Mafias, chulos, prostitutas, corrupciA?n y mucho sexo. The Deuce nos invita a presenciar el inicio de una revoluciA?n de la explotaciA?n sexual.

The Deuce

Los aA�os setentas fueron saludables y gloriosos para el cine, la literatura, la mA?sica… y el sexo. En aquella dA�cada comenzA? a forjarse lo que serA�a una de las industrias mA?s escandalosas y fructA�feras de la historia, trazando un camino que no dejarA�a de evolucionar hasta nuestros dA�as y que, a ojos de hoy, incluso, vemos con nostalgia.

Entre la sexta y la sA�ptima avenida se extendA�a, vA�vida y colorida, la calle 42, a la que todos llamaban A�The DeuceA�. Aquella caldera del diablo, en pleno centro de Hella��s Kitchen, fue testigo de cA?mo se cocinaron a fuego lento las grandes revoluciones artA�sticas, productos nacidos de una explosiva mezcla cultural hija de la incesante inmigraciA?n golpeada por el hambre, la miseria y unas ganas de triunfar alimentadas por el caprichoso sueA�o americano. Una de las grandes producciones de HBO este aA�o se propone contar cA?mo la industria pornogrA?fica se fue volviendo tan poderosa, con un telA?n de fondo hostil y complejo decorado por una enorme galerA�a de personajes que, como pequeA�as piezas de una sA?per estructura, cimientan a su modo este monstruo vicioso y sexual.

David Simon (The Wire, Show Me a Hero) une fuerzas con el autor George Pelecanos (The Wire, Treme) para contar, lenta y precisamente, el devenir del porno en un momento crucial en el que lo prohibido y la corrupciA?n eran la madre de todas las leyes. Mientras buscaba locaciones para la serie Treme, Marc Henry Johnson conociA? a un tipo que estuvo involucrado en las mafias del momento y aseguraba tener un centenar de historias sobre aquella zona en los aA�os setenta. Simon y Pelecanos fueron presentados con el sujeto, escucharon sus historias y descubrieron la increA�ble riqueza de personajes y anA�cdotas que sus palabras tenA�an. Aquello fue la semilla para The Deuce, una historia que no solo nos transporta a una dA�cada gloriosa, caA?tica y rutilante, sino que nos introduce a la intimidad de estas calles infernales, pobladas de historias y transitadas por gente de toda clase.

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The Deuce

Frank y Vincent Marcino (James Franco) son unos gemelos de ascendencia italiana, diferentes en sus modos, pero unidos por el mismo deseo de alcanzar el A�xito. Uno anegado por las deudas y perseguido por los cobradores. El otro, barman honesto, trabajador y visionario. Ambos tendrA?n que vA�rselas con los tipos duros de The Deuce, involucrA?ndose inevitablemente en las diferentes dinA?micas de una industria de la explotaciA?n sexual en ascenso. The Hi-Hat, el bar que regentan para los poderosos, se convierte al instante en el epicentro de toda esta vorA?gine sexual: prostitutas, chulos, travestis, cantantes, homosexuales, matones, y policA�as limpios y corruptos. Junto a los gemelos trabaja Abby Parker (Margarita Levieva), una chica “bien” que toma las riendas de su vida luego de abandonar la universidad y la cA?moda vida que sus padres le han dado. Aunque proclive a usar la seducciA?n como arma infalible, en 42nd Street se da cuenta de que el sexo es cosa seria y que sus ideales y pensamientos, adquiridos en los libros de teorA�a, no tienen nada quA� hacer ante la vida real que se vive en esas calles. QuizA?s estos tres sean los mA?s estereotipados personajes de la serie, pero sirven de vehA�culo para conocer a quienes se roban todo el protagonismo, los verdaderos agentes de esta revoluciA?n: las prostitutas, cada una de ellas un modelo distinto que escapa a toda idea preconcebida de esta prA?ctica. Ellas demuestran cA?mo es de difA�cil reducir a categorA�as la complejidad del pensamiento libertario que impulsA? esta desaforada sed de placer.

The Deuce

Mientras Candy (Maggie Gyllenhaal), resiliente y altiva, se vanagloria de su libertad y autonomA�a en un negocio en el que todavA�a reina el abusivo imperio de los proxenetas, sus colegas de acera sufren la tiranA�a de sus manejadores. Unas venden su cuerpo por no tener opciones, otras lo hacen por placer, y otras mA?s por inercia al estar sumidas en la desilusiA?n de un futuro posible. Solo Candy, a punto de tirar la toalla, acorralada por los peligros de la noche, termina descubriendo el mundo del cine porno, donde hallarA? solaz y, sin proponA�rselo, ofrecerA? otra salida a muchas de las chicas con las que frecuenta las esquinas.

The Deuce es inteligente porque ha sabido plantarse en medio del problema con objetividad (una decisiA?n que podrA�a generar inconformismo en el espectador). No pretende excitar de ninguna manera. Pese a su desparpajo en mostrar desnudos, tanto masculinos como femeninos, y tratar con parcialidad las relaciones hetero y homosexuales. No es escandalosa, no es lujuriosa y no es provocativa (en un sentido sexual; lo es completamente a nivel estA�tico y narrativo). Quienes busquen deleitar su mirada con la carne expuesta, perderA?n el tiempo, pues aquA� hay cosas mA?s importantes que ver follar a los actores. Pero a la vez, no es panfletaria. No intenta vender un discurso ni nada parecido, sino que pone en la palestra lo bueno y lo malo, con todos sus matices, para que sea el espectador quien se forme una propia opiniA?n sobre lo que significA? este difA�cil pero ingenioso periodo de la industria. Y ademA?s, todo esto con ese sello narrativo A?nico y desconcertante en el mundo del audiovisual televisivo que poseen las obras de Simon.

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The Deuce

Esta serie, renovada ya para una segunda temporada, reproduce con asombrosa autenticidad la dA�cada de los setentas: la mA?sica, el ajetreado ambiente de los bares, la vistosidad de los chulos en sus Cadillacs, las numerosas referencias a la cultura popular de la A�poca (Steppenwolf en las tiendas de discos, Dario Argento en cartelera y el inminente estreno de Garganta Profunda). A?CuA?nta maravilla! En el presente uno anhela haber podido estar presente en aquellos tiempos de tanta lucidez, pero cuando nos adentramos en esta historia, advertimos lo difA�cil que era habitar estas calles. Cada capA�tulo transmite el desasosiego de estas mujeres que salA�an cada noche a ofrecer amor por unos cuantos billetes, ocultando tras sus sonrisas el miedo a ser asesinadas por algA?n loco o castigadas por sus chulos, el dolor de sus pies oprimidos por los tacones, la pA�rdida de la esperanza y la total desilusiA?n. Asimismo, desmitifica el sexo de manera tajante, no solo por la banalizaciA?n que acarreaba la prostituciA?n, sino por la manera como el cine se filmaba. AquA� la verdadera seducciA?n estaba en los billetes. El hambre de poder ensombrecA�a la trivialidad del deseo carnal, que se podA�a saciar con un par de monedas frente a una mA?quina. Sin embargo, entre la acritud del diario vivir, el amor no deja de buscar un resquicio para salvar, a su modo, a mA?s de uno de estos personajes, incluso de maneras inesperadas, como la de la prostituta que descubre el interA�s por los libros gracias al cine y termina leyendo a Dickens en el bar.

La pornografA�a no volverA? a disfrutar de la gloria de aquellos tiempos. Ya ha encontrado en la red un lugar sano y seguro dA?nde existir, junto con la pobreza creativa que la caracteriza, soportada tambiA�n, y en buena medida, con la facilidad con la que accedemos a ella y la inmediatez que nos consume. A?SerA�a bueno volver a las viejas prA?cticas? La prostituciA?n, la corrupciA?n y la violencia de nuestras zonas de tolerancia siguen siendo las mismas, pero las mejores cosas de la vida llegan y se van pronto. El mejor porno muriA? hace tiempo. The Deuce es la mejor manera de revivir aquellas A�pocas.

THE END MAGAZINE