en unos sonidos propios. Después de marcar un hito con Spiral, y antes de componer la banda sonora de Blade Runner, tuvo tiempo para regalarnos, entre otras joyas, la banda sonora de Chariots of Fire , por la que ganó un Oscar en 1981, o una de mis favoritas, la banda sonora para el documental Picasso (1982) , y el documental Antarctica (1983)

Vangelis y Blade Runner 

Año 1979. Un “joven” director llamado Ridley Scott estrena en ese año una de las películas que re-define la ciencia ficción para el gran publico, Alien. Pero el bueno de Ridley no solo se ganaba la vida con el cine, también rodaba publicidad. En esa ocasión, estaba enfrascado –nunca mejor dicho– en el rodaje del famoso perfume Chanel Nº5, para el que necesitaba una música. ¿Y adivináis quien fue el que puso la música a ese anuncio? Exacto.

Esa fue la primera vez que Vangelis y Scott trabajaron juntos, pero no seria la última. En aquella época, Vangelis había instalado en Londres un moderno estudio desde el que trabajaba en la banda sonoras de varias películas citadas anteriormente, o en el programa “Cosmos” de Carl Sagan. Scott, que había comenzado la pre-producción de Blade Runner, se interesó de nuevo por la música del griego, que decidió subirse en el proyecto de inmediato al conocer el contenido de la película, aunque hubo ciertos problemas durante todo este proceso. En primer lugar, Warner le obligó a certificar su estudio y reorganizarlo bajo los parámetros del dolby stereo, algo que trastocó por completo su forma de trabajar hasta el momento. La constante re-escritura de Scott, le obligaba a re-escribir partituras musicales, para adaptar la música a lo que realmente veíamos en la pantalla, y todo esto, era un sistema que no le convencía.

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Pero realmente, ¿qué bandas sonoras o películas inspiraron a Vangelis para construir el soundtrack de Blade Runner? Pues todo se resume en un nombre, Stanley Kubrick. Las bandas sonoras de A clockwork Orange (1971), o The Shinning (1980), fueron capitales para la concepción sonora del clásico de Ridley Scott. En esas bandas sonoras, Walter Carlos aprovechó los sintetizadores analógicos para dotar a sus películas –principalmente, la primera citada– de una atmósfera casi extraterrestre. El espectador no estaba acostumbrado a los sonidos que emitían estos instrumentos futuristas para la época, y eso era algo que necesitaban exactamente para construir una historia sobre un futuro que nadie pudiera imaginar, aunque claro, esto era el año 1971. En el 1981 este sonido estaba más que amortizado, por lo que un simple sintetizador analógico no seria suficiente. Al ya citado Yamaha CS-80, añadió baterías electrónicas como la Linn 1, o sumó al equipo el rarisimo Roland Vp-330 Vocoder plus, que permitía introducir una sección de cuerda con ese característico estilo metálico, casi artificial, que nos suele venir a la mente cuando recordamos Blade Runner.

Pero no nos olvidemos de que la banda sonora de Blade Runner no es solamente instrumental. Para la parte mas “humana”, Vangelis contó con el talento de su primo Demis Roussos (que fue el enlace para conocer a Ridley Scott) para cantar en Tales of us, uno de los temas capitales de la banda sonora, y que demuestra cómo la combinación de la instrumentalización mas avanzada, puede re-definir una escena si se le acompaña con una voz única, cuya superposición crea un mantra casi esotérico, casi maldito. En este caso, vemos como voz y música son disociables, y si se separan, ambas perderían esta identidad transversal.

Otro colaborador que tuvo un fuerte impacto en la banda sonora, fue Dick Morrisey, el saxofonista de Horley, cuya máxima contribución viene en el inmortal Love Theme que la película usa en los momentos mas tiernos y rotos de la ficción. Este es un tema que destaca por la humanidad frente a lo digital, lo industrial o metálico del resto del soundtrack. Porque si quieres humanizar a un personaje, no puedes -ni debes- usar la misma música ni los mismos instrumentos que cuando los estas mostrando como meros autómatas. El saxofón, rompe con los sintetizadores.

Otro punto interesante por destacar sería la incorporación a la banda sonora del tema Ogi no mato de Ensemble Nipponia. Scott tenía claro que en el futuro, la cultura oriental tendria un peso extraordinario –algo que podemos ver a lo largo de la película–, y por ello decide incluir una pieza no compuesta por Vangelis y que de nuevo rompe con la tónica del sintetizador, pero a diferencia de Love Theme, comparte la misma tonalidad que el resto de la banda sonora. La tonalidad del misterio, de lo oculto, de lo que no podemos conocer.

Aunque el proceso de composición para la banda sonora fue una batalla campal. Como ya hemos dicho, Vangelis tuvo que trabajar forzado y con métodos que él mismo no aprobaba. En 1982 estuvo incluso a punto de dimitir, harto de de las visitas de Ridley Scott y sus constantes cambios en la edición de la película. Sentía que su trabajo no era valorado, y solamente su ingeniero Raine Shine fue capaz de quitarle la idea de la dimisión, alertándole que podría ser gravemente demandado por Warner. Harto, y con un sentido ético envidiable, Vangelis finalizó la composición completa de la banda sonora en abril de 1982, pero la guerra por el lanzamiento oficial de dicha banda sonora no había hecho mas que comenzar.

Muchos se extrañarán si ven que el lanzamiento oficial de la banda sonora de Blade Runner fue en 1994, cuando la película se había estrenado en 1982. Esto fue debido a la intensa pelea entre Warner, que poseía los derechos de la banda sonora, pero no podía hacer nada con ellos si Vangelis –o más en concreto su sello, Polydor–, se negaba a cederlos.  La película fue un éxito y ante la negación de Polydor a ceder los derechos de la película, empezó a circular por Hollywood una versión pirata de la música de Vangelis en forma de cassette. Ante esta situación, Warner decidió sacar una versión propia, versionando los temas de Vangelis bajo el titulo “Blade Runner, The New America Orquestra”. 

Para Vangelis, los tres mejores temas de la banda sonora eran Love Theme, End Titles y Memories of Green, por lo que accedió a que aparecieran en un recopilatorio personal que el propio sello Polydor estaba preparando. Cuando por fin, en 1994, el contrato con Polydor rescindió, Vangelis accedió a que Warner –a través de su sello East/West– editase una versión que incluía los temas originales de la película de 1982, y algunos inéditos, en concreto, varios que Ridley Scott descartó para la película. Este último hecho, fue una pequeña venganza para Vangelis, que acabó literalmente harto de trabajar con Scott durante cuatro meses que describió como “infernales”.

Como habréis podido ver, nunca nos imaginamos realmente qué hay detrás de cada pequeño departamento que conforma una película de éxito. Vangelis era uno de los mayores genios del momento, un tipo con una sensibilidad innata para construir en tonalidades menores melodías llenas de nostalgia y un brillo especial que nos hacían preguntarnos por el futuro. Era el tipo idóneo para conducir la parte esencial de la atmósfera de Blade Runner, y su incansable afán por innovar con los instrumentos (solo superado por Jean Michel Jarre) fue algo que encandiló a Ridley Scott.

Pero han pasado más de treinta años desde aquellos días, y Vangelis decidío no subirse al barco de la nueva Blade Runner 2049. Probablemente una mezcla de orgullo y malos recuerdos le hayan apartado de una de las secuelas que más esperan y temen los fanáticos del séptimo arte. Para esta ocasión, Denis Villeneuve contará con su compañero habitual en en apartado sonoro, el islandés Jóhann Jóhannsson, uno de los compositores más reputados y mejor valorados del siglo XXI. Él mismo ha reconocido que la banda sonora de esta película le supone un enorme reto, de proporciones míticas, y la verdad, no nos extraña, porque Vangelis, no hay mas que uno.

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