Esta nueva adaptaciA?n de una obra de Stephen King es una interesante reflexiA?n sobre los monstruos de la NorteamA�rica actual.

Mr. Mercedes

Muchos se preguntan cuA?ndo Stephen King volverA? a escribir terror como en los viejos tiempos, como en esa primera parte de su carrera en la que vio la gloria con obras como Carrie, El resplandor, Salema��s Lot, Christine, Ojos de fuego y antologA�as como El umbral de la noche (cuyos cuentos fueron adaptados en su mayorA�a). Al revisar la narrativa actual del autor, es fA?cil notar que su atenciA?n estA? puesta en historias que se mueven en el terreno del suspenso y el drama, dejando el horror puro a un lado a��momentA?neamente recuperado en Revival como un acontecimiento eventuala��. Es fA?cil descubrir el porquA� del abandono. Stephen King es un tipo de setenta aA�os; estA? muy viejo para andar escribiendo sobre carros poseA�dos y niA�as que encienden fuego con su mente. Las preocupaciones del autor son distintas ahora; mA?s maduras. Y la virtud es que ha sabido plasmarlas sin perder el espA�ritu de su propuesta narrativa, tanto, que cuando uno ve en pantalla alguna de las adaptaciones de sus obras, sabe fA?cilmente que provienen de alguno de sus libros. La voz de King es inconfundible.

Sin embargo, aunque Stephen King no ha sido ajeno a los gA�neros populares del policA�aco y el thriller a��11.22.63 es una gran combinaciA?n de suspenso y ciencia ficciA?n y Colorado Kid y Joyland son puramente noira��, Mr. Mercedes sigue viA�ndose atA�pica entre sus novelas. Es un thriller puro y duro que bebe de las bases fundamentales del hard boiled de mediados del siglo XX, incursiona en una trama en la que la tecnologA�a es preponderante e indaga en temas altamente coyunturales para su naciA?n. Es quizA? toda esta atractiva e inteligente mezcla de ingredientes la que incentivA? la adaptaciA?n televisiva. Un tA�tulo mA?s de King que ve la luz en la pantalla.

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Mr. Mercedes, la serie, tiene en su equipo a un montA?n de nombres relevantes en la industria: su creador es David E. Kelley, escritor y productor de extensa trayectoria en la televisiA?n, implicado en series inmortales como Ally McBeal y con un reciente A�xito de crA�tica con Big Little Lies; Jack Bender, director de la mayorA�a de los capA�tulos, involucrado en series como PerdidosA�(Lost, 2004-2010), La cA?pulaA�(Under the Dome, 2013-2015), Juego de tronos (Game of Thrones, 2011)A�y Los Soprano (The Sopranos, 1999-2007)A�y el escritor Dennis Lehane, una referencia del policA�aco y el thriller contemporA?neos, autor de RA�o MA�stico y Shutter Island A�funge aquA� como consultor.

Esta serie es un thriller atA�pico. Pese a que conserva todos los elementos tradicionales del relato detectivesco, no se basa en el descubrimiento del enigma tradicional, sino que se ocupa de entrar a la intimidad de dos mentes opuestas y obsesionadas. Bill Hodges (Brendan Gleeson) es un detective retirado que estA? comenzando a sucumbir a los males de los policA�as jubilados. Solitario y apartado de la acciA?n, se destruye a sA� mismo lentamente, embriagA?ndose cada noche, atormentado por un caso que prometiA? resolver y jamA?s pudo: la terrible masacre que el asesino del Mercedes cometiA? en una feria de empleos aA�os antes, en la que arrollA? a los aspirantes de manera impune y sA?dica. Ahora, cuando la crisis atenaza a Hodges, el asesino lo contacta y comienza a jugar con su mente, intentando hacerlo sentir culpable por aquellas muertes, hasta poder arrastrarlo al suicidio. El criminal, a quien conocemos desde el primer capA�tulo, es Brady Hartsfield (Harry Treadaway), un geek de la informA?tica que vive con su madre alcohA?lica y trabaja en un almacA�n de aparatos electrA?nicos, atormentado por un insufrible jefe. En el sA?tano de su casa, su guarida, se pasa las horas navegando en la red, hackeando equipos e interactuando anA?nimamente con Bill Hodges. El juego de gato y ratA?n es inevitable.

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Mr.

La serie puede parecer fuera de ritmo para los amantes del gA�nero, pero estamos ante una revisiA?n pausada y metA?dica de dos naturalezas al borde del precipicio. Como en las mejores historias de Stephen King, los personajes lo son todo. Bill Hodges es un hA�roe desvalido. Tiene las conductas amargas de un detective rudo de los cincuenta, pero carece de la vitalidad que estos poseA�an. El licor lo mata, la depresiA?n lo lapida cada dA�a y su desencanto de la vida y el amor lo han sepultado en el olvido. Se ha convertido en una persona del comA?n. Ya no pertenece a su familia policial. Su hija estA? internada y su esposa estA? lejos de su vida desde hace tiempo. Lo A?ltimo que podrA�a soportar es cargar con la culpa que Mr. Mercedes intenta endilgarle a toda costa. Y pese a todo, decide participar en una guerra en la que estA? en clara desventaja, pues la tecnologA�a es el A?nico vehA�culo que tiene para atrapar a su enemigo, y Hodges apenas si sabe revisar su correo electrA?nico. EstA? combatiendo contra una mente joven, frA�a, calculadora y anhelante de vA�rtigo y fama.

Brady Hartsfield, por su parte, es la impronta de un asesino digno de su paA�s, de esos que vemos a menudo en las noticias, deseoso de un protagonismo y de una inmortalidad a costa de la muerte infame de inocentes. Presionado por su madre alcohA?lica, por su recalcitrante y motivacional jefe de almacA�n y por insoportables clientes, este muchacho es una bomba a punto de estallar. A�l representa la mezquindad con la que NorteamA�rica trata a lo inadaptados, la manera como este paA�s de las oportunidades, en lugar de abrir un espacio a quien no encaja, prefiere empujarlo al abismo. Hay que destacar su increA�ble interpretaciA?n, teniendo en cuenta que llegA? de improviso a esta producciA?n, pues fue convocado luego de la inesperada muerte deA�Anton Yelchin.

Brendan Gleeson hace un entraA�able y al tiempo huraA�o policA�a que, a punto de tirar la toalla, vuelve a nacer al descubrir el amor y la emociA?n de estar al borde del peligro, y Harry Treadaway logra perfilar a un terrorA�fico criminal lleno de matices y ambigA?edades, tan vA�ctima como victimario.A�

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Mr. Mercedes

Mr. Mercedes aparece en escena en medio de una crisis que tiene a Estados Unidos arrinconado por sus propios demonios, encarnados en spree killers que dejan decenas de muertos antes de suicidarse y alcanzar la gloria mediA?tica. Ya no hay tiempo para la muerte metA?dica. El frenesA� de la muerte rA?pida, masiva e instantA?nea, como si de otro aporte posmoderno se tratara, ha sumido a toda una naciA?n en la angustia. No sabes si al salir de la casa morirA?s a manos de un loco armado con una ametralladora o a bordo de un carro A?ltimo modelo, dispuesto a llevarse por delante a quien se atraviese. El peligro es tan real y cercano que ya no tenemos tiempo de temerle a los fantasmas; los monstruos mA?s temibles andan sueltos por las calles y navegando en la red, esperando el momento de asestar su golpe y derramar la sangre. Son los miedos del siglo XXI y Stephen King ha sabido capturarlos en una historia que en la pantalla chica sale airosa tanto de la aceptaciA?n de sus lectores como de la crA�tica en general. No serA? una serie inmortal a��especialmente ahora que David Fincher se ha metido con los asesinos seriales en Mindhuntera�� pero sA� es una historia que vale la pena ver, porque refleja un momento crucial de estas sociedades alienadas del primer mundo que dejaron de ser paraA�sos hace tiempo. El A�xito de Mr. mercedes ha sido suficiente para renovarla. Tendremos, por lo menos, dos temporadas por delante, protagonizadas por el fantA?stico Bill Hodges, afrontando dos casos mA?s, imaginados por Stephen King en la trilogA�a que ya estA? en las librerA�as. Finders Keepers y End of Watch nos esperan.

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