Este filme está basado en la figura icónica del santo y mártir San Sebastián, condenado a muerte por el emperador Diocleciano durante el imperio romano, en el año 288 después de Cristo. El director, Derek Jarman, uno de los grandes cinematógrafos vanguardistas de los últimos tiempos, revolucionó con su primer largometraje al mostrar una nueva mirada de este santo de las iglesias ortodoxa y católica, en donde claramente revela la verdadera pureza, devoción y el amor hacia otro hombre, hacia una deidad y hacia un ser como Sebastiane (1979).

Tal como lo hace el cineasta Kenneth Russel con The Devils (1971), quien impulsó su carrera al trabajar para el diseño de producción de dicha película, como abrebocas da inicio al verano, donde la corte ofrece una celebración al emperador. Entre la risa, la danza y el teatro, todo acaba cuando Sebastiane es despojado de su cargo y exiliado junto a otros a un campamento completamente aislado. Estos exteriores, que hacen parte del resto de la película, filmada en las hermosas costas de Cala Domestica (Bugerru/Italia), formada por áridas tierras rocosas y rodeadas de un cristalino mar, hacen imposible para el hombre vencer las tentaciones del amor, el deseo y la traición.

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Dirigida y escrita por Jarman y Paul Humfress, esta pieza homo-erótica del séptimo arte (sin necesidad de apegarse a la fidelidad histórica), explora la naturaleza del hombre y aquel amor imposible hacia su propia carne. Al igual que en La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), de Mel Gibson –sólo que con el toque pop de Sofía Coppola, en Marie Antoinette (2006)–, el guión, traducido al latín por Jack Welch, da un estilo verité a la realización, haciendo que los diálogos y el latín creen con autenticidad un género que por sí solo se funde en un sensual y poético edén.

Entre los soldados de la isla, Sebastiane (Leonardo Treviglio) es el único que se niega a participar en los duelos y combates que van contra su pacífica voluntad. Como él, cada personaje entreteje con delicadeza la naturaleza homosexual del hombre. Para comenzar, Maximus (Neil Kennedy) introduce con un prólogo la historia, y siendo un hetero declarado se contradice. Entre forcejeos y manoseos, muestra su sed de domar a cualquier hombre, y visto que era natural en ese período la bisexualidad abierta y sin ningún tapujo, siendo el único escape de uno mismo y de otros, todos sucumben ante adorables y mortales juegos. Como Adrian (Ken Hicks), el virgen, y Anthony (Janusz Romanov), quien quiere clamarlo como suyo, forman un paralelo entre Sebastiane y Justin (Richard Warwick), quien enamorado de su amigo, respeta su voto de castidad. Como contraparte, Severus (Barney James), el capitán al mando, quien considerado como un gay enclosetado, somete a Sebastiane a las más duras pruebas, hasta lograr despertar ese deseo reprimido, que es simplemente su vivo reflejo del amor por otro hombre.

Sebastiane

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Jarman, quien nunca ocultó su homosexualidad, dado el hecho que su padre era militar, lo que vivamente se ve marcado en todo su trabajo, y cuya versatilidad como pintor, escenógrafo y autor lo enmarcan en la cultura gay, como el patrono experimental del cine británico. Jarman, un visionario alternativo que alcanzó a hacer colaboraciones con cineastas de la talla de Jean Luc Godard, Robert Altman, Kent Russel, Nicolas Roeg, Bruce Beresford, Julien Temple, Franc Roddam, Charles Sturridge, Billy Briden entre otros, siempre a tempo con la era actual y ligándola con la pasada, Sebastiane lo inmortalizó como un santo en la libre lucha por los derechos de las personas LGBTI.

Filmada en 16 mm, pero hecha en un “blow-up” de 35 .m, la cinta obtiene una presentación única, en la que el grano se intensifica, adquiriendo una definición que, unida al lente (un gran angular), le da esa cualidad esférica casi anamórfica a la imagen. En cuanto a perspectiva, durante las escenas en cámara lenta –siempre bajo la mirada subjetiva de Severus, en especial en una secuencia que tiene una duración de casi seis minutos, donde Anthony y Adrian se dejan llevar por sus impulsos. y lo que podría ser considerado como la primera erección real en una película, cuyo género no era el pornográfico, los sentidos son puestos a prueba al capturar una transparencia muy honesta sobre el amor masculino.

Sebastiane

Siempre manejando cierta ambigüedad sexual en el desarrollo de sus personajes, los cuales defienden ideales de libertad y amor a muerte, así como lo hizo con la película Caravaggio, en la que el ilustre pintor es envuelto en un triángulo amoroso entre Tilda Swington, The Last Of England (1987), y Sean Ben, Game Of Thrones (2011), en Sebastiane no hay ningún elemento femenino, aparte de una aparición post-época del personaje de Jordan, a quien más adelante veríamos en su segundo largometraje Jubileé. El director deja correr ese punk que lleva en su sangre, donde el género se descontextualiza y se disfraza en arte. 

La cinematografía, a cargo de Peter Middleton, con quien laboró en otros proyectos, en Sebastiene, manejando más luz natural durante los exteriores, sin contar las escenas en los dormitorios y las duchas durante los interiores, con ligeros destellos acentúa lo divino del hombre, que se esconde tras la penumbra. Por otro lado, también con el uso de un filtro logra falsear la noche en un contrastado crepúsculo, el cual se pierde en un paradisíaco oasis. Con la intención de transmitir una dualidad fotográfica en la que se delimite aquel invisible margen que existe entre el poder y la dominación, Jarman logra deseos de sodomía y sumisión.

Sebastiane

La alucinante música, compuesta nada menos que por el magistral Brian Eno, conocido por ser este su primer trabajo haciendo el score de un film, que, junto a la edición de Humfress, reverbera en latentes armonías y erotismo, donde se exalta la sangre, el sudor y la leche, las cuales se proyectan tras la gran pantalla con singular simbología. Jarman, siendo alguien quien llegó a realizar varios videoclips de la famosa banda The Smiths, en los que se incluyen canciones como The Queen is Dead, Ask, There Is a Light that Never Goes Out y, mi favorita, Panic, muestra comúnmente una distopía al poder de ineptos, impulsados por el amor y la eterna gloria, en la que la lucha por la corona es de todos.

Irónicamente siendo a su vez un grandioso diseñador de vestuario, al preguntársele sobre la razón por la que mostró soldados con tan poca indumentaria en Sebastiane, Jarman respondió a esto con: “había muy poco presupuesto”. Sin duda le añadió a este diamante en bruto cierto minimalismo, que exalta a partir de la utilería, elementos como el cuero, el hierro y la arena, lo que en fin denota al director con aquel placer sadomasoquista por la carne y ese candente amor hacia su mismo sexo. Tanto un látigo, una estaca clavada en la tierra, una corona de espinas y, por último, flechas, hacen de esta tortura greco/romana, un deleite del cine queer.

Sebastiane

El arte, tomado de varios artistas, entre estos pintores del renacimiento como Bernin, Tintoretto, Botticelli, Mantegna, Remi, Barbarelli, Pietro Perugino y El Greco, entre otros, crean a imagen y semejanza una clase de storyboard, donde claramente lo esculpió el director. En el séptimo arte, otras influencias como Pier Paolo Passolini, con La Ricotta (1963), Federico Fellini, con Satyricon, y Kubrick, con Spartacus (1960), le sirvieron como base, ya que gracias a él, directores de la época se atrevieron a experimentar con narrativas del cine épico-bíblico, tal como lo demostró Martin Scorsese con La Última Tentación de Cristo (1988). Sin embargo, la nueva edición de Kino Lorber contiene como portada una imagen que la atribuyo al autor Yukio Mishima, quien se tomó una fotografía posando flechado, al igual que Sebastiane.

Blue (1993), que hizo estando casi ciego, al perder la vista a causa del SIDA, fue estrenada cuatro meses luego de su muerte. En ella, como un diario narra tras un fondo de sangre aristocrática color azul, el paso a paso del duro proceso de sobrellevar su enfermedad y la manchada bandera británica que le tocó cargar, que, ya sea por el homosexualismo, la masculinidad, el género, la religión, la historia, el arte o las escrituras, hay una entidad en Sebastiane, que aparece como una profecía de su muerte, un ser que milagrosamente podría describirse como el hombre leopardo, un espíritu o simplemente como Derek Jarman.

THE END MAGAZINE

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SANTIAGO CUARTAS
COLABORADOR

Fotógrafo, Editor, Guionista, Cinéfilo, Realizador Audiovisual en proceso. ...años de devorar imagen, hacen que la entienda, en carne propia...

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