Coco, la nueva propuesta de Disney Pixar no aporta nada nuevo al cine que habla sobre México

Cuando en los años 30 el realizador ruso Serguéi Eisenstein viajó a México, transmitió una visión de ese país que pasó a la historia. Los ensombrerados recargados en un cactus, durmiendo la siesta; el charro barrigón, bigotón y “chaparro”; la mujer vestida con huaraches y trenzas, se popularizaron durante el siglo XX como imágenes de lo que significa ser mexicano. Entre los elementos que aportó el ruso a esta vista fueron precisamente las calaveras y la fiesta del día de los muertos.

Coco, representa a su vez un homenaje y un insulto a lo mexicano

Coco (2017, Lee Unkrich) se volvió de la noche a la mañana el mayor fenómeno de la taquilla en México; además, la mayoría de la crítica ha estallado en halagos hacia ella. Siendo francos, no es ni de lejos lo mejor de Disney Pixar, y tampoco es la mejor cinta sobre el Día de Muertos; ese honor lo tiene todavía Macario (1960, Roberto Gavaldón). Técnicamente  es una película impecable (la animación y los efectos visuales son lo mejor de ella), pero cuenta una historia predecible, con personajes arquetípicos (perro estúpido, pero noble; un niño que quiere ser algo que su familia no; un personaje carismático que el héroe admira. pero que termina por decepcionarlo, etc.), casi al medio le falla el ritmo (la escena del “Chicharrón”, aunque es importante para entender las cosas, es bastante aburrida) y las canciones están bastante mal hechas en su mayoría, considerando que supuestamente están en México, suenan a música de chicanos. Su visión de lo “mexicano” es tan pobre que pareciera el menú de Sanborns o El portón: lugares que ostentan el tener comida local pero de los que nada en verdad ni se ve, ni sabe como comida tradicional del país, aunque claro, los extranjeros que asisten desayunar ahí lo consideran lo más típico que puedes encontrar. Por supuesto, es ridículo el escuchar gente que aprendió, después de ver la cinta que “es importante poner una ofrenda para que no se desaparezcan los muertitos”.

En este fotograma de Coco, pueden verse, de izquierda a derecha, algunos soldados revolucionarios, Pedro Infante (Ernesto de la Cruz, Agustín Lara, Dolores del Río (quizá), “Cantinflas”, Pepe “el toro”, que fue interpretado por Infante en el cine, María Félix, Santo “el enmascarado de plata” y Jorge Negrete.

La anécdota cuenta sobre un niño, Miguel, el cual vive en una familia que odia la música en un pueblo llamado Santa Cecilia, deidad que es considerada la santa patrona de los mariachis. El jovencito quiere ser un músico, como su ídolo Ernesto de la Cruz, el músico más famoso de México y por intentar participar en un concurso que se realiza el 2 de noviembre, será transportado al mundo de los muertos de donde deberá volver así como ayudar a un par de familiares suyos a no ser olvidados.

También puede interesarte: DISNEY RETIRARÁ SUS PELÍCULAS DE NETFLIX Y TENDRÁ SU PROPIA PLATAFORMA DE ‘STREAMING’

GIF

La historia es muy parecida a la de varios filmes inspirados en la festividad —Calacán (1985, Luis Kelly), El libro de la vida (The Book of Life, 2014, Jorge R. Gutiérrez), El cadáver de la novia (Corpse Bride, 2005, Tim Burton y Mike Johnson)— en los cuales, niños o adultos viajarán al mundo de los difuntos; lo cual, como en el caso de Coco, permitirá a los vivos valorar más a los muertos.

Calacán, de Luis Kelly, fue un fallido intento de conscientizar sobre la importancia del rescate de las tradiciones mexicanas.

A muchos les parece una producción respetuosa con las costumbres, incluidos críticos mexicanos, porque sus personajes si bien no insultan de ninguna manera, en realidad lo que proyectan es una visión agradable para los extranjera. Pixar, con el afán de acercarse a lo autóctono, invita a escribir y coordinar la realización a Adrián Molina, guionista de origen mexicano pero nacido y oriundo de California. El resultado es más cercano a esa forma de ver lo latino de los norteamericanos de segunda o tercera generación de inmigrantes; es decir, mezclando lo que conocen de su tierra con lo que no comprenden de la de sus ancestros, como en el cine de Robert Rodríguez (Machete, 2010; Once upon a time in Mexico, 2003). Por otro lado, la dirección de Lee Unkrich no deja de ser la misma forma de ver a los otros cuando se enfrentan a las costumbres que no comprenden, como le pasó a Robert Redford en El Secreto de Milagro (The Milagro Beanfield War, 1988).

El libro de la vida, producida por Guillermo del Toro, atrasó el estreno de Coco, ya que ambos trabajos hablaban sobre el día de muertos.

Dos elementos de la obra son muy afortunados: por un lado, la Mamá Coco, abuela octogenaria, sin dientes y de eterna sonrisa, es muy parecida a esas señoras que se pueden encontrar en cualquier pueblo de México, e incluso en los alrededores de sus ciudades, que además es la abuela que hemos tenido todos los neo-aztecas; y Ernesto de la Cruz, que desmitifica al cantante Pedro Infante, el mayor ídolo del país y que representa, para el mexicano, el más aspiracional de sus héroes. Infante salió de la nada, se dice que fue un carpintero que cantaba muy bien y que logró su sueño gracias a su entonces esposa, María Luisa León, que era 10 años mayor que él. Ella fue la que lo convenció de ir a la Capital de la República para buscar oportunidades y que lo mantuvo económicamente durante un tiempo. Se sabe que aunque Pedro nunca dejó de tener contacto con ella e incluso le pasaba dinero, en cuanto se volvió medianamente exitoso decidió dejarla por otras mujeres. En este sentido, el personaje de Héctor, interpretado por Gael García Bernal, representa a esas personas como León, que rodean a los que llegan a volverse famosos para ser desechados al lograr sus objetivos.

Tim Burton reconoció haberse inspirado en los colores y la estética de las fiestas mexicanas de día de muertos para El cadáver de la novia.

Una cosa muy curiosa sobre Coco es que al igual que 007: Spectre (Sam Mendes, 2015), la última producción sobre James Bond, ha influido muchísimo en el pueblo. En ella, al comenzar, la acción se desarrolla en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el día de muertos. Para verse originales, los creadores inventaron un desfile de calaveras y marionetas gigantes, como la procesión de “gigantes y cabezudos” que ocurre en San Fermín, en España. Fue tan atractiva, que el Gobierno de la Ciudad decidió celebrar una marcha similar cada año. En el caso de la producción de Pixar, ha hecho que muchos mexicanos consideren que gracias a ella, muchos niños conocerán las tradiciones de la celebración, aunque se mezclen sin ton ni son las costumbres prehispánicas, ídolos como Frida Kahlo, Pedro Infante o María Félix y los “alebrijes”, criaturas fantásticas inventadas por un artesano llamado Pedro Linarez López, en 1936 y que nunca han tenido que ver con la tradición. Es decir, que el mexicano promedio requiere la aprobación del extranjero para sentirse orgullosos de sus raíces.

También puede interesarte: UNA BREVE HISTORIA DEL CINE MEXICANO

Pedro Infante, el mayor cantante mexicano, fue la visible inspiración para el polémico Ernesto de la Cruz.

Con todo y que no es una mala película, deja un mal sabor de boca por muchas cosas. Si uno piensa que por el hecho de que muy fácilmente te lleva al llanto o a la risa es una gran cinta, entonces estamos ante una obra maestra, pero si por el contrario, estás consciente de que esto significa que te están chantajeando, descubres que es un trabajo realizado con mucha habilidad para cubrir su poca originalidad. Y me explico: En 2013, los estudiantes de animación Ashley Graham, Kate Reynolds y Lindsey St. Pierre, realizaron como examen un cortometraje que ganó un premio a cintas de corte estudiantil. Por lo mismo, se volvió viral y, curiosamente, en él se encuentra la semilla de Coco. Día de los muertos  que puedes ver aquí – , en 3 minutos, siembra las ideas que serán ampliadas en la cinta de Lee Unkrich, con tapete de cempasúchil (flor usada comúnmente en México en estas celebraciones) que simula un campo de oro brillante, incluido. En resumen, una cinta que quizá te haga llorar o te haga reír pero al final, te dejará con la sensación de que hubieras ahorrado unas monedas de haber visto el corto de Graham, Reynolds y St. Pierre en YouTube.

Día de los muertos llamó la atención de las redes sociales por su sencillez e inventiva visual.

 

THE END MAGAZINE