La cultura occidental tiene una deuda insaldable con la cultura helénica. En Epifanía se revelan algunos. Deméter, diosa griega de la agricultura, la cosecha y gobernante del ciclo vital; la relación casi inexistente entre el mundo de los vivos y los muertos, y el mismo significado de la palabra Epifanía (en mayúsculas): como la manifestación del Mesías.

 

Cuando ella murió, nació mi sueño de que ella regresara

LA HIJA

 

Los directores de Epifanía Óscar Ruiz Navia y Anna Eborn

Muerte y vida. Por más inmanente que sea, esta relación resulta aún inentendible para los humanos. Oscar Ruiz Navia y Anna Eborn son los directores de este film que va de lo vacío a lo pletórico, de lo representado, en nuestra cultura, por el negro y sinónimo de oscuridad al blanco y la luz. Una sueca y un colombiano se juntan para hablar de la muerte como sinónimo de vida. De la madre como el vehículo que nos trae acá, la que nos da su lengua, sus creencias y su cultura. En medio del mar Báltico, una lancha mece a la única tripulante que va a ver a su madre muerta. En Colombia una madre intenta lavar las penas de su alma con la ayuda de otras mujeres en medio de malokas, chamanes y bailes de salsa. En Canadá una abuela se prepara para serlo por segunda vez.

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En Faro —la isla donde vivió Ingmar Bergman en Suecia—, una mujer nos confiesa su epifanía: su madre le ha enviado una señal, un adiós antes de partir de este mundo, mientras vemos las manchas típicas de las cintas de 16 mm. Cielo y Tierra se reparten el fondo del plano medio de esa madre. Aunque se oirán otros sonidos, la voz de la mujer se apagará. En interiores: la tristeza, la soledad, los humanos como modelos de bodegón. La cámara siempre tributará el duelo y, como si fuera una acompañante más, respetará el dolor de la hija, mostrando ya el paisaje, ya una pintura, ya la espalda. En exteriores, el cuerpo es poca cosa, rodeado por la totalidad de este mundo y sus elementos. Tierra, aire y mar rodean a la protagonista y la encasilla en su finitud. El mar y su simbología: eterno, inmenso, solo. Y la del bosque: los árboles agarrados del suelo, pero buscando el sol, en tanto la cámara, distante, va con la protagonista, dejándola pasar o escoltándola desde atrás. Porque siempre seguimos echando de menos ese último abrazo, esa última conversación. Los ruidos blancos nos calman.

Epifanía

Escena de Epifanía

La transición desfocalizada y sonora cuando se oye el fuego, el aire y la lluvia que dan paso a sollozos y unas tímidas campanas; a un pitohui que se oye a lo lejos, y el popurrí nos da idea del cambio geográfico. Ya suena a trópico. La lente se empieza a aclarar y la acción ocurre en medio de un ritual indígena occidentalizado. Traer vida al mundo duele, pero no solo para la que da a luz; es también traumático para el recién nacido. Los humanos somos animales cuyo destete toma muchos años, y de allí nace la familia. Para bien o mal, no la escogemos y normalmente sobran buenas intenciones, pero con esas se pavimenta el camino al infierno. Creo que para los viejos uno nunca deja de ser su bebé, y eso jode; porque los demonios están también en cada familia, en cada uno. La estampita de la virgen baila al son de El seminarista, de Leonardo Favio. De la madre se hereda la religión y el idioma y la cultura. Y eso hace posible que, en la mayoría de los casos, terminemos por entenderlos. Por extrañarlos. Y qué bueno es reencontrase con ellos, en esa nueva relación que se da cuando las dependencias ya no son familiares, y se logra compartir asuntos de adulto. Sanarse, irse de fiesta y bailar, salsa por supuesto. Antes de que se vayan, antes de que su espacio siga allí, mas solo se puedE contemplar en la bidimensionalidad.

Hablando de bailar: BLACK MASS ES DE OTRO PLANETA

Dicen que uno solo crece cuando los papás se van, cuando queda uno en la línea de fuego, mientras que de ellos quedan apenas los recuerdos. Que son incorpóreos, planos, como las fotos o las películas. La realidad queda aplastada en la pretensión de retener el tiempo. Y otra vez es el agua, pero en forma de nieve, que hace la teletransportación. Montreal, una abuela habla “colombiano” con su nieto, mientras juegan en un parque nevado. Otro paisaje, otras ropas, otras cotidianidades que se dan a cambiarnos de cultura. Volvernos la otredad. Y él trata de replicar en otras tierras, con otros climas, con otros ingredientes lo que se dejó en casa, en la patria. En “El útero. Esa tierra que tenemos en nosotras”, como dice LA HIJA. ¿Es el rescate de ser mamá hacerse abuela? “Estamos tristes de la emoción”, dice Manuk, el niño al que podremos traducir “lloramos de emoción”. El niño que quisiese acelerar el tiempo y los adultos que quisiéramos ralentizarlo. La ética del cuidado que casi se hereda de madre a hija, de mujer a mujer y que los hombres apenas miramos y vamos aprendiendo mientras nos ellas nos invitan.

Las actuaciones de Cecilia Navia —madre del director—, LA MADRE,  y Juanita Escobar, LA HIJA, son transparentes en el buen sentido de la palabra porque ellas son. Y el guion se lo hace fácil al tener escasas líneas de diálogo y sí mucha concentración en la gestualidad y las comunicaciones que da el cuerpo. Al fin y al cabo, la diferencia entre ser y no ser paga un peaje más alto en el estar que en el pensar. La mitología griega enseña que sus dioses poco interesados estaban en visitar a su pariente del inframundo Hades. Pero es Perséfone, hija de Deméter y esposa de Hades, el lazo que hace comprender que es necesario que lo nuevo reemplace a lo viejo en el ciclo eterno de la vida.

Epifanía

 

Epifanía: muerte vital
Dirección75%
Guion50%
Actuaciones70%
Fotografía50%
Música75%
Arte75%
Puntos Fuertes
  • Se sale del contexto tópico "dinero" que marca muchas producciones colombianas
  • Las actuaciones
  • La simbiosis entre la naturaleza y la madre
Puntos débiles
  • La división por etapas queda a medias para explicar la película
  • El guion no logra componer del todo el film
  • El guion y la fotografía usados no dejan claro si es un docuficción
66%Overall Score
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THE END MAGAZINE

About The Author

JUAN CARLOS LEMUS
EDITOR RESEÑAS Y DOSSIER

Soy un colombiano que cada vez entiende peor el porqué de nuestro top of mind: Shakira y el perico. Mas entender no es compartir. Y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, lector y cinéfilo. La que trajo las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.

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