Room 104, de HBO, es modesta en presupuesto, pero rica en riesgo y narración.

Room 204

Cuando empezó a emitirse Black Mirror se hablaba del riesgo que suponía volver al formato de serie antológica con capítulos autoconclusivos y, posteriormente, de la agradable sorpresa de su aceptación. Es evidente que el éxito del fenómeno que ahora vive la televisión y el streaming se debe al estrecho vínculo que el espectador genera con una historia y sus personajes, y el deseo de vivir en una realidad alterna temporada tras temporada durante meses o años. Ahora, al ver Room 104, descubro que esta modesta y osada serie de HBO es una verdadera estocada a la lógica de las series contemporáneas.

Con un presupuesto irrisorio comparado con las otras producciones de la compañía televisiva, Room 104 es un experimento que, aunque irregular, impredecible y un tanto chocante para cierto sector de la audiencia convencional, funciona como un inesperado entretenimiento y como experimento para ver los otros derroteros que puede tener la narración audiovisual de la pantalla chica.

No dejes de leer: ‘Channel Zero’: Tráiler de la segunda temporada

Room 104

Los hermanos Duplass (Mark y Jay) han creado un producto de absoluta libertad creativa. Luego de que Togetherness fuera cancelada cuando apenas comenzaba a vivir, estos dos realizadores que dirigen, escriben y actúan, decidieron hacer algo totalmente opuesto. Room 104 ocurre en una misma habitación de motel. Nunca salimos de ella, nunca sabemos qué hay más allá de su puerta o ventana. Este pequeño espacio es el único hilo conductor que conecta los doce episodios de la primera temporada. Allí, una amplia galería de viajeros vive historias de toda clase. Cada capítulo dura en promedio media hora y aborda un género distinto en cada emisión, así como ofrece narrativas y estéticas variopintas, convirtiendo la temporada en una amplia galería de visiones de directores y escritores de todas las áreas.

Room 104

El riesgo es altísimo. Room 104 es un pececillo valiente en medio de un ejército de tiburones. La continuidad, que lo es todo en estos días, corre peligro de destruirse cuando llegan los créditos finales de cada emisión. Además, la serie desafía a una muy cómoda audiencia a enfrentarse a la novedad una y otra vez, sin antecedentes, sin saber qué esperar, sabiendo que cambiar de producto nunca fue tan sencillo. Quizá lo que ha hecho que esta producción salga bien librada es la curiosidad que despierta. ¿Qué tanto puede suceder en una simple habitación de motel? Bueno, los Duplass, que han sabido cómo contar historias con recursos limitados, afirman que cuando pensaron en la premisa, la lluvia de ideas no se hizo esperar. Los géneros se mezclan constantemente. Hay horror, hay drama, y siempre está presente el humor negro y algunos visos de serie B, además de propuestas bien personales como el insólito número de danza de Voyeurs y la explosiva pelea en The Fight, ambas propuestas claramente deudoras del teatro. Room 104 es prácticamente teatro televisado, aderezado con las ventajas técnicas de la cámara y la iluminación. Cada episodio es filmado en tres días y con no más de tres protagonistas.

No te pierdas: Habrá una quinta temporada de ‘Transparent’

Room 104

Esta propuesta de los Duplass es un respiro en la oferta televisiva actual, lleno de agallas, de cojones. La nostalgia que claramente está guiando los gustos del público actual se deja ver en Room 104, que parece ambientarse en los ochenta con sus colores de neón. La serie tiene historias ambientadas en diferentes décadas. Asimismo, recuerda lo que sucedía con las adaptaciones cinematográficas de Tenesse Williams como Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire, 1951) y La gata sobre el tejado de zinc caliente (Cat on a Hot Tin Roof, 1958), en la que la interpretación y la historia misma eran cimiento suficiente para tenernos a la expectativa durante toda la cinta. Room 104 es la clara muestra de cómo el acto de contar historias no depende de lo técnico ni lo económico sino del talento para narrar. Como decía Alfred Hitchcock, todo lo que se necesita para hacer gran cine es un buen guion. El libreto lo es todo, y Room 104 es puro guion. Diálogos bien pensados, movimientos milimétricamente calculados en aras de aprovechar cada centímetro de esa habitación.

Que HBO, responsable de la serie más costosa de la historia, se haya lanzado al agua con la que es, quizás, la serie más barata del momento, demuestra que las puertas del espectáculo de calidad no están cerradas a la modestia si se tiene algo bueno qué contar.

Échale un ojo: TRANSPARENT “Life sucks and then you die”

Room 104

Room 104 será siempre una eterna recomendación para el que busque cosas nuevas en la televisión, aun sabiendo que puede parecer decepcionante en muchos aspectos. Y quizás lo sea, pues como puede ser excelente un episodio, el siguiente puede ser muy malo. Sin embargo, creo que esta propuesta reclama algo que el espectador del momento puede estar perdiendo, y es su disposición a prestar atención y abrir la mente a lo diferente. Estoy seguro de que no dejará indiferente a nadie y tiene una ventaja: si no te gusta un episodio, puedes pasar al siguiente. Hay historias para todos los gustos, no exentas de un elenco reconocido. La serie nos transporta a las épocas de La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964) o Cuentos asombrosos (Amazing Stories, 1985-1987), solo que esta vez en la intimidad de una habitación de motel. Y no dudo de que es un producto impajaritable para todos aquellos aspirantes a escritores, directores y demás cargos de la industria audiovisual. Esta serie es, prácticamente, un festín de cortometrajes que HBO nos ofrece semanalmente. Funciona como lección para atreverse a contar historias con las uñas y como invitación a seguir trabajando, enfocándonos en la narración de calidad sin dejar obnubilarnos por los trucos efímeros tras los que se ocultan a menudo los narradores mediocres. El cine, la televisión y la literatura se trata de contar buenas historias. Siempre fue así y siempre lo será.

THE END MAGAZINE