Antes del boom del color que predominó en el cine a partir de los años 70, las películas seguían teniendo un gran efecto en blanco y negro. Muchos directores como Alfred Hitchcock; Psycho (1960), Robert Mulligan; Matar a un Ruiseñor (1962) y Stanley Kubrick con Dr. Insólito (1964), teniendo la posibilidad de adaptarse a esta nueva técnica cinematográfica, negaban incorporarlo en su trabajo; ya fuera únicamente por crear un estilo o llevar la contraria, lograban de forma impecable darle un nuevo concepto visual al terror, a la moral y por supuesto a lo clásico del cine. Un director en especial que se destacó por el uso del claro-oscuro, fue el italiano Mario Bava; reinventando el subgénero de lo gótico con su gran y espeluznante obra: La Máscara del Diablo (1960).

Asimismo, directores contemporáneos como David Lynch, Eraserhead (2000), Darren Aronofsky; Pi (1998), y por supuesto Tim Burton; Ed Wood (1994), influenciados se dejaron llevar por esta ola del blanco y negro, que a propósito, sigue pegando fuerte en el presente. Considerada también como la película de terror preferida de Burton, “Black Sunday”, -título en inglés- fue tan popular en su época, que mucho después un remake fue propuesto a Bava pero obviamente él lo rechazó. Su padre, Emanuel Bava, experto en efectos especiales y camarógrafo, lo motivó a seguir sus pasos. Durante el movimiento neo-realista, trabajó como cinematógrafo a la mano de  Roberto Rossellini, pero fue con la productora Galatea que recibió su gran oportunidad cuando mostró sus habilidades al entrar en reemplazo de dos proyectos abandonados, otorgándole así carta blanca para crear lo que lo marcaría como uno de los precursores del cine de horror.

Basada parcialmente en la novela “El Viyi” del ucraniano Nikolai Gogol, el film remonta al siglo XVII, durante la inquisición, la princesa Asa Vajda (Barbara Steel), es condena con La Máscara Del Diablo al ser culpable por servir a satán junto a su amante Igor Javutich (Arturo Dominici). En venganza, la princesa amenaza con volver en busca de sangre que la traiga de vuelta a la vida. Dos siglos después, el doctor Dr. Thomas Kruvayan (Andrea Checchi), junto con el Dr. Andre Gorobec (John Richardson), tropiezan con la tumba de la princesa y accidentalmente, rompen el demoniaco hechizo. Paralelo a esto, Katia (interpretada por la misma Steel) y su padre Iván, (Tino Bianchi), -descendientes de Vadja, son las inocentes victimas que pagaran por la maldición.

El guión, adaptado por Ennio De Concini, Mario Serandrei, Marcello Coscia y Mario Bava (los últimos dos no acreditados), llevaron esta historia a ser un molde en arcos narrativos más adelante utilizados en películas como: La Noche De Los Muertos Vivientes (1968), de George A. Romero, Pesadilla en Elm Street (1968), de Wes Craven (R.I.P.) y  por supuesto Drácula, de Bram Stoker (1992), del director Francis Ford Coppola. A Steel nunca le fue entregado un guion completo ya que no dominaba el idioma italiano, esto causó que durante las seis semanas de rodaje, tanto ella como el director, -quienes hacían su debut por primera vez-, tuvieran roces; ya fuera porque a la actriz no le agradaba como lucía su peluca o simplemente porque creía que la cámara podía grabarla a través de su vestuario, sin duda la convirtió en un personaje de culto; tanto fue así que entre su filmografía trabajó luego con directores de la talla de Federico Fellini, David Cronenberg y hasta Louis Malle.

Luego de su estreno, la cinta fue prohibida en el Reino Unido por un periodo de siete años debido a sus crudas y violentas imágenes -las cuales realmente dieron vida al género del horror, el cual ya había sido dado por muerto-. Tomando forma contraria a los vampiros vistos con colmillos y garras en Nosferatu (1922); Black Sunday reinvento la mirada al hacerlos pasar desapercibidos como criaturas que se mesclan sutilmente entre los vivos. La película también fiel a sus raíces y a tramas manejadas anteriormente sobre posesiones, hipnosis, putrefacciones y sangre, hacen parte de este siniestro mundo cuyos orígenes cinematográficos proceden claramente a: La Momia (1932) y El Retrato de Dorian Grey (1945).

A parte de la dirección, Bava también fue el encargado de la cinematografía de la película que de forma expresionista logra crear una atmosfera altamente contrastada, generando en la imagen cierta tridimensionalidad,  lo cual creo sinceramente es el tipo de película que funcionaría perfectamente con lentes 3D-. Junto al escenario hecho en monocromo, (como técnica de pintura italiana para dar relieve entre las luces y sombras) los pasadizos, ruinas, túneles, cavernas, bosques, cementerios, lagos y hasta un carruaje, resume lo que inspiró a Burton para recrear elementos en ese mundo de tinieblas que se puede ver en todos su cine, sobretodo en la fantástica pero aterradora Sleepy Hallow (1999). El set luego también sirvió como maqueta para la película La Profecía (1976), donde casualmente también figuran como bestias unos Rottweiler; cuando en Black Sunday utilizaron dos Doberman Pinschers.

Rodada en 35 m.m. La cámara se desplaza de forma sofisticada en cada escena,   ya sea con el uso de Dolly o con planos desde lo más alto hasta lo más bajo,  picados, contrapicados, acercamientos a puertas a grandes velocidades, cámara lenta, trucos e ilusiones ópticas, hacen que la imagen se yuxtaponga entre claustrofóbicos e infernales encuadres. El crédito lo tiene la magnífica edición manipulada por Mario Serandrei, que recuerda al montaje utilizado más adelante en el mega éxito de horror de William Friedkin; El Exorcista (1973), añadiéndole a esto los terroríficos efectos especiales de la mano de padre e hijo Bava, que hasta  esta época, no dejan de impresionar.

La música compuesta por Roberto Nicolosi, para la versión italiana, no se diferencia mucho de la versión hecha por Les Baxter para los Estados Unidos,  que de forma exótica y sensual armoniza con tonadas de piano, trompetas y tambores, sonidos que invocan al más allá. Como para la época era usual que los rodajes fueran sin audio y dado a la causa que la grabación sucedió durante el invierno, la mayoría del equipo y los actores estaban enfermos, con problemas nasales y fuertes gripas, que para la producción fue una necesidad doblarla tanto en el habla inglesa como al italiano.

Algunos elementos adquieren en el film doble connotación, que ya sea religiosa o satánica, (un crucifijo e inclusive una máscara de bronce con espigas adentro), marcaron los principios de lo gótico y macabro del cine. Siempre separando el pecado con la pureza y la sensualidad con la inocencia, Bava nubla nuestra percepción del bien y del mal, manchando la pantalla grande con sangre, lo que causó un gran impacto, al ser considerada en la historia del séptimo arte como uno de los primeros splatter films. Entre su filmografía otras películas como: Black Sabath (1963), Seis Mujeres para el Asesino (1964), Kill, Baby Kill (1966) y Bahía de Sangre (1971), abrieron paso al llamado cine giallo, donde surgió también otro de los maestros, el director italiano, Dario Argento.

En esta era, sin importar sea cine comercial o independiente, las películas han implantado el blanco y negro, reincorporándolo a través del tiempo con Touch of Evil (1958), Manhattan (1979), Toro Salvaje (1980), El Hombre Elefante (1980), La Lista de Schindler (1993), El Odio (1995), Sin City (2005), El Artista (2011), Nebraska (2013) e Ida (2013) y seguramente la tendencia continuara hasta que algún día a alguien se le ocurra hacer un remake de este film. Claro que analizando bien no sabría quién sería el director indicado, -ya que lamentablemente Burton ha logrado masacrar sus últimos trabajos-, tal vez por el  bien de la humanidad y del cine, lo más conveniente es que la maldición que es esta película se mantenga intacta y alejada de las manos del hombre, que pretende arruinar tesoros como este con coloridos resultados y efectos digitales que preferible que terminen en la hoguera, ya que nunca van a poder superar al clásico Black Sunday.

THE END MAGAZINE

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SANTIAGO CUARTAS
COLABORADOR

Fotógrafo, Editor, Guionista, Cinéfilo, Realizador Audiovisual en proceso. ...años de devorar imagen, hacen que la entienda, en carne propia...

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