Con un oscuro pasado a sus espaldas, Jesse Custer intenta redimirse por medio de buenas acciones y prédicas a sus feligreses. Sin embargo, se dará cuenta de que en ocasiones, por más que se huya, el destino termina alcanzándonos para ajustar cuentas y hacernos pagar por nuestros pecados. 

Las numerosas adaptaciones televisivas y cinematográficas de las diferentes historietas más emblemáticas de las últimas décadas, que tienen como eje central a las dos grandes casas de cómics: DC Comics y Marvel, han consolidado multitudinarias muestras de apoyo a estas narrativas fantásticas, de carácter heroico y emancipador. Sin embargo, no todos los cómics se basan en héroes moralmente incorruptibles, intachables y pulcros en su actuar.

El célebre antihéroe Spawn tuvo un breve, pero importante, momento de fama hacia finales de la década de noventa, cuando protagonizó una película y posteriormente un serie animada. Este fue el inicio de lo que sería una primera arremetida de los cómics irreverentes para posicionarse en Hollywood. La lucha contra los cánones habituales de comportamiento de los héroes clásicos dieo como resultado, casi dos décadas después, que el personaje de Deadpool llegara a la pantalla grande también, y se convirtiera en objeto de culto para fanáticos de todo tipo.

No obstante, en una época en que la pantalla chica está peleando a la par con la gran pantalla de Hollywood, las series de antihéroes se han hecho más apetecidas, pues están dirigidas a un público más maduro. Por tanto, la cadena estadounidense AMC, rompiendo con el prototipo de sus aclamadas, y muy publicitadas, producciones, apostó por una serie arriesgada, que por lo mismo ha sido tratada con considerable reserva y mucha discreción: Preacher. Este hecho sin lugar a dudas se debe a su contenido explícito y sensible.

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A través del constante esfuerzo conjunto de los creadores Sam Catlin, Evan Goldberg y Seth Rogen, esta adaptación ha podido ser planteada, y ejecutada, siguiendo los parámetros de presentación del cómic. Con una trayectoria aceptable, pero nada mágica o sobresaliente, estos tres hombres se dieron a la tarea de imprimirle vida a uno de los antihéroes menos valorados de los últimos tiempos.

El personaje de Jesse Custer (interpretado en la serie por Dominic Cooper) es un vivo reflejo del antihéroe chapado a la antigua. Brutal en sus métodos, pero con un estricto código de moral que lo contiene ante inciertos escenarios donde gente inocente pueda salir herida. Jesse es un predicador que está empecinado en dar a conocer las enseñanzas de la Biblia al pie de la letra, a manera de redención por lo que fue una vida de excesos y crímenes, los cuales le arrebataron no solo su inocencia sino también a las personas que más quería.

Ligado a la cultura texana, Jesse Custer puede ser descrito como un furioso vengador de los viejos tiempos de los westerns clásicos estadounidenses. Es despiadado con los malos, y comprensivo con los buenos. Usualmente defiende a los débiles de las injusticias y los abusos, aun si en más de una ocasión no distingue sus buenos actos de los malos. Jesse es un antihéroe carismático y empático, pero también rudo y frío.

Empero, incluso el más despiadado de los antihéroes necesita de compañeros en los cuales apoyarse para poder llevar a cabo todos sus objetivos. Los compañeros inseparables de Jesse Custer son Tulip O’Hare (interpretada por Ruth Negga) y Cassidy (interpretado por Joseph Gilgun), quienes ayudan a su vez a mantener a raya el descontrolado y desalmado espíritu salvaje de Jesse que por momentos resurge para herir sin misericordia a quien se interponga en su camino.

Joseph Gilgun como Cassidy, Ruth Negga como Tulip O’Hare, Dominic Cooper como Jesse Custer. Preacher. Temporada 2. Crédito: Marco Grob/AMC.

Tulip no solo es aquel gran amor que marcó a Jesse de por vida, sino que es también aquella persona que se encarga de ponerlo en su lugar cuando es necesario, frenándolo ante sus deseos impulsivos. Tulip es una mujer, que como Jesse, posee un carácter fuerte y es directa en sus apreciaciones. Puede defenderse por sí sola, y lo demuestra con regularidad. Cassidy, por otro lado, es un personaje más relajado, aunque tiene una personalidad descontrolada, frenética y de muchos excesos. Cassidy tiene además una habilidad especial que lo blinda de las consecuencias de tales desmanes. Pero, más allá de este tipo de actuación, Cassidy suele ser la voz de consciencia de Jesse, instándole a ser prudente y medir las consecuencias de sus acciones.

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La serie nos permite ver todo tipo de coloridos y sorprendentes personajes, con características e historias bastante detalladas, lo cual les brinda profundidad y contexto, a pesar del manejo continúo de los tonos marrones y grises generales de la escenografía. En Preacher los recursos humorísticos, armonizados con las notas dramáticas, le dan a la serie un espíritu siniestro, pero no menos encantador y cautivante. El espectador se siente en un western moderno a ratos, para luego transportarse rápidamente a la actualidad de un pequeño pueblo rural de Texas sin perder la continuidad en la narrativa e interacción entre personajes.

Con dos temporadas ya emitidas (la segunda solo en Estados Unidos), Preacher es una serie fuera de lo común. Incluso para los fanáticos y ávidos consumidores de series, esta entra a participar en una categoría que ella misma crea a partir de su impronta personal, mezclando una serie de elementos cómicos, dramáticos y simbólicos con gran agudeza, pero justo balance también. Es una apuesta arriesgada, la cual le apunta a un público profundamente crítico, maduro y carente de la habitual sensibilidad frente a lo que puede entrar a ser caricaturizado, e incluso ridiculizado.

La irreverencia que despliega la serie se alimenta de los recursos argumentales que acompañan un humor negro que busca enfrentar lo políticamente correcto en un terreno donde la crítica siempre se ha hecho más fuerte que lo aceptable: la pantalla chica. En una época en la que hay que ser cauto para no ofender a grandes grupos de personas por sus preferencias políticas, religiosas, sexuales y alimenticias, entre muchas otras, Preacher busca justamente lo opuesto. El objetivo de la serie, más allá de entretener y fraguar una propuesta novedosa, es el de crear malestar y ocasionar debates en torno a una cruda, pero certera diatriba contra las más grandes instituciones, tanto políticas como religiosas, permitiéndole a la audiencia dar un veredicto final luego de haber transitado por los rincones oscuros, pero hilarantes de la serie.

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