“Estoy en la olla”, la gran preocupación por el dinero está presente en el cine de Colombia. Estamos en la era de la Tragi-economía narrativa.  

Desde  el “no tengo plata” hasta el “estoy en la olla”, o la frase coloquial que sea, todo hace referencia a la falta de dinero, de capital, de plata para vivir. Decidí darle el nombre de Tragi-economía narrativa a la etapa por la cual el cine independiente colombiano está pasando. Es algo interesante de analizar, ver ese rasgo que diferencia una gran parte del cine independiente actual del país de las demás producciones independientes del mundo.

La necesidad económica, la pobreza, la falta de recursos, contextos de violencia enmarcados en la falta de capital… Todas estas temáticas están enmarcadas en la tragi-economía narrativa, no digo que sean temas que Colombia ha creado o que sean de uso exclusivo de nuestro país, son temas universales, pero que en Colombia se explotan al máximo, siendo en muchas ocasiones parte de las historias que contamos.

¿Desde cuándo nos estamos preocupando tanto por la plata? Básicamente, la preocupación monetaria ha estado presente en toda la historia del país. Son ya más de 200 años en los cuales las enormes diferencias sociales se han mantenido; es más, ya desde La Nueva Granada, el país que controlaba la corona española, se vivía una enorme brecha económica entre los nativos y los españoles. Si revisamos con detenimiento la historia económica colombiana, nos encontraremos que los responsables de mover la historia han sido las grandes masas, la cultura popular unida en pro de una idea.

Así que no es nada nuevo que tengamos una preocupación por la vida sin dinero. Es algo que ha crecido con nosotros y que seguirá estando presente día a día. Pero entonces ¿Dónde comienza el periodo de la tragi-economía narrativa? Para este planteamiento tuve en cuenta de los 90 hasta hoy, 2017. En este periodo de tiempo, el cine colombiano fue en ascenso, marcando la historia audiovisual de la nación. Al analizar con detenimiento una muestra de películas de este lapso de tiempo, noté una temática que las reunía a todas, sin importar el género, ni el tono de la historia: la gran preocupación por el dinero.

La tragi-economía en el cine nacional

Gente de bien (2015), La estrategia del caracol (1993), Los colores de la montaña (2011), Paraíso travel (2008)Soñar no cuesta nada (2006), La vendedora de rosas (1998), estas son solo algunas de las películas que manejan la clase popular, la pobreza o la preocupación monetaria en su desarrollo narrativo. Hago la aclaración, no necesariamente estos temas tienen que ser los que guíen la historia (como en La estrategia del caracol), en muchas ocasiones solo hace parte del contexto del filme o apoyan la narrativa principal.

Para entender cómo está presente la tragi-economía en el cine colombiano revisaremos tres de esas películas, La vendedora de rosas de Víctor Gaviria como ejemplo directo de tragi-economía narrativa implícita en toda la historia, Gente de bien, de Franco Lolli, como parte del conflicto principal y detonador de la historia, y La estrategia del caracol,  de Sergio Cabrera, en la que la tragi-economía le da sentido al contexto en el que se mueve la historia.

Para comenzar, La vendedora de rosas es el claro ejemplo del uso del problema monetario en la construcción de una historia. Dicha película retrata el conflicto de las calles de Medellín, un conflicto que se entreteje de problemáticas sociales. Todas y cada una de esas problemáticas tienen como causa directa la pobreza, la desigualdad y la realidad social y económica de gran parte del país. En la vendedora de rosas vemos que los problemas monetarios, no solo le dan contexto a la historia, sino que, además, guía cada una de las historias de las calles de Miramar. Esta película se cuenta entre robo y robo, cada nada un personaje de la historia roba un objeto diferente, por ejemplo, cuando Andrea le roba los patines a su hermana o cuando el Zarco le roba el reloj a Andrea, es una historia de necesidad en necesidad.

Tragi-economía

Por otra parte, tenemos la historia de La estrategia del caracol, que, si bien en ningún momento toca directamente la pobreza o la falta de dinero, también hace parte de la tragi-economía narrativa. Si miramos con otros ojos la película, podemos afirmar que se trata de una lucha de clases sociales, por un lado, el típico rico caprichoso y, por el otro, un aglomerado de gente que al juntarse se convierte en una sola fuerza, “el pueblo unido jamás será vencido”. El contexto en el que se mueve el desalojo de la Casa Uribe corresponde a la falta de recursos, ya que, si tuvieran los medios para salvar su edificio, no tendríamos historia. Cada uno de los habitantes de la Casa Uribe son completamente diferentes en cuanto a deseos y motivaciones, pero hay una cosa que los conecta a todos, la humildad.

Tragi-economía

En el caso concreto de Gente de bien vemos muy marcada la tragi-economía narrativa, ya que en todo momento nos recuerdan que la principal problemática de la historia es la falta de dinero. Gabriel tiene esa preocupación monetaria constante a lo largo de la película. Dicha preocupación estará presente en todo el desarrollo de la narrativa, siendo decisiva al final, ya que, por falta de plata, Lupe, la mascota, no puede entrar en tratamiento para el mal que la aqueja y, por ende, es inyectada para morir sin dolor.

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Tragi-economía

Por supuesto, el bajo estatus económico no es la única característica del cine colombiano. Si comparamos el cine colombiano con el concepto de “indiewood” planteado por Antonio Sánchez Escalonilla en La crisis del sueño americano en el cine independiente del nuevo siglo, un gran artículo, por cierto, nos damos cuenta de que comparten la idea de un cine independiente basado en la persona del común, en mostrar historias más humanas, más apegadas al espectador. Gente de bien, La vendedora de rosas, La estrategia del caracol y el cine colombiano en general sin duda alguna manejan esta idea por completo.

Por lo general, vemos que nuestro cine se centra en el desarrollo interno de un personaje y sus preocupaciones, pero, aún así, su relación con el entorno político, social y sobre todo económico determina esas preocupaciones, es decir, recaemos una y otra vez en los problemas que aquejan a la población día a día. En el caso de Gente de bien nos movíamos dentro de las emociones de Erick, todo lo que sentía y todas sus reacciones frente las situaciones de rechazo que se le iban presentando. En La vendedora de rosas, seguimos la historia de Andrea y Mónica por su vida en el barrio Miramar, viviendo cada una de las emociones intensas que se les presenta a lo largo de la historia.

Es interesante analizar el lenguaje audiovisual que se maneja para contar estas historias tan apegadas a la realidad. Por ejemplo, la cámara en mano, ese movimiento desordenado que nos provoca nerviosismo y en muchas ocasiones incomodidad es uno de los fuertes de este tipo de cine, o los planos contemplativos propios de este lenguaje, buscando la construcción emocional del personaje en el público. En Gente de bien y en La vendedora de rosas la cámara en todo momento está en movimiento, como si de un documental se tratara; es una combinación extraordinaria entre lo real y lo que es ficción desde un ámbito audiovisual.

La Tragi-economía, nuestro estilo

¿A qué se debe este fenómeno? No se trata de reglas internacionales para hacer cine, ni mucho menos de seguir una corriente artística al pie de la letra, se trata de un pensamiento, muchas veces inconsciente, de retratar la situación social actual colombiana, dar a conocer la verdadera cara de Colombia, sin esconder nada, mostrando tal cual es… Nunca hemos sido ese país que internacionalmente pintan como el “más feliz del mundo”.

Tenemos  gente muriendo de hambre en las calles, gente tratando de sobrevivir al día a día, que gente feliz. ¿Cómo no retratar esto? Es lo que somos y no lo podemos negar. ¿Por qué no aprovechar el cine para mostrar qué es lo que está pasando afuera de nuestras casas?

Colombia está pasando por uno de los mejores momentos del cine nacional. Nos hemos personificado aún más de quienes somos y gracias a esto grandes historias han salido a la luz. No veo a la tragi-economía narrativa como un problema; por el contrario, la veo como una etapa en la que por fin nos reconoceremos como país, una etapa en la que por fin estamos entendiendo que nuestros problemas sociales y económicos no son para hacer “pornomiseria”, sino que por el contrario son para hacer grandes historias, llenas de riqueza cinematográfica y riqueza narrativa.  

Tragi-economía

No somos un país pesimista ni miserable, pero sí somos un país lleno de problemas que deben ser retratados.

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