Mindhunter es una sofisticada y asombrosa expedición hacia las mentes criminales más brutales de Norteamérica.

Mindhunter

La mente humana es indescifrable, inesperada, un resguardo de pensamientos y conductas atroces que, afortunadamente, no acostumbran a materializarse. Pero cuando sucede, queda una impronta de horror que solo pocos pueden comprender a plenitud. Se pueden estudiar miles de libros sobre sicología, sociología y demás asuntos de la conducta humana, pero el papel no es suficiente para precisar de forma definitiva los azarosos impulsos de nuestra especie. La cabeza de un psicópata es un laberinto plagado de enigmas e incertidumbre. Solo puede esbozarse algún entendimiento de sus impulsos si se es capaz de comprender la lógica de estos monstruos humanos, ponerse en sus zapatos, jugar bajo sus reglas y conversar.

El FBI se dio cuenta relativamente tarde de la importancia del diálogo sin prejuicios. No se podía prevenir el crimen analizándolo desde la distancia, teniendo a los criminales tras las rejas y pudriéndose en soledad, desperdiciando el conocimiento que ellos poseían. ¿Quién mejor que un psicópata para dar luces sobre sus motivos? Mindhunter trata de este tardío y a la vez oportuno despertar de la justicia.

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Esta nueva serie de Netflix indaga en los inicios de la investigación de la psicología criminal diseñada para entender el comportamiento de los asesinos en serie a través de los perfiles y la catalogación de sus conductas. Ambientada a finales de los años setenta, la historia muestra cómo comenzó a conformarse un equipo de perfiladores que viajaron a lo largo de Estados Unidos, prisión por prisión, para dialogar de frente con los más temibles criminales. La serie se basa en el libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit, escrito por quien fue el joven fundador de aquel escuadrón: John E. Douglas, uno de los más respetados perfiladores criminales de la historia, pionero a todas luces de un tema que se volvió fundamental con el pasar de los años.

Con David Fincher y Charlize Theron como productores ejecutivos, no es apresurado decir que Mindhunter es una de las mejores historias que han visto la luz este año. No solo es un documento bien sustentado y con una investigación sólida de fondo —se puede ver cada episodio con lápiz y papel a la mano—, sino que es una pieza de entretenimiento de altísima calidad. Historias sobre asesinos seriales hay muchas, pero todas caen tarde o temprano en el morbo de mostrar la violencia y el derramamiento de sangre. Mindhunter, por otro lado, prefiere acceder a las experiencias de estos monstruos sin tomar partido, tal y como el equipo de agentes supo hacerlo. La sobriedad en el tratamiento de la historia es asombrosa. Accedemos a un horror cruel, descarnado, inimaginable, sin necesidad de presenciar ninguna muerte. Joe Penhall, creador y guionista, conduce con maestría un viaje al terror sin mostrar una sola gota de sangre. Rescata el buen suspenso dándole protagonismo a la humanidad de sus protagonistas, sin dejarse seducir por una innecesaria grandilocuencia visual llena de acción desenfrenada. Es, como dicen muchos, una historia de puros personajes. El manejo de los diálogos es asombroso. Cada conversación es un intercambio de disparos certeros llenos de armonía y musicalidad. Y su elenco soporta todo el peso de una historia que es exigente, especialmente para el que anhela ver las tripas y la violencia inherente a estos géneros.

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Jonathan Groff interpreta a un principiante pero intuitivo y vehemente Holden Ford (inspirado en John E. Douglas), un experto en negociación con secuestradores que, fascinado con los crímenes del temible Edmund Kemper, decide entrevistarlo y descubre la enorme utilidad que podrían ofrecer estos asesinos a los estudios que hace el Departamento de Ciencias de la Conducta del FBI. Junto a él participa un veterano y más aguerrido Bill Tench (inspirado en Robert K. Ressler), interpretado por Holt McCallany. Y el triángulo lo completa la profesora Wendy Carr (inspirada en Ann Wolbert Burgess), interpretada por Anna Torv, una recia psicóloga que ha venido adelantando un posible sistema de catalogación para las conductas de asesinos con tendencias fuertemente sexuales. Del otro lado tenemos un casting que se roba el show, encarnando a los asesinos que iniciaron esta serie de entrevistas. Jack Erdie es Richard Spreck, un obsceno asesino en masa —quizás el primero en ser etiquetado como spree killer— que violó y mató a ocho enfermeras. Happy Anderson interpreta al fetichista Jerry Brudos, coleccionista de zapatos femeninos y asesino de mujeres. Y Cameron Britto, el que indiscutiblemente se devora el espectáculo, nos ofrece a un temible y al mismo tiempo amigable y entrañable Edmund Kemper, quien mató y desmembró cantidad de mujeres —entre ellas su madre— para luego dormir con los cadáveres y tener relaciones sexuales.

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¿Cómo es posible que se trate de «entrañable» a semejante bestia? Bueno, es lo complicado de la psique humana. Kemper es un tipo elocuente, lúcido y amable, querido por todos los guardias. Fue quien abrió las puertas a John E. Douglas para empezar su indagación, así como le ofreció su amistad. Incluso, pese a la atrocidad de sus crímenes y la frialdad con la que los cuenta, es imposible no sentir cierto afecto por él. La asombrosa interpretación de Cameron Britto (que probablemente le otorgue alguna nominación) contribuye a darle calidez a una bestia de este calibre. Y es que Mindhunter se ubica en la eterna disyuntiva entre lo que está bien y está mal. Lo que para nosotros es condenable, para estos asesinos es producto de una presión de su entorno. ¿Son víctimas o victimarios? ¿Nacieron o se hicieron asesinos? ¿Es su odio hacia la sociedad algo infundado o el resultado de un castigo inmerecido? Mindhunter propicia una discusión imperecedera sobre los niveles de maldad, así como la disposición que tenemos nosotros para entender al otro, al paria, al abyecto, al incomprendido.
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Netflix ha dado otro golpe certero a la industria del entretenimiento, ofreciendo una historia madura, elocuente, compleja pero bien construida, que aspira a vivir todo lo que David Fincher desea. Se renovó para una segunda temporada antes de empezar a filmar y parece proyectarse a muchas más. Tan solo la oferta de asesinos que falta por entrevistar hace obligatoria su renovación y su visionado. Charles Manson, Ted Bundy, John Wayne Gacy… Estos cazadores de la mente apenas inician su periplo en los oscuros senderos del crimen y el horror. Esperamos pronto la segunda etapa de su largo camino hacia la revelación del mal y su verdadera naturaleza.

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