Desde Sitges nos adentramos en la trama de la mas reciente película de Taylor Sheridan, una cinta policial  donde la gélida atmósfera es protagonista esencial.

Wind river toma lugar en una versión mítica del viejo oeste norteamericano, uno que ya no existe, si es que alguna vez lo hizo. Un lugar donde no hay reglas más allá de las que la gente inventa para sobrevivir a lo largo del extenso territorio  donde limitan los estados de Texas y Nuevo  México; y que es tanto hermoso como inclemente.

Previamente, Sheridan había explorado este terreno como el guionista de Sicario de Denis Villeneuve y en western Sin nada que perder de David Mackenzie. Por esta última, recibió una nominación al Oscar de Mejor guión original. Ahora con Wind River dirige solo por segunda vez, además de escribirla y le brinda al espectador una historia que se siente muy cercana y llena de paralelismos que sus dos películas previas.

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Este film nos presenta extensas planicies en medio de la nada, que dan paso a kilómetros y kilómetros de nieve virgen, donde la vida humana pierde ante la inclemencia de las circunstancias. Se puede escuchar el crujido de la nieve y sentir el frío amargo, que corre tan profundo que llega a ser mortal. Sheridan nos transporta a este lugar que se siente inmediatamente familiar; su narración es carnosa pero eficiente y su ritmo se mueve a lo largo de tomas absorbentes que finalmente desencadenan una explosión de asombrosa violencia.

La película está llena de simbolismo, quizá a veces demasiado. Cuando descubrimos por primera vez a Cory Lambert (Jeremy Renner), lo vemos camuflado, tirado en la nieve. apuntando su rifle a un grupo de los lobos que acechan a un rebaño de ovejas. Su trabajo es proteger, pero a lo largo que la historia avanza aprendemos que sus razones para ‘cuidar’ son profundamente personales.

Wind River

Wind River transcurre entre los límites de Nuevo y Texas en Estados Unidos.

En una de las expediciones de caza de Cory, él encuentra el cuerpo congelado de una mujer, a la que vemos al principio correr desesperada por la nieve descalza bajo la luz de la luna llena. Él la reconoce como Natalie (Kelsey Asbille) una amiga de la hija de Cory, que también murió bajo extrañas circunstancias un par de años atrás.

Dado que el cadáver es encontrado en la reserva indígena ‘Wind River’ y que Natalie, al igual que la hija de Cory era nativa americana, la policía tribal se involucra en la investigación del caso, encabezada por el genial Graham Greene, como el seco y frío jefe. Pero el FBI también manda a uno de los suyos en forma de la joven e inexperta Jane Banner (Elizabeth Olsen). Ella ha sido enviada desde la oficina de Las Vegas y está tan poco preparada para estar a la intemperie que se ve obligada a pedir prestada ropa para aguantar el frío mortal. Le ofrecen la ropa de la hija de Cory, lo que ahonda en el profundo sentimiento de dolor que se vive en estas tierras desoladas.

Cory y Jane trabajan juntos para desvelar el misterio de lo que le pasó a Natalie en este lugar remoto y lleno de secretos. Cory también deberá enfrentar el pasado y aceptar lo que le hicieron a su propia hija.

Sheridan maneja la relación de los dos protagonistas hábilmente. Son iguales, pero ambos deben aprender algo del otro. Si bien, la química entre los dos actores (que también trabajan juntos en la franquicia de Avengers) es natural y poderosa. El autor no obliga a los personajes en un predecible e innecesario romance. Se le agradece.

Wind River

Jeremy Renner y Elisabeth Olsen son los protagonistas de Wind River.

Por momentos, Sheridan explica demasiado lo que los personajes están pensando y sintiendo, pero las palabras son tan hermosas y vienen de un lugar de verdad profunda, que es difícil no verse conmovido por el relato, ayudando a la cinta a dar un sentido simultáneo de atemporalidad e inmediatez, que posicionan a Taylor Sheridan como uno de los autores más emocionantes de esta década.

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