Matar a JesA?s, de Laura Mora, es un thriller antioqueA�o que estA? recogiendo premios en los festivales del mundo y sembrando inquietudes en el espectador acercaA�de la oscuridad que nos habita.A�

GIOVANNY

Una noche me encuentro en la calle de Cartagena a Giovanny RodrA�guez, que en la calle no es JesA?s porque JesA?s siempre se ve mA?s serio, mA?s taciturno. Va con el combo de la pelA�cula a darse un vuelto en GetsemanA�, a tomarse algo; le ofrezco un ron y me lo recibe sin dudar, es un tipo simpA?tico, conoce bien la calle y sabe andar en la oscuridad. Le pregunto que si los pelaos que aparecen en la pelA�cula jugando a echar tiros junto al rA�o son sus parceros, y me dice que no, que sus parceros eran los de la escena de las motos, despuA�s de la farra en la que Paula (Lita)A�conoce a JesA?s; pero que ya no se habla con ellos, que le tocA? dejar su barrio: lo calentaron despuA�s de la pelA�cula porque creyeron que se habA�a tapado en plata, y eso no es asA�. Estamos en medio del 58A? Festival de Cine de Cartagena, donde Matar a JesA?s recibiA? el fin de semana pasado el premio del pA?blico, y Giovanny me cuenta la historia de sus parceros con cierta calma, en el mismo tono en el que me cuenta que le encantan las motos, que eso sA� lo apasiona. Al escucharlo, confirmo que MedellA�n y Colombia siguen siendo rabiosas, despedazando al que por alguna razA?n y en algA?n momento se ve mal parado.

Matar a JesA?s

HabA�a visto la pelA�cula dA�as atrA?s, y me hizo apretar los dientes, pero en el FICCI escuchA� por todas partes comentarios que me hicieron sentir que venA�a una historia para golpear a la audiencia con dureza. AgotA? entradas en todas sus funciones y, en cuanto a cine colombiano en el festival, mandaba la parada. Laura Mora, la directora, lleva varios aA�os trabajando para comerciales y televisiA?n, pero Matar a JesA?s estaba en su cabeza desde hacA�a mucho tiempo, porque surgiA? de su propia vida. Hace 16 aA�os su papA? fue asesinado en MedellA�n, igual que el papA? de Paula, la protagonista de la historia.

Matar a JesA?s ha recibido numerosos premios en diversos festivales a nivel mundial. En los A?ltimos aA�os, es una de las producciones colombianas que encuentra con mA?s audacia la forma de contar una historia. Entre otros, ha participado en los festivales de Toronto, Zurich, Punta del Este y Guadalajara. RecibiA? menciA?n especial del jurado en el Festival de San SebastiA?n, el premio Roger Ebert en el Festival de Chicago y tres premios en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana.

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En cuanto a gA�nero hay algo claro, Matar a JesA?s es un thriller, lo que se dice thriller: al principio hay una calma cotidiana, pero tras un par de secuencias escuchamos los disparos y el cristal de la camioneta romperse en pedazos. Paula, una estudiante de fotografA�a, regresa a casa conversando con su padre, haciA�ndole fotos, cuando el bramido de una moto rasga las risas y los disparos de la cA?mara se convierten en un par de pepazos secos que sumergen pronto la historia en un trance de inquietud del que no salimos en los 95 minutos de pelA�cula. Paula logra ver la cara del asesino en un clA�max de acciA?n temprano que detona con fuerza el inicio de la pelA�cula, y deja bien claro que no vinimos a ver un cuento de hadas. Desde el inicio, la ausencia de mA?sica refuerza el clima de muerte y nos recuerda por largos momentos el silencio de un velorio catA?lico.

NATASHA

Natasha Jaramillo, como todos los demA?s, nunca habA�a actuado, en Matar a JesA?s es actriz natural y se parece a Lita en su forma de hablar, es tA�mida de primerazo. Laura Mora la vio por primera vez en el Museo de Arte Moderno en MedellA�n, y desde entonces supo que ese era el personaje que querA�a. Esa vez Natasha se le perdiA? entre la noche, Laura regresA? al museo unas cuantas veces para encontrarla, pero no la volviA? a ver, entonces creyA? haberla perdido para siempre, hasta que un dA�a la vio en el centro de MedellA�n y se lanzA? para tenerla en su pelA�cula, o en su vida, de cualquier manera. ResultA? ser estudiante de artes y resultA? tener 22 aA�os, los mismos que ella tenA�a cuando pasA? lo de su papA?. Natasha es silenciosa, eso hace que Paula tenga el encanto mA�stico que en la pelA�cula cautiva al espectador y luego a JesA?s. En Cartagena andaba por ahA� caminando, sin mayor ceremonia; cuando hablamos, estaba decidiendo si pegarse a terminar la noche en la playa con los Monociclo, un combo de paisas que tambiA�n hacen cine.

Paula y su familia, inician el paquidA�rmico proceso judicial tras la muerte de su padre. En la primera explosiA?n violenta, ante la negligencia de la fiscalA�a, el personaje parece quedarse sin la fuerza y la rabia suficientes, que mA?s adelante JesA?s le enseA�arA? a sentir apretando una pistola entre sus manos. El inquietante recurso de la cA?mara en mano y la cinematografA�a caA?tica hacen que empiece a sentirse malestar. A Paula la atormenta un recuerdo, y unos dA�as despuA�s sin quererlo, en medio de la fiesta y la salsa brava del bar El TA�biri en MedellA�n, descubre a JesA?s, el rostro de sus recuerdos. DespuA�s de vomitar su angustia en un baA�o, regresa a buscarlo y lo encuentra revuelto entre la noche y el humo.

LAURA

Me quedA� pensando en por quA� JesA?s se llama JesA?s. A Laura Mora le mataron a su papA? en MedellA�n como a HA�ctor Abad, y como a otros cuantos miles de personas cuyos nombres no conocemos ni conoceremos porque no los ve la prensa, estA?n perdidas en el pesebre montaA�ero y entre los miles de folios de la fiscalA�a que, como a Paula y su familia, no les producen resultados visibles. DespuA�s del asesinato, Laura pensA? en escribir algo sobre su padre, sobre el dolor de su familia, pero no le salA�a. Una noche soA�A? que hablaba con un joven en un mirador, sobre las lucecitas lejanas de la ciudad de MedellA�n, A�l le decA�a que habA�a matado a su padre y que se llamaba JesA?s. Para Laura, ese nombre tambiA�n hace pensar en esta sociedad catA?lica y beata, que reza y peca. Y entre mA?s reza, mA?s peca. A�A�

Laura Mora, Directora de Matar a JesA?s

DespuA�s de la fiesta, se escuchan las motos haciendo caballitos por la ciudad, las luces navideA�as cunden MedellA�n y adornan la pelA�cula haciendo mA?s sensible la noche, mA?s dolorosa la ausencia. En nochebuena los felices son mA?s felices y los solitarios son mA?s solitarios;A�La vendedora de rosas nos lo dejA? claro hace unos aA�os. Calculadora y osada, Paula se va con JesA?s rumbo al amanecer, hacia las calles empinadas de la periferia. En el remate, JesA?s es un zombie de la madrugada, se tambalea de un lado a otro en su ambiente. La nebulosa del humo, el trago y el reggaetA?n lo envuelven todo y el entorno se hace sA?rdido, construido de manera magistral en lo alto de alguno de los barrios de Castilla, Santo Domingo o Manrique. Paula empieza a navegar aguas turbias.

Mirador

Mientras Paula busca a JesA?s, el espectador inevitablemente empieza a desear venganza. Matar a JesA?s es una pelA�cula sobre el reconocimiento de la humanidad en el otro, incluso en el mA?s salvaje de los enemigos. JesA?s, al igual que Giovanny, es un marginado, es vA�ctima de una violencia sin cara que lo arrasa todo en un instante y se esconde de nuevo entre los edificios, en los bailaderos de salsa, bajo las camisetas del Independiente MedellA�n o el AtlA�tico Nacional. DA�as despuA�s,A�JesA?s invita a Paula a un mirador. La tensiA?n crece subiendo al monte, la moto es un personaje mA?s y JesA?s cabalgA?ndola se ve poderoso, la guA�a con serenidad. JesA?s es real, asA� se revela frente a Paula, los diA?logos se perciben naturales mientras fuman un porro viendo a MedellA�n desde las nubes y la maestrA�a en la direcciA?n de actores se hace evidente. No puedo evitar pensar en esos personajes antioqueA�os y outsiders de Leidi, de Los Nadie, de Rodrigo D.

Con el pasar de las escenas, JesA?s se hace mA?s fuerte y enigmA?tico. Paula empieza a verse confundida y en este punto tambiA�n lo estA? el espectador. Ese es el acierto de un thriller, producir angustia, suscitar la zozobra que toda Cartagena sintiA? en el FICCI, cuando llenA? el Teatro Adolfo MejA�a para ver esta historia.

Para poder Matar a JesA?s, PaulaA�se sumerge cada vez mA?s en las aguas oscuras del suburbio medellinense. Cada vez pierde mA?s, cada vez hay mA?s en juego: en una cruzada callejera, en un tejemaneje de barriada, a Paula le arrebatan la cA?mara, su A?nico tesoro.A� JesA?s regresa con ella,A�un bandido cazando a otros. El deseo de venganza se incrementa lentamente mientras el vA�nculo entre el asesino y su vA�ctima crece, aunque a estas alturas no sabemos cuA?l es cuA?l. La moto ruge por las esquinas con JesA?s acechante y Paula sentada atrA?s de A�l, deseando atraparlos, queriendo Matar a JesA?s mientras la calle pulula peligro. Cuando me tensiono se me contraen las mandA�bulas; en Matar JesA?s tuve esa sensaciA?n.

Para rodar la pelA�cula, Laura Mora trabajA? con sus actores un dA�a a la vez. Ellos no conocA�an la historia completa y se iban encontrando con los sucesos que debA�an interpretar en cada jornada de rodaje. Cada dA�a traA�a su sorpresa. Ellos iban descubriendo el texto, mientras sus personajes iban descubriendo sus propias vidas y eso se ve en la pantalla, en la mirada nerviosa de Paula, en el secreto dolor de JesA?s.A�

Es el momento de la redenciA?n, JesA?s herido en un taxi, se derrumba como el JesA?s de La Piedad en manos de la virgen, sangrando, sollozante, suplicando caridad. DespuA�s de eso no hay mA?s que la nada. Matar a JesA?s no es una fA?bula con moraleja ni una obra que nos invita al perdA?n. Es mA?s bien una pelA�cula que necesitA?bamos, la historia estremecedora de dos personajes a quienes una violenta ciudad enfrentA?, para que Laura Mora los escribiera, y asA� pusiera en la pantalla algo que llevaba dentro. Con sangre seca en la camisa, Paula se para en el mirador y exhala un momento turbio y poA�tico. Desde abajo la observa su MedellA�n voraz, donde parece que cualquier cosa puede suceder.

Mirarse adentro para Matar a JesA?s
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THE END MAGAZINE

About The Author

NICOLÁS CUERVO RINCÓN

Realizador Audiovisual de la Universidad Nacional, Magíster en Escrituras Creativas, inventor de historias para el papel y la pantalla; y docente de cine para jóvenes de bachillerato. Ha llevado sus letras al audiovisual publicitario, a la ficción y a publicaciones impresas y digitales. En 2013 fue ganador del Concurso Nacional de Cuento RCN y Ministerio de Educación Nacional con el relato “El emperador pacifista” que se publicó en la antología Colombia Cuenta. Le gusta encontrar historias que revelen con gracia las vetas oscuras del alma humana.

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